Efectos de la Ley de Cárceles
Cuando han transcurrido dos meses de la entrada en vigor de la Ley de Humanización del Sistema Carcelario, los resultados en cuanto a reincidencia de los liberados son particularmente alentadores.
Siendo que, promedialmente, el porcentaje de liberados reincidentes se situaba muy por encima de la mitad (cerca de 65 por ciento), resulta por demás auspicioso comprobar que en los últimos dos meses, de un total de 607 beneficiarios de la norma que recuperaron la libertad, sólo se constataron nueve reincidencias, lo que equivale al 1,5 por ciento.
Estos datos merecen varias lecturas.
En primer lugar, queda demostrado el acierto de la norma impulsada por el ministro del Interior y que recibiera críticas virulentas de parte de los sectores conservadores. Desde que se conoció su contenido, el cañoneo de blancos y colorados contra la iniciativa fue incesante; se dijo que con ella aumentaría la inseguridad pública pues a su amparo, centenares de delincuentes peligrosos quedarían en libertad para cometer todo tipo de desmanes contra ciudadanos indefensos. Como suele ocurrir, la realidad se ocupó de desmentir a los agoreros de catástrofes.
También es preciso destacar el papel desempeñado por el Patronato de Encarcelados y Liberados. Disponiendo de medios exiguos –como es habitual en toda dependencia estatal–, el Patronato cumple una tarea loable tendiente al seguimiento y asistencia a los liberados en procura de su reinserción social y laboral. Cierto es que sólo un 15 por ciento de esos ex reclusos ha logrado acceder a un trabajo y está en condiciones de subsistir gracias a un salario. Pero es preciso tener en cuenta que a las dificultades que enfrenta cualquier ciudadano para tener un empleo hay que agregar la condición de ex reclusos de estos individuos, lo que opera como un obstáculo extra.
Teniendo en cuenta esta realidad, el Patronato está promoviendo los emprendimientos personales de los liberados y apuesta al cumplimiento de la disposición según la cual las obras de concesión pública deben contratar un determinado porcentaje de su personal de la bolsa de trabajo de los ex reclusos.
A estos datos auspiciosos se contrapone otra realidad que tiene que ver con la superpoblación carcelaria: en estos dos últimos meses en que se verificó un muy bajo índice de reincidencia, se registró un aumento de la población del Compen. Este hecho no menoscaba la pertinencia de la Ley de Humanización de Cárceles pero sí debe llamarnos la atención pues viene a demostrar que la usina generadora de miseria, exclusión y delincuencia sigue funcionando a pleno.
El fenómeno de la delincuencia exige respuestas policiales y judiciales (preventivas y represivas), pero para que el combate sea realmente eficaz, es preciso atacar las causas del fenómeno; y esas causas son de orden económico y social. Por ello es que debe fomentarse la creación de puestos de trabajo, debe mejorar el nivel salarial y debe desarrollarse una profunda acción social que apunte a rescatar a esos individuos excluidos. *
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