No hacer papelones con la celulosa

Primero lo primero. Como dijo Perogrullo. No es cierto que falte información. (1) Información fundada sobre los peligros del emprendimiento es lo que abunda. Lo que sigue faltando son razones de peso, por parte de los defensores de la instalación de las plantas. Porque han sido muy superficiales las esgrimidas.

-Todo lo que hace el hombre contamina…

-Es una inversión muy importante.

-Los argentinos se quejan porque no los eligieron a ellos.

-Tenemos soberanía y hacemos lo que queremos.

Lo cierto es que la instalación de esas plantas, aun si fueran de última tecnología («no utilizamos lo menos contaminante porque es muy caro…»), se parece bastante al viejo «deporte» de la «ruleta rusa». Quizás con más lugares vacíos en el tambor, pero «ruleta rusa» al fin. Y con el aumento del riesgo de que la prueba de disparar se hace cada minuto de cada día, en reiteración real. Y un «disparo» nos dañaría irreparablemente a todos.

Pero dejemos de lado, aunque sea hipotéticamente, y por un momento, el riesgo de contaminación grave que puede ocurrir, más allá de la descontable (?) seriedad de las empresas (en su evaluación de estudio de impacto ambiental presentado ante la Dinama proponían desaguar los efluentes resultantes del proceso industrial en el saneamiento de Fray Bentos…), la capacidad de control del gobierno, que está por verse, cuya intencionalidad y seriedad descontamos, y la posibilidad siempre existente de «fugas» en los más seguros sistemas (Chernobyl dixit).

Suponiendo, por un minuto, que el riesgo de contaminación fuese cero, la información recogida y muy bien sintetizada (2) nos muestra una serie de elementos potencialmente peligrosos a tener en cuenta

-Opiniones de los fraybentinos de que «más vale morir contaminado después, que de hambre hoy…» (pero necesitar trabajo no quiere decir querer las plantas de celulosa…)

-una esperanza casi mística de que «si fuera cierto que contaminan, Tabaré Vázquez jamás permitiría semejante perjuicio».

-las ilusiones de fuentes de trabajo: «parece que vienen (a Fray Bentos), Grandes Tiendas Montevideo, Oca, Macri, las tres telefónicas de telefonía celular, McDonald´s y se amplía Ta-Ta.»

-el aumento de mano de obra se reduce, en el funcionamiento normal, a 300 plazas, de las cuales la mayoría son empleados calificados que vendrán, seguramente, de afuera.

-la campaña «a favor» y con alto grado de demagogia que hacen las empresas en instalación, llegando hasta la mente de los escolares, clubes deportivos y sociales, con el consiguiente edulcorante de «regalías», con un personaje mediático («Ecologito») que «enseña a (cómo) vivir a los chiquilines».

-Probablemente si habláramos de una inversión similar pero en las costa de Rocha, los fraybentinos apostarían por la preservación del ambiente»(3), pero la casi suicida falta de fuentes de trabajo lleva a conclusiones como la primera de esta serie: («mejor morir contaminado que de hambre…).

-la desecación que opera sobre los predios linderos a aquellos en los que se hacen plantaciones intensivas de árboles, ya confirmada y denunciada por los actores directos.

-la demanda exagerada de predios de «tierras ricas» (las mejores del país), de posible utilización para plantíos de alimentos necesarios a la interna, para dedicarlos a la forestación, por razones de cercanía con las plantas de celulosa, que hace que se aumenten las superficies plantadas con árboles, lo que se da además, de paso, con concentración en extranjeras manos.

-el futuro de inminente incremento de las áreas forestadas, dado que para proveer a las plantas previstas, en una situación rentable, se requeriría una plantación forzosa y forzada, muy superior a la existente.

-la utilización voluntariamente deformada de la información, hablándose de «papeleras» (fábricas de papel) que demandan mucha mano de obra, cuando aquí se trata de plantas de fabricación de celulosa.

-la sustitución perjudicial de mano de obra, dado que mientras la agricultura utiliza 10 puestos por cada mil hectáreas, y los tambos 23, la forestación ocupa solamente menos de 5 empleos por la misma superficie.

-la regalía adicional que significa darles una «zona franca» para actuar, con las connotaciones negativas que la experiencia indica para tales emprendimientos.

-las dificultades puestas por los legisladores «del oficialismo» (sic), a los grupos contrarios a los emprendimientos de celulosa, para poder llegar a reunirse y dialogar, lo que refuerza la idea de la falta de razones de peso.

Por todo esto y por mucho más, es que la balanza se inclina claramente, y como mínimo a una alerta sobre lo que se intenta llevar adelante en forma inconsulta y a sangre y fuego. Y hay que reflexionar el porqué.

La desesperación por conseguir inversiones privadas es producto de la falta de posibilidades de la inversión pública.

Y esta última es consecuencia directa de haber priorizado el destino de fondos para el pago de la deuda externa, frente a las necesidades del país productivo, y por tanto, de la gente.

Con los fondos que se dilapidan en intereses pagos al FMI, si fueran destinados a las necesidades de la gente, no sería necesario verse enfrentados a estos avatares graves de la «ruleta rusa».

En esta como en otras decisiones graves e importantes a tomar, se ha optado por el «lineazo» del «equipo de gobierno», limitándose a informar de lo resuelto a aquellos a los que las medidas afectan, es decir a la gente, sin consulta de ningún tipo. Máxime cuando no se están ni siquiera cumpliendo las promesas preelectorales, que pesaron en la gente para su decisión de voto…

Así se operó en el tema del agua, de la operación Unitas, de los fueros sindicales, en el tema de las tropas enviadas a Haití, la Carta de intención y la política económica. Y sigue y suma.

Porque también así se quiere proceder con el Tratado de Inversiones con USA. (Gargano vino a informar a la Mesa Política, no a recabar opiniones…)

Sería bueno que se hiciera, sobre estos puntos criticos, un plebiscito global, con la consulta por sí o por no, en todos estos puntos referidos, para conocer definitivamente la opinión de la gente, sobre la cual se han hecho hasta ahora, solo declaraciones, de querer respetar. Y después, acatarla.

El mantenerse en esta posición de corte radical (?), (en esto sí), del cordón umbilical, amerita, como mínimo, la amarga necesidad de señalar, por honestidad irrenunciable, una situación inadmisible e inaceptable de doble discurso, que desde ya, hace peligrar la continuidad del enfoque «progresista» en el gobierno.

 

(1) Opinión vertida por el Presidente Dr. Tabaré Vázquez

(2) El Litoral y la celulosa, Mariana Contreras, Brecha, 4/11/05, pag 14

(3) J C Doyenart director de Interconsul, opinión vertida en (2) *

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