La política del Imperio no conoce límites

La administración republicana que conduce los destinos de los EEUU capitaneada por Bush parece tener el impulso de una vertiginosa huida hacia adelante…

Una violación al derecho internacional debe ser ocultada por otra violación o por el levantamiento de nuevas versiones falsas acerca de los hechos y sus motivaciones.

Esta sucesión diabólica de hechos se ejerce sobre violaciones graves y reiteradas de los derechos humanos, contra combatientes y civiles y en la violación reiterada de la soberanía de los Estados.

No se trata solo de aquellos Estados nacionales que por una razón u otro aparecen como escollos en actitud de enemistad con la política de Bush. Entidades nacionales a las que se ha calificado, de manera insolente, como «Estados canallas», naciones que forman parte del «eje del mal» y otras expresiones milenaristas que dan el tono a las políticas fuertemente militaristas y agresivas que se despliegan a lo largo y lo ancho del mundo.

En las últimas semanas una noticia ha conmovido los ámbitos de la opinión pública europea: se dice que, a partir del setiembre del 2001, la CIA ha instalado, en un buen número de países europeos una cadena de cárceles clandestinas en la cuales se mantuvo a miles de presos en el marco de la represión de los movimientos armados que han venido operando en el mundo después de la invasión a Irak.

La instalación de estas cárceles en territorio de países ajenos a la guerra, sin el conocimiento de la población ni de las autoridades locales es un acto demencial de irresponsabilidad.

En estos días se da cuenta de la existencia de más de 400 vuelos en territorio alemán, con la utilización de la infraestructura de los aeropuertos de Munich y Francfort. Es bien posible que esta situación provoque no solo malestar entre los países, investigaciones internas y tensiones políticas sino también el deterioro profundo de las reglas de juego en el campo de las relaciones internacionales.

Toda la gestión exterior del presidente George W. Bush está signada por esta absoluta falta de respeto por las normas acordadas en las Naciones Unidas o en cualquier otra instancia de acuerdos entre naciones.

El hecho que entre los países «usados», objeto de la más grosera manipulación sean potencias mundiales como Alemania muestra que Bush y su séquito no conocen límites.

Ese fue rasgo distintivo inicial de Adolfo Hitler, en los años 30, los que condujeron a la segunda hecatombe mundial de 1939 a 1945.

En el interior de la gran potencia, las voces que se alzan contra la agresión a Irak cobran fuerza día a día, pero la insensibilidad ante la opinión pública y el desprecio por los valores de la convivencia civilizada son características destacables de este gobierno.

Para nuestra América Latina las señales no dejan de ser inquietantes. La voluntad de intromisión en los asuntos internos de nuestros países, vocación permanente del imperio hacia sus vecinos pobres del Sur, ha retomado bríos y descaro.

La presiones y amenazas son dardos que se lanzan no sólo a quienes, como Cuba, construyen sociedades de otros signo, manifiestamente socialistas, sino a cualquier gobierno que pretenda actuar en defensa de los legítimos intereses nacionales de sus pueblos, como el de Venezuela.

La necesidad de abordar nuestra política exterior desde una óptica y una práctica latinoamericanistas es fundamental para que no nos arrastre la ola de imposiciones norteamericanas. En ese sentido y más allá de las visibles dificultades que atraviesa la pertenencia uruguaya al Mercosur, debemos seguir construyendo una estrategia capaz de encontrar cooperación y solidaridad entre los países hermanos del Sur, tal como han sido siempre las aspiraciones de los fundadores de nuestra nacionalidad. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje