La sociedad sin LA REPUBLICA

Como ha quedado de manifiesto en varias medidas de la actual Administración, cuya manifestación más espectacular fue el avance en las investigaciones sobre las desapariciones de personas, la sociedad uruguaya se repone, con extrema lentitud, de las heridas e intoxicaciones producidas por el terrorismo de Estado y veinte años de gobiernos civiles cómplices de la impunidad.

Todos sabemos que en el renacimiento de la sociedad democrática, de la vida de los partidos y de las Organizaciones Sociales y del movimiento general de sensibilidades e ideas que claman por el cambio, que tienen sed de verdad y justicia, el diario LA REPUBLICA ha cumplido un papel primordial.

Abriendo sus páginas a las voces disidentes, alentando a los que enfrentaron al autoritarismo y al neoliberalismo. Actuando siempre como la voz que alerta y denuncia.

Como todo proceso que caló hondo en la sociedad, y caló hondo por su alevosía y su crueldad, el terrorismo de Estado y su perpetuación han dañado profundamente a la sociedad uruguaya.

Resulta significativo que mientras en Argentina y Chile se han llevado adelante procesos de difusión pública de la verdad y actuaciones de la Justicia Penal que terminaron con la prisión de los responsables de los delitos contra la humanidad, en nuestro país, aún hoy y pese a los esfuerzos de la actual Administración, es poco lo que se ha avanzado y la impunidad y el ocultamiento siguen rodeando buena parte de lo ocurrido durante la dictadura.

Nadie duda en nuestro país de que a esa sociedad civil que pugna por afianzar un sistema de garantías basado en la ley y asegurando el respeto de los derechos civiles y políticos, la presencia diaria de LA REPUBLICA constituyó un componente indispensable en la conformación de su visión de la realidad nacional e internacional.

La presencia del diario plural en la calle, su relación fecunda y activa con sus suscritores y sus lectores es un «hecho político» profundamente ligado a nuestra cultura democrática.

En estos días se ha difundido en todas partes el discurso pronunciado por Harold Pinter en el momento de recibir el Premio Nobel de Literatura.

Un periodista, Alexander Cockburn, ha dicho que «el discurso de Pinter fue como si las obras de Noam Chomsky hubieran sido concentradas en un abrasador relámpago retórico. Ingresará en los libros de historia (…)

Estados Unidos apoyó, y en algunos casos creó todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador y, por supuesto, Chile. (…)

Cientos de miles de muertes tuvieron lugar en esos países, dice Pinter. ¿Tuvieron lugar? ¿Son todas esas muertes atribuibles a la política exterior estadounidense? La respuesta es sí, tuvieron lugar y son atribuibles a la política exterior estadounidense. Pero ustedes no lo sabían. (…) Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. Ni siquiera mientras ocurría estaba ocurriendo.» (…)

La alocución del dramaturgo británico se explaya en la cuestión de cómo el poder maneja a la sociedad a través de la manipulación de los medios de comunicación.

Esas realidades están lejos de quedar confinadas a los Estados Unidos.

En la mayor parte de los países occidentales el periodismo independiente, las voces contestatarias, innovadoras y de protesta son sistemáticamente saboteadas o perseguidas directa o indirectamente.

Pero esta batalla por la comunicación es indisociable de la lucha general por la libertad y por la democracia. Por eso va a continuar.

Y LA REPUBLICA sabe que de su lado están los que luchan por la verdad y los sedientos de justicia, los que participan de una sensibilidad común a favor de los cambios democráticos y populares, más allá de los partidos políticos a los que pertenecen. *

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