Más de dos años en un depósito

En medio del fárrago de información a propósito del presupuesto, la Ley de Fuero Sindical, los avances en la investigación del terrorismo de estado, la censura de que es objeto LA REPUBLICA por parte de la corporación de canilludos y el proyecto de impuesto a la renta, una noticia publicada ayer causa desazón: la aparición –en depósitos del Codicen– de material didáctico, libros, utensilios, muebles, ordenadores, etcétera, que jamás fueron utilizados.

Se habla de que todo ese material, de un valor millonario en dólares, había sido adquirido en 2003 con el destino exclusivo de ser usado en escuelas y liceos que se pensaba construir pero que finalmente no se construyeron.

Es sorprendente que, mientras hay infinidad de centros de estudio que exhiben carencias abrumadoras desde hace mucho tiempo, la enseñanza pública se haya dado el lujo de mantener todo ese material en depósitos.

Los legisladores integrantes de la Comisión de Educación y Cultura de la Cámara de Representantes que ayer visitaron los galpones atiborrados de materiales educativos han señalado que se trata de un caso de negligencia de parte de las anteriores autoridades educativas.

La consejera del Codicen Lilián D’Elía entiende que durante las administraciones anteriores se ha invertido mucho pero mal. Es decir, se ha comprado sin un criterio medianamente lógico. Al respecto, cabe consignar que un número considerable de los libros guardados ya no servirán puesto que estaban adecuados a planes de estudio que ya no están vigentes.

Este hecho permite concluir, como lo ha señalado la consejera D’Elía, que la compra de materiales didácticos se realizó atendiendo al contenido de las reformas educativas que empezaban a instrumentarse pero sin tener en cuenta una política educativa de Estado.

Es el resultado de una mezcla explosiva de omisiones, negligencia, frivolidad y burocracia. Y si la desidia y la mala administración son condenables en cualquier organismo estatal, mucho peor resultan cuando se trata de la enseñanza pública, la eterna postergada en los presupuestos.

Nos cansamos de oír al doctor Jorge Batlle y a otros dirigentes blancos y colorados hablar de la necesidad de impulsar la educación, de promover la sociedad del conocimiento y una vasta gama de loables propósitos al respecto. Sin embargo, la enseñanza pública fue ninguneada sistemáticamente por los últimos gobiernos, en abierta contradicción con el discurso preelectoral. Y así fue que también nos cansamos de oír quejas y reclamos –perfectamente legítimos– de parte de docentes y de padres de alumnos sobre las carencias de todo tipo que exhibía la educación estatal.

Por eso, la aparición de todo ese valioso material que durmió durante más de dos años en depósitos del Codicen sin haber sido utilizado jamás desnuda una realidad heredada de administraciones anteriores que las actuales autoridades deberán corregir sin demora. *

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