Una sociedad permisiva con la droga
Diómenes Díaz es un cantor vallenato muy discutido en Colombia, pero con amplia aceptación en los sectores populares del país.
Como se sabe, el género musical que promueve es oriundo de Valledupar, una ciudad de «los llanos», cercana a la frontera con Venezuela.
El vallenato es una música muy difundida. En realidad se trata de una trova, que utiliza como principal instrumento el acordeón piano. A través de Carlos Vives, famoso cantor, y letras del maestro Escalona, se ha hecho muy conocida internacionalmente, incluso en nuestro país. «La gota fría» es el tema más escuchado, su autor en este caso fue Emiliano Zuleta, que acaba de fallecer hace pocas semanas.
Díomedes Díaz tiene muchos seguidores dentro de Colombia. No trasciende internacionalmente porque su estilo de vida y antecedentes hacen difícil que pueda viajar e ingresar a algunos países. Digamos que estuvo varios años en la cárcel porque se descubrió que drogado había asesinado a una admiradora en un «fiesta» con varias parejas.
A pesar de estos antecedentes, desde que salió de la prisión sigue cantando y dando multitudinarios conciertos en distintas regiones del país.
En esas circunstancias se presentó la semana pasada en Cali. Varios miles de personas fueron a escucharle. Al parecer todos los asistentes estuvieron de acuerdo en señalar que se encontraba en notorio estado de ebriedad. Habría tenido expresiones no muy satisfactorias, lo que originó que algunos de los presentes se retiraran. Durante la actuación fue evidente que le acercaban botellas de aguardiente e ingería abundante alcohol. Pero no terminó allí el embrollo. También le llegaban «hojas» de papel, que acercaba a su cara, en presencia de todo el público, e inhalaba.
La reacción ante estos sucesos no se hizo esperar. Las autoridades locales anunciaron que se le iba a prohibir actuar en el futuro en la ciudad. Que, en consecuencia, no se le podría contratar para las próximas fiestas de Cali a realizarse en la última semana de diciembre.
Bueno es recordar que este evento es señalado como el más importante de música caribeña del mundo.
La primera reacción de Diómenes Díaz fue anunciar a través de su representante que se iba para Cali para hacer una denuncia penal, porque se trataba de una calumnia las acusaciones.
Avelino Garzón, el gobernador del Valle, apareció después en los medios diciendo que él no podía atentar contra la «libertad» de empresarios de contratar en el futuro a quien quisieran. Bueno es recordar que Garzón es un político de amplia trayectoria, que comenzó a ser conocido como dirigente sindical. Fue constituyente en el 91 y ministro de Trabajo durante el gobierno de Andrés Pastrana.
Por último, Diómenes dio su explicación. Todo era por cierto un «malentendido», las hojas que le acercaron no eran para inhalar nada. Se trataba de imágenes de la Virgen del Carmen, por la que tiene especial devoción, y él, en realidad, besaba su fotografía.
El episodio está concluyendo. Diómenes viaja a Cali en «plan de paz», según sus propias expresiones, para superar este incidente. Por supuesto que ya organiza un nuevo concierto (con «virgen» y todo) de desagravio.
Confundieron, en buen romance, coca con virgen. O virgen con coca. Vaya uno a saber. Lo único claro es qué confusión hubo.
El episodio debería hacernos reflexionar sobre la permisividad que la sociedad actual está teniendo frente al fenómeno de la droga. Y cómo en definitiva debiéramos buscar nuevos consensos o criterios colectivos para actuar en este asunto.
No se trata solo de un tema de Colombia ni de Diómenes Díaz. Existen en estos momentos numerosos ejemplos de «personajes» con estos hábitos, que son promovidos por el mundo de la farándula y, lo que es peor, a través de los medios de comunicación.
Lo de Diego Maradona supera todo lo esperado. Se trata de un asunto no sólo de la Argentina. En el mundo entero tiene prédica y es sobreexpuesto a través de las principales cadenas de televisión. Ahora ya no sólo opina de fútbol y cuanta tontería se le ocurre. También es dirigente político y aparece al lado de Presidentes como ocurrió hace bien poco en Mar del Plata, con Hugo Chávez, para insultar a Bush y Estados Unidos. Días antes había estado en La Habana (donde antes iba a drogarse) con Fidel Castro.
Lo concreto es que la aceptación y la promoción de este tipo de personas sirve para establecer paradigmas, dar legitimidades y hacer que el consumo de estupefacientes sea un hábito cada vez más aceptado y extendido en nuestro tiempo.
Ante ello cabe plantearse si no debiéramos actuar de otra forma. O, de lo contrario, aceptar –en lo que no estamos de acuerdo– el consumo como un hecho normal.
Lo peor es mantenernos en esta situación, donde por un lado nos encontramos con que combatimos el uso de estupefacientes, con el costo de dinero (que bien podría dedicarse a otras causas, por ejemplo combatir la pobreza) y vidas que ello supone, y por otro promovemos a quienes han hecho del consumo un estilo de vida. *
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