La CNT, la democracia y el golpe de Estado

El jueves 24 de noviembre «Búsqueda» insertó un titular que decía: «Fernández Huidobro reveló que en 1969 la CNT le propuso a Seregni dar un golpe de Estado; fue un grave error no hacerlo, manifestó».

El viernes 25, nueve fundadores y dirigentes de la CNT (Luis Iguiní, Vladimir Turiansky, Honorio Lindner, Daniel Baldassari, Calixto González, Alcides Lanza, Luis A. Schwed, Juan Angel Toledo y Paulino Porras) emitieron una declaración que califica esas afirmaciones como «absolutamente erróneas» y agrega: «Que bajo ninguna circunstancia el Movimiento Sindical uruguayo le ha hecho o le hará el juego a los planes golpistas. Por el contrario, siempre defendió y defenderá la democracia, como lo hizo frente a las intentonas golpistas desde 1964 y frente al golpe de junio de 1973, con la histórica Huelga General». Ese mismo día, la declaración se difundió por radio y se leyó por Canal 4, entre otros medios.

El senador Eleuterio Fernández Huidobro no dijo ni pío.

Al día siguiente, sábado 26, LA REPUBLICA publicó el texto de la declaración y le puso como título: «Nueve dirigentes de la CNT niegan dichos de Huidobro». El aludido guardó silencio.

Y se mantuvo calladito la boca el domingo 27 y el lunes 28. Manso. Parece que el martes 29 despertó y se descolgó con una página entera en LA REPUBLICA del último día del mes.

Esa nota tiene un párrafo sorprendente. Leemos: «Me han dicho que el PIT-CNT ha sacado o va a sacar una Declaración». Esa declaración se había publicado y comentado desde hacía cinco días, pero él ni se había enterado. Lo que no le impide arremeter contra los dirigentes sindicales con gruesos calificativos.

La ceñida declaración de los dirigentes de la central única menciona dos episodios, inscritos en la historia, como demostración de que la clase obrera defendió la democracia y se opuso al golpe de Estado en todas las circunstancias. El primero, la huelga general de 15 días, está profundamente anclada en la memoria colectiva. Todos concuerdan en que cavó un abismo infranqueable entre la dictadura y todo el pueblo, y colocó a la clase obrera unida en su central como columna vertebral de los movimientos políticos y sociales que a lo largo de más de 11 años convergieron hacia el objetivo prioritario de derribar la dictadura.

En cambio, el enfrentamiento de la CNT a las intentonas golpistas de 1964 en adelante probablemente esté lejos del conocimiento de las generaciones jóvenes y requiera algunas aclaraciones.

En agosto de 1961 el Che participó en la conferencia del CIES en Punta del Este y de regreso a Cuba se entrevistó en Brasil con el presidente Janio Quadros, que lo condecoró con el máximo grado. El hecho produjo profundas remezones en los mandos militares. El imprevisible Janio se mandó mudar y el golpe de Estado se situó al orden del día. De momento pudo capearse por la «batalha da legalidade» encabezada por Brizola desde Porto Alegre, el vicepresidente Jango Goulart regresó de China y la India, pasó por Carrasco y asumió en Brasilia. El golpe quedó larvado, y se descerrajó el 31 de marzo de 1964. Fue el «golpe de Lincoln Gordon» (embajador yanqui en Brasil), anunciado al mundo por Johnson antes de que se produjera. Kissinger pronunció entonces su célebre frase: «Donde vaya Brasil irá todo el continente», augurio de un ciclo sombrío de golpes de Estado para América Latina. Al otro día Jango estaba en Solymar; allí lo entrevistamos con Carlos María Gutiérrez y el «Tape» López Silveira, mientras Infantino se disfrazaba de mozo para informar de primera mano por El Espectador.

El golpe brasilero alentó a militares y civiles de extrema derecha en Uruguay a patear el tablero. La conspiración se puso en marcha. Pero generó una notable contrarréplica, encabezada por los trabajadores. Se sucedió un sinfín de asambleas obreras, que alertaban sobre el peligro del golpe y unían sus reclamos reivindicativos a la defensa de la democracia. Surgió la consigna: huelga general ante cualquier intento golpista, que se mantuvo viva durante todo el período siguiente.

Fue un ejemplo de madurez. Y a la vez de espíritu unitario, porque en ese clima se fue gestando la unidad total de la clase obrera, se crea la CNT, y a la vez se van estrechando sus vínculos con los sectores populares, lo que dio nacimiento al Congreso del Pueblo en 1965.

No es novedad que en ese período se confrontaron dos tácticas y dos concepciones del movimiento popular. Una era la táctica de la lucha de masas, de acumulación de fuerzas, de la unidad de todos los sectores de izquierda en el enfrentamiento al pachecato que habría de culminar con la creación del Frente Amplio en 1971 y que de alguna manera se inspiró y se apoyó en la unidad obrera. La otra era la táctica de la guerrilla urbana con sus acciones armadas. Hubo una definida confrontación ideológica entre ambas tendencias, que tuvo expresiones múltiples, lo que no excluyó que en algún momento alguien planteara la teoría de la complementariedad, algo imposible porque las posiciones eran diametralmente opuestas.

El 13 y el 14 de abril de 1972 las dos concepciones se vieron dilemáticamente enfrentadas, en el paro general de la clase obrera, acompañada por los sectores populares, el primer día, y en las acciones tupamaras al siguiente.

Años más tarde el MLN ingresó al FA. Pero esa es otra historia, que desborda los límites de esta nota, en la cual hemos querido destacar la lucha permanente de los trabajadores por la democracia y contra el golpe de Estado, un distintivo de la clase obrera uruguaya, ayer y hoy. *

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