En la América Latina, los pueblos patean el tablero del neoliberalismo

El Presidente electo de Chile, Ricardo Lagos, en su primer discurso ante una concentración, debe acomodar su discurso escrito, a las exigencias de los manifestantes. Lagos había realizado antes de la segunda vuelta acuerdos con los sindicatos de trabajadores y docentes, muchos de estos encabezados por dirigentes afiliados al Partido Comunista de Chile. El voto comunista a Lagos, tanto en la primera como en la segunda vuelta, se lo dio la inteligencia y sensibilidad estratégica y táctica de los comunistas de base, que, una y otra vez, desconocieron decisiones erradas o, peor aun, ambiguas, de su dirección. Los posadistas del POR (Partido Obrero Revolucionario) de Chile le propusimos, sin éxito, antes de la segunda vuelta, al combativo PC de Chile, hacer el frente único político y electoral de clase, por abajo, con la base social y electoral socialista y democristiana, para imprimirle al gobierno a elegir, un sostén más sólido, para una política de transformaciones económicas y sociales; en un país donde hay, por lo menos, tres millones de pobres y donde cientos de miles de jóvenes, sobre todo, se excluyen, equivocadamente, de la salida u opción electoral, no registrándose en los padrones, no votando.

El triunfo de Ricardo Lagos se une a la opción política que decididamente ha abierto Hugo Chávez en Venezuela, pateando el tablero de la formalidad democrática parlamentaria, para plantear –luego del triunfo del 71% de la nueva Constitución– superando el crimen social de las decenas de miles de desaparecidos en las inundaciones «que se acuñó en el podrido sistema capitalista», como lo planteó Eliseo Ramírez en la sección internacional de los periódicos posadistas de Chile, Brasil, Argentina y Uruguay.

Hoy, en América Latina, cuando recordamos a ese gran militar patriota, antimperialista, Omar Torrijos, cuando los masacradores de panameños se van de la administración del canal, cuando Cuba se defiende con dignidad y creciente simpatía mundial de la manipulación capitalista sobre el niño Elián González; cuando el mismo cuestionado Papa recibe al canciller cubano, en un apoyo objetivo al accionar del estado obrero cubano, en Ecuador, un presidente electo no hace mucho, el señor Mahuad, está siendo cuestionado en su sillón presidencial –como Bucaram hace bien poco– por la población ecuatoriana movilizada, con los sindicatos petroleros, junto a la cabeza de la oposición.

Así está viniendo el nuevo siglo en América Latina. En Venezuela, el progreso de Chile con la elección de Lagos, va logrando plasmar a nivel de decisiones de Estado y gobierno –salvando las diferencias– un panorama alentador. Las masas de Ecuador, tan audaces, están buscando construir una dirección política progresista, porque en tirar presidentes ya son casi expertos. Pero eso no basta.

Y en Uruguay, el 45% electoral de la izquierda, significa desde el punto de vista social, del peso en la creación del PBI, en juventud, en concentración en grandes ciudades, bastante más; quizás entre un 65% o un 70% de la población que decide en la vida del país. Por eso los posadistas analizamos luego del 28 de noviembre: «El sentimiento de la gente no es de derrota, es de indignación».

Es por ahí, a nuestro entender, que debemos comprender el intento de Jorge Batlle de encontrar un punto de apoyo en el Frente y el Encuentro. También la visita del «Presidente electo» al PIT-CNT debería ser evaluada en este contexto. Recordemos que aun la devaluada dirección de la CGT en la Argentina comienza a mostrar oposición a un proyecto de flexibilidad laboral del gobierno de la Alianza, que ni Menem se animó a avalar, aunque bastante logró, con apoyo de la burocracia sindical, en este mismo sentido.

En principio, el Frente Amplio-EP deberá debatir en todos sus organismos revitalizándolos –en su 29º aniversario– los propósitos y las propuestas de Jorge Batlle a Tabaré, el 17 de enero. No es un asunto sólo de la dirección del Frente y el EP, ni de los parlamentarios. Muy necesario, muy bueno sería que en todo el país, ese casi millón de votantes progresistas, sean convocados al debate y a la acción para defender –ahora, no dentro de cinco años– un programa y la decisión política y moral de imponer una sociedad sin excluidos. Que los pueblos de América Latina están mostrando que no sólo desde los gobiernos se toman las decisiones.

*Miembro de la dirección del PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO

(Posadista) FA-EP

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