Un jalón histórico para Latinoamérica
La celebración de la XXIX reunión de presidentes del Mercosur en las instalaciones del Parque Hotel está llamado a constituir una fecha de enorme relevancia en la historia de nuestros pueblos.
El ingreso de Venezuela, y las concepciones y modalidades propias de la conducción política de ese país, añade a la instancia diplomática un espectacular componente de realizaciones efectivas.
No es habitual en el campo de las relaciones internacionales, en cualquier parte del mundo, el hecho que un gobierno tome iniciativas que junto a la defensa de los intereses propios de su nación, resulten un aporte beneficioso para otra.
En la situación económica en que se encuentra Uruguay, con una nueva administración animada por un proyecto de corte nacional y progresista, una parte considerable de las dificultades nacen de la falta de inversión en el campo productivo y de trabas o limitaciones comerciales dadas las reglas de juego predominantes en el mundo.
En ese contexto la irrupción económica de los acuerdos con Venezuela solo puede ser vista como un factor extraordinariamente positivo. Por ejemplo, tal como se informó, las autoridades venezolanas anunciaron acuerdos de cooperación que superan los 40 millones de dólares. Los beneficiarios van desde el Hospital de Clínicas, las empresas recuperadas por sus trabajadores a la refinería de La Teja, entre otros. Gustavo Márquez, ministro para la Integración y el Comercio Exterior de Venezuela, dijo que se busca la «construcción de una integración basada en la complementariedad más que en la competencia».
Como no podía ser de otra manera, las derechas uruguayas están quejosas y despechadas. Para Crónicas Económicas, que parece en esto hacerse eco de balbuceos críticos emitidos por líderes blancos y colorados, la presencia de Venezuela en esta XXIX Cumbre de Presidentes del Mercosur ha «hecho mucho ruido y pocas nueces».
Todos sabemos que los procesos de integración regional no son, ni lo han sido en ningún continente, cursos idílicos. El ejemplo de la historia de la Unión Europea ha sido, en este aspecto, algo ejemplar.
En nuestra región, el Mercosur conoce un andar extremadamente lento, plagado de interferencias y enredado por la incapacidad de los gobiernos para avanzar hacia formas más profundas de entrelazamiento no solo comercial sino también productivo, tecnológico, cultural y político.
En ese sentido vale la pena detenerse en lo que fue la intervención del Presidente Vázquez, enunciando, en un estilo franco y directo, cuáles son las necesidades y aspiraciones de nuestro país: «Aquí, en torno a esta mesa puede haber acuerdos y desacuerdos, es lógico que ello suceda cuando se trata de conjugar intereses nacionales e integración regional. Lo que no puede haber es falta de diálogo o diálogo de sordos. Lo que no puede haber es indefiniciones o definiciones a medias, definiciones por debajo de la mesa, o lejos de esta mesa», sostuvo. Y agregó: «Si no se evalúa permanentemente el bloque, se corre el riesgo de que se convierta en un proceso cómodo de un proyecto inocuo».
Otro aspecto interesante de la Cumbre celebrada en Montevideo aparece reflejado en la prensa internacional: son varios los periódicos que han calificado la reunión como un serio tropiezo para los anhelos hegemónicos norteamericanos. La no presencia de su más obediente servidor, el mexicano Vicente Fox, da la pauta de una instancia que no ha sido grata para el coloso del Norte y sus aliados. También en ese sentido, todos los acuerdos que se realicen con una perspectiva distinta al ALCA son positivos. Y sin duda el Mercosur, con Venezuela como socio político, lo es.
Y eso está llamado a ser positivo para toda Latinoamérica. *
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