Los poderes divinos y los pinochos de mala memoria

Esta semana, confrontado una vez más a la justicia, Augusto Pinochet, ex dictador de Chile, sin dudas, con claridad, con firmeza y religiosa convicción se expresaba así: «Dios hace las cosas, él me perdonará si me excedí en algo, que no creo».

Y claro, este zorro viejo y su camada de perros asesinos sin duda serán perdonados por el supremo, porque efectivamente no se excedieron, no se excedieron ni un poquito, simplemente siguieron al pie de la letra el macabro plan creado allá arriba por sus patrones del norte contra el amor, las ganas y la esperanza del pueblo chileno.

Pinochet, uno de los más bárbaros asesinos que la historia contemporánea recuerde, cínica y militarmente ahora ha decidido co-responsabilizar a su mando superior, al de más arriba, porque como él dice: «Dios hace las cosas».

De acuerdo a este teológico razonamiento cabría deducir que él, Pinochet, ha sido tan sólo un humilde instrumento de la ira divina contra la barbarie ateo-marxista-comunista. Por lo tanto, si Dios lo manda, se supone que Dios mismo será el encargado de perdonarlo, cuando el divino y final ascenso le llegue al octogenario ex dictador.

¿Qué tal esta breve clasecita de inquisición y lógica cristiana, eh?

Pero bueno che, después de todo no es para tanto, algún exceso siempre cometemos todos, ¿o no?. Además, pareciera ser que el «excederse» también es un pecado divino y por lo tanto perdonable. Y claro, basándose en estos principios teológicos (y con alguna asistencia terrenal y aérea de la CIA), Pinochet, abrazado a la biblia, a la espada y excediéndose un poquito, se decidió a «liberar» a Chile de la «plaga comunista y otras pestes semejantes»

En estos días Pinochet ha sido cuestionado por su participación en la «Operación Colombo», pero lamentablemente no tiene memoria de la misma. La llamada «Operación Colombo», fue planificada y ejecutada por la siniestra Dina, la Dirección Nacional de Inteligencia bajo la directa supervisión de Pinochet. En este operativo, realizado en los oscuros años de 1975, se llevó a cabo el secuestro masivo y posterior «desaparecimiento» de 119 activistas sociales y políticos opositores al régimen militar.

Para ello Pinochet y la Dina crean los «confesionarios», o mejor dicho, los tristemente célebres centros clandestinos de detención. Allí se torturaba día y noche para obtener información, se asesinaba y se desaparecía. Por supuesto que para Pinochet «desaparecer» así nomás, no era del todo cristiano. Por eso y junto a las siempre cómplices «agencias y medios de desinformación», se intentó crear un supuesto escenario de enfrentamiento entre militantes del campo popular.

Es así que a principios de 1975 comienzan a aparecer en Argentina, cuerpos mutilados con identificación chilena correspondientes a detenidos desaparecidos. Pinochet con la complicidad divina, intenta realizar el milagro de hacer creer a la población que los detenidos desaparecidos chilenos en realidad estaban en Argentina, y allí eran sistemáticamente asesinados por sus propios compañeros acusados de traición.

La burda estrategia jamás dio resultado y la mentira no tardó en quedar rápidamente al descubierto. Entonces la justicia humana, mediatizada y todo, frente a la evidencia no tuvo más remedio que procesar a 16 ex agentes, como responsables de la Operación Colombo (que viene del latín y quiere decir paloma).

Siempre alto en el cielo están las aves de rapiña, siempre alto quieren volar, pero definitivamente y aunque lo intenten, están y estarán vitaliciamente destinadas a ser la carroña de esta tierra. Aves de rapiña, vitalicias como Pinochet, la sagrada autoridad vitalicia, el senador vitalicio, el torturador vitalicio, el asesino vitalicio. El mismo vitalicio que en su repentino «lapsus de memoria», dice y jura no recordar nada, ni haber tenido nada que ver con el tema de palomas o cóndores, afirmando una y otra vez que en realidad a él, los pájaros no le gustan.

Sin embargo, quien miente pronto se denuncia, se contradice, se tropieza, se cae, se denota.

Acordar o recordar, del latín corda, que quiere decir corazón, recordar es volver a pasar por el corazón…. ¿Cómo carajo vas a recordar, viejo, si no tenés, si nunca, nunca has tenido corazón?

Pero a pesar de todo creo que es verdad lo que decís, Pinocho. Dios debe ser corresponsable de tus barbaridades, si no, te hubiera detenido, te hubiera aconsejado, te hubiera llevado ante la divina justicia. Pero no, hasta te salvó de aquel bazucazo que por poco te lleva al otro mundo, fijate que de verdad pareciera haberte perdonado tus maldades por todos estos años… Gracias a su divina ayuda castigaste a tus adversarios, a todos, a miles, y muy especialmente a ese cabezadura eterno de Salvador Allende, al que por desobediente y por no aceptar el cielo que generosamente le ofrecías, no tuviste más remedio que «crucificar» en la Moneda. Pero cuidado eh, crucifícalo a balazos, una, diez, mil veces, crucifícalo bien crucificado, porque ese tipo, ese Salvador, terco y porfiado parece seguir creyendo en ese cuento de la resurrección y la revolución….y vuelve, vuelve, vuelve siempre con una casi victoriosa sonrisa a flor de labios… qué cosa ¿no?.

Y bueno Pinochet, Dios te podrá perdonar en tu otra vida, o allá en el cielo, o en ese paraíso tuyo donde todo vale, donde el más fuerte triunfa, miente, estafa, se ríe, roba, tortura, asesina, desaparece, blasfema y se caga mil veces en todos en el nombre del padre, del hijo y del espirítu santo.

Pero acá abajo no sé Pinochet, te aviso que acá abajo ya te juzgamos, sí, acá abajo, acá, acá donde la gente continúa en silencio luchando para cambiar las cosas, para hacer un mundo mejor y más justo, acá donde la gente sigue luchando para escribir una historia diferente y solidaria, acá abajo ya te juzgamos.

Acá estás perdido, estás cagado, estás solo, solo, solo, estás muerto en vida, estás odiado, estás vuelto mierda, estás escupido en el alma, si es que tenés alma, porque sabelo, para todos nosotros, siempre estarás en el centro del odio y la repugnancia.

Y que Dios te ayude, que Dios te ayude, si es que puede. *

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