El dólar y los necesarios equilibrios

La cotización del dólar es mantenida dentro de los actuales niveles con la intervención concreta del Banco Central, que debe salir a la plaza a comprar divisas para evitar un inconveniente desplome. El viernes, cuando la tendencia de la moneda norteamericana era a la baja, se debieron utilizar U$S 32,8 millones lográndose una suba significativa, modificando la tendencia registrada el jueves en que la depreciación fue del 0,64.

Queremos introducirnos en algunos aspectos de este tema que muestra aristas complejas, entrecruzadas y provoca, como todos sabemos, la preocupación de los exportadores, que ven reducir sus beneficios, de los importadores, a los que les conviene el dólar barato, de quienes viven del turismo, que entienden que el actual precio de la moneda atenta contra la llegada de argentinos, pues la diferencia cambiaria no los favorece. Aquí es todo caro para los turistas.

La verdad es que el gobierno debe hacer equilibrios y valorar realidades muy complejas, adoptando resoluciones que no desbarranquen a sectores y imposibiliten su desarrollo. Ejemplo de ello es la situación de los exportadores que han reiterado su disgusto por el actual precio de la divisa, con el cual han visto reducidas sus utilidades. Claro, es muy distinto recibir 30 pesos por dólar que 24, y por ello entendemos que es lícito reclamen soluciones para esa situación, máxime porque las utilidades no solo deben ser cuantificadas como ganancias, sino que en muchos casos son reinvertidas para el mejoramiento de la actividad. El ministro de Economía reiteró al respecto que el país, pese al precio bajo del dólar, todavía no ha perdido competitividad en su relación comercial con el mundo. No así –decimos nosotros– con Argentina, que prácticamente ha cerrado sus fronteras a nuestra producción en razón de que los precios relativos uruguayos no son competitivos en la vecina orilla.

Son equilibrios difíciles. Uruguay es el país más endeudado per cápita del mundo, con una descomunal deuda externa que se contrajo de mala manera, para tapar agujeros en un barril sin fondo, el de los bancos que finalmente cerraron, para evitar un cataclismo que igualmente se produjo. Una deuda externa que está expresada en dólares y que crece en magnitud cuando el dólar se valoriza, por lo cual en ese aspecto al país le conviene una divisa barata. Es un elemento de la realidad que hace muy bien el gobierno en tener en cuenta.

Desde el punto de vista del rendimiento del salario, también el dólar barato es conveniente. Una devaluación significa un empobrecimiento de quienes reciben sus estipendios en pesos. Bien los sabemos los uruguayos que sufrimos la crisis de 2002, cuando el último gobierno luego del proceso de atraso cambiario que se iniciara en 1998 con la devaluación en Brasil, debió ampliar el sistema de bandas por otro que implicó una flotación sucia de la divisa que determinó un caída del peso frente al dólar de casi el 100 por ciento.

Por eso los equilibrios son tan necesarios como difíciles. No se trata de contentar a un sector para satisfacer sus reclamos, descorriendo la manta que cubre a otro. Todo debe ser ponderado, sopesado y analizado, para adoptar las medidas adecuadas. Y, pensamos, que mantener el dólar en un término medio, mientras el país mantenga en término generales la competitividad, es una medida acertada. *

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