Elecciones argentinas: una derrota para Newton

El pasado domingo los argentinos renovaron parcialmente sus órganos legislativos nacionales, provinciales y municipales. Si bien este tipo de elección no suele despertar gran interés en la vecina orilla, nos encontramos ante una excepción. La masiva concurrencia a las urnas demuestra que la gente percibió que había algo en juego, más allá de lo que ocasionalmente se votaba. Ya que como suele decirse cuando Argentina estornuda Uruguay se resfría, debemos observar con atención cuál es el rumbo que la hermana República va a seguir en los próximos dos años, hasta las próximas elecciones nacionales.

A nivel nacional los analistas señalan que el éxito del Frente para la Victoria del Presidente Kirchner y sus aliados le da un nuevo impulso al oficialismo. El triunfo en la Provincia de Buenos Aires de la esposa del presidente con más de 25 puntos de diferencia sobre la esposa del ex presidente Duhalde colmó las expectativas del gobierno. Lejos entraron el ARI de Elisa Carrió, la UCR representada por el actor Luis Brandoni, y en un sorpresivo quinto puesto la Propuesta Republicana de Ricardo López Murphy. Una primera comprobación es que los aparatos partidarios y la vieja política prevalecieron sobre los políticos desafiantes. Tanto Cristina como Chiche apelando a la compra del voto mediante electrodomésticos o directamente dinero en efectivo, se impusieron a los renovadores. En este sentido, es particularmente llamativa la conducta del kirchnerismo, que al mismo tiempo que dice ser la nueva política, recurre a las viejas prácticas sin disimulo. Es un caso de esquizofrenia política avalado por la ciudadanía, que sigue prefiriendo en forma enfermiza al paternalismo.

La victoria de Macri en la ciudad de Buenos Aires fue el único revés de importancia para el oficialismo. El PRO es la única alternativa que se avizora, por el momento, para enfrentar a Kirchner en su intento reeleccionista en el 2007. La apuesta de esta nueva fuerza debe ser avanzar en el interior, ya tiene serias dificultades a medida que se aleja del Obelisco.

El gobierno ha interpretado, seguramente con razón, que la población ha plebiscitado en forma favorable la gestión del presidente. Algunos han hablado que se ha apoyado su proyecto de país, pero eso sólo sería posible si tuviera alguno. La política económica es indiscutiblemente el talón de Aquiles del «proyecto K». La contención de las tarifas de los servicios esenciales no puede continuar. Las amenazas mafiosas del propio gobierno a las empresas que aumentan sus precios   una estrategia de control de la inflación que no figura en ningún manual de economía -, terminará fracasando. El crecimiento económico de los últimos años producto del efecto rebote de la última crisis y de un contexto internacional extraordinariamente favorable, se acaba en unos meses. La conclusión de esta breve reseña es que los temores a un fuerte rebrote inflacionario no son infundados. Hay una fuerte inflación reprimida que, más temprano que tarde, estallará en las narices del gobierno. Lograr que la economía crezca y controlar la inflación se presentan como desafíos durísimos para el resto del período.

En buen romance se puede decir que los argentinos han votado una vez más por el populismo, la demagogia y las utopías implosivas. Las propuestas serias, como la de Ricardo López Murphy, fueron rechazadas sin misericordia.

La verdad no vende y las ilusiones sí, parece ser la descorazonadora lección. Quienes piensan que la prosperidad se decreta le han ganado a los que defienden que es producto del trabajo y del esfuerzo. Quienes piensan que se puede desafiar la ley de gravedad se impusieron a los representantes del sentido común. No creo que debamos esperar buenas noticias de la República Argentina. *

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