La verdad tarda pero llega

104 días después de haber comenzado sus trabajos de excavación en una chacra de Pando, finalmente, el Martes pasado el grupo de investigadores que están trabajando en la misma encontraron el primer esqueleto de los dos que el informe de la Fuerza Aérea señala como enterrados en ese lugar. El viernes, completando una semana histórica, se encontró un cráneo enterrado (y trabajos posteriores descubrieron el esqueleto entero) en el Batallón N°13.

Indudablemente se trató de dos días históricos, pero no de días felices. Nunca puede ser calificado de tal encontrar los restos de un ser humano que posiblemente haya fallecido a causa de torturas y apremios físicos sufridos en cautiverio; y que luego ese crimen se haya querido encubrir haciendo desaparecer los restos de la víctima.

Pero no deja de resultar un hecho histórico, que en 104 días de trabajo comiencen a desmoronarse 20 años de paciente y metódica construcción del olvido, de la desmemoria y del desconocimiento. Y eso, cuando la verdad tantas veces negada comienza lentamente a surgir, en cierto sentido nos rebela, nos da bronca y nos angustia.

Cuántas veces desde otras tiendas políticas se ha dicho que debemos dejar de mirar el pasado y pensar en el presente y el futuro; cuántas veces se nos dijo que acá la ciudadanía había laudado el tema al ratificar la Ley de Caducidad. Piense, estimado lector, cuántas veces se nos dijo también que la intención de investigar -no ya la de juzgar- los crímenes cometidos durante la dictadura sólo nos conduciría a un revanchismo inconducente y lleno de rencor.

Pues no señores, hay temas que por más leyes que se voten no pueden quedar solucionados hasta que efectivamente cierren las heridas de quienes las portan. Pero además, que yo sepa, lo único que laudó la ciudadanía con el plebiscito del 89 fue la aceptación de la caducidad de la pretensión punitiva del Estado, respecto a los crímenes de índole político que hayan cometido funcionarios militares y policiales en cumplimiento de órdenes dadas por los mandos… eso es lo que expresa el artículo 1° de dicha ley. Nada más y nada menos por cierto.

Y ese pronunciamiento popular es el que hemos jurado respetar, aun a pesar de que podríamos discutir largamente el particular ambiente en que se llegó a ese plebiscito, como la larga ola de rumores que aseguraban que de ganar el voto «verde» los tanques volvían a salir a las calles, que podrían poner en entredicho la validez formal de dicho acto plebiscitario.

En definitiva, ¿qué revanchismo puede haber en querer investigar y conocer los hechos acontecidos?, ¿qué revanchismo puede existir en el genuino interés de un familiar en recuperar los restos de un ser querido?, ¿es acaso «revanchismo» querer hacer cumplir el texto de una ley tal cual está escrita?

Hace poco, en un artículo que escribí acerca de la necesidad de la ley interpretativa de la Ley de Caducidad, me referí a que las interpretaciones erróneas y más que amplias de los anteriores gobiernos son las que hacen necesaria la ley interpretativa; sencillamente para ajustarnos a su texto.

Estos hallazgos refuerzan nuestra tesis. Basta pensar cuántos años de dolor, de ocultamiento y de negaciones nos hubiéramos evitado. ¿Y qué hay de las eventuales pistas y testigos que el inevitable transcurso de los años se ha encargado de borrar y llevar? Porque, evidentemente, no es lo mismo intentar llegar a la verdad cuando ha transcurrido poco tiempo de los hechos que intentar desentrañarla cuando han pasado más de 20 años.

El ex presidente Jorge Batlle se mostró indignado con el Comandante de la Fuerza Aérea y dijo que en algún momento le preguntará por qué no le dio a su gobierno la información que le brindó al actual.

La explicación es bastante sencilla y el propio comandante Bonelli la dio. Todos sabemos que las FFAA son una organización jerárquica, a la cabeza de la cual está el propio Presidente de la República; él es el superior jerárquico de los tres comandantes en jefe. No era Bonelli el que tenía la obligación de hablar e investigar sin que se le preguntara, sino que era el propio Presidente quien debía ordenar a cada comandante que se realizaran investigaciones y que le hicieran llegar la información.

Preguntar, realizar investigaciones internas en el seno de las 3 armas; algo tan simple como eso fue lo que encaró este gobierno para acercarse a la verdad, y el martes pasado pudimos ver su primer resultado.

Es cierto que aun resta determinar que los restos encontrados sean de alguna de las víctimas señaladas como desaparecidas. En el caso de la chacra de Pando, el informe elaborado por la Fuerza Aérea señala dos enterramientos: Ubagesner Chávez Sosa y José Arpino Vega, la certeza de que se trate de alguno de ellos es muy grande. Al igual que en el informe, junto al esqueleto se encontraron restos de cal, y el lugar de enterramiento está a escasos 2 metros del lugar señalado.

En caso de que se confirme la identidad de uno de los 2 militantes comunistas, entonces la Justicia pasará de considerarlo como desaparecido a admitir que fue asesinado y por tanto hubo un homicidio. Entonces, posiblemente la misma deba investigar las causas del mismo, para luego elevar las conclusiones de la investigación al Poder Ejecutivo y que este decida si el hecho está comprendido o no dentro de la Ley de Caducidad.

Y esto es algo que me interesa dejar bien claro. Nosotros no inventamos nada nuevo ni pergeñamos una solución mágica para llegar a la verdad. Simplemente nos hemos limitado a cumplir con las reglas de juego que hemos heredado; entonces aplicamos la Ley de Caducidad en su real sentido, sin darle amplias y más que generosas interpretaciones, y hemos dejado en claro que las FFAA están subordinadas al Poder Ejecutivo.

Nuestro compromiso con reconstruir la verdad histórica es firme y decidido, sin revanchismos de ningún tipo; pero comprendiendo sí, el dolor de los familiares de los desaparecidos y por ende, posibilitando que se reencuentren con los restos de sus seres queridos, y respetando su congoja. *

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