Que la herida no se transforme en vergüenza
Sentados en un banco de la rambla con un amigo, comunista él, pero por el solo hecho de serlo, torturado en la época de la dictadura de Bordaberry, mirábamos unos botes, entre mate y mate, y hablábamos del espantoso alicaído fútbol uruguayo y decíamos «nuevamente fuera del Mundial y acá no ha pasado nada»; pero pasamos rápidamente del fracaso a la vaca preñada de Rocha.
Nos quedamos en silencio un rato; mi amigo lo rompió diciendo «este es el país de acá no ha pasado nada hasta que aparecieron algunos restos». Su rostro se desdibujó, entre la nostalgia y la tristeza, y siguió diciendo «¿habrá valido la pena que nuestros compañeros murieran así? Nosotros hicimos lo necesario, fuimos muy fuertes, ¿o no? ¿No teníamos que estar nosotros también muertos o desaparecidos?». Me resultó muy fuerte y comprendí que frente a la aparición de sus compañeros, tenía como un sentimiento de culpa, y pensó y me dijo en voz baja, a pesar de la soledad en la cual estábamos mirando fijamente el río: «A pesar de todo, qué poco dimos cuando otros dieron tanto, su vida».
Tuvieron que empezar a aparecer cuerpos para callar las voces de los mentirosos. Hoy llegó la hora de exponer la verdad desnuda, porque hay mucha gente a la que no le gusta ver la verdad cuando duele.
Está la responsabilidad de quienes gestaron esta triste historia de torturas y asesinatos de la dictadura, responsabilidad que no cesará jamás ya que tienen gran protagonismo en los tristes episodios de nuestra reciente historia.
Wilson Ferreira decía que si la Ley de Caducidad fuera un error, que él cargaría con el error; y si fuera un acierto, quería preservar entero el orgullo del acierto. Llegó el momento histórico de derogar la Ley de Caducidad, que tal vez en su momento sirvió de algo pero en estos momentos y esta coyuntura ya no tiene su vigencia; y si alguna duda a alguien le quedaba, estas se han esfumado en razón de los últimos acontecimientos.
Hay un precio que no lo puede pagar ningún uruguayo, y mucho menos lo puede pagar un gobierno progresista, que es dejar las cosas a mitad de camino.
Claro que para esto se necesita coraje, por eso esa es tarea para usted señor Presidente, que ha demostrado no solo tener coraje, sino garra y sentido de la responsabilidad histórica que vivimos. Dura tarea la de este gobierno, porque todo hubiera tenido más fácil solución si hubiera existido en los gobiernos anteriores sensatez y alguna gana, y no mirar para el costado cuando las soluciones estaban ahí, al alcance de la mano. Creo que no habrá que esperar ningún juicio de la historia, solamente bastará comprobar de qué lado estaba cada uno (militares y civiles).
Este gobierno tiene el deber de cerrar una cuenta, que otros abrieron, movieron y cobraron con creces y el sufrimiento de muchos. Los hechos dirán eso.
Lo único que este gobierno va en todo esto, es aportarle tranquilidad al país y a su gente al cual se debe, pero no hay que sacarse de la cabeza que, si vamos a cobrar en tranquilidad, vamos a hacerlo con la conciencia tranquila; hay que cobrar sabiendo que no se le da la espalda a nadie porque nadie se lo merece; se ha capeado un temporal durante muchos años, pero a un costo por demás elevado en términos de futuro.
Sería lindo que el camino que queda por recorrer, lo recorriéramos entre todos, que el dolor de todos estos años no se nos vuelva vergüenza. Todavía hay lugar para la justicia, quiera Dios y los gobernantes que las cosas se aclaren definitivamente al amparo de la verdad. Mientras eso no ocurra, la demora seguirá haciendo daño.
Tengo la seguridad que en estos tiempos el ciudadano está esperando la derogación de la ley, pero no hay que olvidar que el tiempo es el menos renovable de todos los recursos.
En estos casos lo único que importa es la responsabilidad, porque no cabe en algo tan delicado e importante, las ventajas políticas; mientras sigan con la indignante impunidad los asesinos y torturadores de tantos uruguayos, no ganaremos tranquilidad.
Sé, señor Presidente Tabaré Vázquez, que en un futuro muy cercano usted podrá decir en el delicado tema de los Derechos Humanos: ¡festejen, uruguayos, festejen! *
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