Caducidad se busca
Sería coherente que los vencidos de derecha -color político que sea- se resignen a la histórica derrota electoral que sufrieron el 31 de octubre, y no gasten más neuronas en tejer tan brillantes como estériles argumentaciones jurídicas, meros intentos de impedir la muerte anunciada de la Ley de Caducidad de la Pretensión bla bla bla, con la que los delincuentes del golpe de Estado y aledaños quisieron tapar sus crímenes de lesa nación.
La consagración «legal» de la impunidad, hoy es una norma obsolescente que sirvió para algunos prolongar el momento de dar cuentas. La realidad es que la Ley de Caducidad ya fue socialmente y hoy la inmensa mayoría queremos saber quiénes fueron los depravados uniformados y sus aliados, y ver que paguen por lo que hicieron como cualquiera que cometió un delito. Es lo justo. Nulo de toda nulidad, inexistente, írrito, lo decidido en contrario. Erial el campo jurídico que carezca del alimento básico que son los sucesos de la realidad cotidiana. Desierto; no sólo de sustento legal sino de fuerza legitimadora; caerá por su base. La lógica de los hechos actuales es meridianamente clara en sus mensajes y serenamente emite su voz a través de los parlamentarios que la transformarán en ley; será nulidad, será interpretación, el mecanismo acompasará con el originario sentir popular que inequívocamente reclama juzgar a los culpables.
Malgastan intelecto quienes urden nubes de aire jurídico sobre la férrea vox populi. Se terminó la etapa de los mesías que indican el camino: «sean los orientales tan ilustrados como obedientes». Entretenidos en su satélite particular; olvidaron que elegimos gobierno de izquierda (la del corazón), la conducción de país que siente el dolor del pueblo por los que no están – autodesterrados porque no daban más-, los que desaparecieron, o los que fueron directamente asesinados por sus ideas. Sufrimiento público, presente y absolutamente retroactivo.
Mi pregunta -la de Juan Pueblo- es por qué parece irles la vida y el aliento a algunos, tras la salvación del pellejo de los militares de la dictadura. Casi les falta pedir de rodillas. Por un lado dicen que ellos también quisieran que se haga Justicia (deben cruzar los dedos a escondidas) y cuando ven de cerca el lazo, se aprietan y rabean cual si fuera a ellos a quienes están por atrapar. Parece causa propia.
El espectáculo que ha mostrado en los medios el legislador colorado Carlos Ramela, hablando en contra de la posible interpretación oficialista de la Ley de Caducidad, es patético y a la vez siniestro. No olvidemos a quién está defendiendo.
Reconozcamos su obediencia -tal vez debida- ya que él y sus colegas recibieron hace poco, la orden pública de no quedarse quietos «como quien mira un partido de fútbol» en el tema de los juicios contra las Fuerzas Armadas.
Con la autoridad de quien se dirige a subalternos, el general retirado Iván Paulós ex jefe de Inteligencia Militar del «proceso» -conspicuo exponente de los que se vienen salvando en el anca de un piojo- mandó de esa forma a los representantes blancos y colorados a trabajar en pro de su interés y el de sus correligionarios, de no comparecer ante tribunales penales por delitos contra DDHH en Uruguay.
Tal prepotencia sin duda en algo se apoya.
Digo yo: la gente que votó a los partidos tradicionales, ¿estará de acuerdo con que sus dirigentes deban cumplir órdenes de los militares golpistas, hoy, a 2005 años de la muerte de Cristo, y en el estado actual de las cosas en nuestro país?
Nos duele el «cuerpo electoral» de tanto que lo han manoseado, contusionado por picaneadas mediáticas de miedo irracional y ocultamientos, que en ese estado votó el referéndum de 1989 apoyando una ley a favor de asesinos y violadores que nos rebaja como país. Sanguinetti censuró en ese momento la propaganda televisiva de Sara Méndez pidiendo ayuda para saber el paradero de su hijo Simón, robado con sólo veinte días en el 76 de los brazos de su madre, por los milicos que la apresaron y torturaron vilmente durante muchísimos años junto a otros miles de compatriotas. Si el mensaje se hubiera emitido: ¿la gente habría votado no enjuiciar a esa clase de canallas?
El mismo «cuerpo electoral» sin embargo, renacido de las torturas -sicológicas y de las otras- hace muy poco puso en el máximo sillón al socialista Tabaré Vázquez como Presidente de la nación artiguista oriental. ¡Qué cambio! ¿no?
Nuevos tiempos, nuevos gobiernos, nuevas leyes: ese pasado cercano nos permite este presente que camina seguramente hacia la verdad. Sigamos confiando. *
www.atabaque.com.uy
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