LA LENGUA NO ES DE TRAPO

Promociones y prevenciones

«El 1 de diciembre de cada año se conmemora el Día Mundial de Lucha contra el Sida, con campañas y programas que trabajan con el objeto de concientizar, promover y prevenir el VIH/Sida».

¡Vaya enunciado curioso y contradictorio!

Concienciar (o su sinónimo bastardo concientizar) significa hacer que alguien sea consciente de algo o adquirir conciencia de algo. Por norma general, sólo los seres humanos pueden ser concientizados pues son los únicos seres que tienen eso que llamamos conciencia. Por eso, que haya campañas y programas de la OMS que persigan el fin de concientizar un virus es algo por lo menos sorprendente. Claro que nada debería sorprendernos ya que esas mismas campañas y programas también se proponen promover la terrible enfermedad, es decir tomar la iniciativa para la realización o el logro del virus… ¿La OMS se propone, acaso, que toda la humanidad contraiga el mal tan temido? Con este panorama que surge de la crónica de Caras y Caretas (de donde fue extraído el texto de referencia), resulta contradictorio que el mismo organismo internacional tenga como tercer objeto de su campaña prevenir el Sida. ¿En qué quedamos? Por un lado se busca la promoción de la enfermedad, y por otro, se trata de prevenirla, esto es, de precaver y evitar que suceda.

Obviamente, la campaña y los programas de la OMS están destinados a concientizar a la población sobre la gravedad del mal y a promover todos los medios para prevenirlo. Pero tal como ha sido construido el enunciado, el HIV/Sida es el complemento directo de concientizar, de promover y de prevenir, de donde surgen los disparates apuntados.

 

Una euforia inexplicable

«Chifflet ingresó puntualmente a la hora convenida y fue abrazado eufóricamente por el dirigente del PVP Hugo Cores», pudo leerse el martes pasado en una crónica de LA REPUBLICA sobre la conferencia de prensa en la que Guillermo Chifflet explicó las razones de su renuncia a la Cámara.

Digamos en primer lugar que el adverbio de modo eufóricamente no existe aunque podríamos admitirlo para calificar una acción realizada por alguien eufórico. De todos modos, no creo que el amigo Hugo Cores estuviera eufórico, pues la euforia es una sensación de bienestar como resultado de hallarse en perfecta salud, un estado de alegría especial muchas veces debida a la administración de medicamentos o drogas. Por lo general, se está eufórico cuando se ha logrado algo especialmente grato (un éxito amoroso, político, deportivo o económico).

Probablemente se quiso decir que el veterano dirigente fue efusivamente o calurosamente abrazado por Cores. Pero mal puede haber demostrado éste regocijo alguno ante un hecho político que no debe de haber causado alegría a nadie.

–Yo creo, Mendieta, que deberíamos conmemorar la promoción del sida y la euforia de Cores tomándonos una amarga con vermú.

–¡Qué lo parió! *

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