La economía crece, la pobreza también

En una nota informativa publicada en el día de ayer, El Observador da cuenta de los resultados de distintos trabajos de relevamiento acerca de la mejoría en el desempeño económico de América Latina y paralelamente, el aumento de la desigualdad social, el empeoramiento de la pobreza y el crecimiento de la brecha entre los estamentos sociales de altos ingresos y una masa creciente de pobres que tienden a quedar por fuera de los circuitos económicos y sociales.

La brecha social en América Latina es cada vez mayor y no existen síntomas de mejoría, dice el informe.

El Banco Mundial (BM) destacó el pasado miércoles el buen momento económico de América Latina, con un ritmo de crecimiento sin precedentes en dos decenios, pero advirtió que la desigualdad en el reparto de la riqueza está ahondando la brecha social.

«La desigualdad económica es un problema endémico y muy serio en América Latina», afirmó el economista jefe para América Latina del BM, Guillermo Perry, quien expresó su pesimismo acerca de que «no es una situación que vaya a cambiar en el corto plazo».

Las conclusiones a las que arriba Perry, como las de otros funcionarios del Banco Mundial y del Fondo Monetario, no resultan sorprendentes en su contenido, verificado a menudo por otras agencias o fuentes nacionales de estudio de las realidades sociales y económicas.

Lo que resulta elocuente es que sean los propios funcionarios que impulsan en todos los países las políticas de apertura externa, abatimiento del déficit fiscal y libre comercio, es decir los pilares básicos sobre los que se sustenta la receta neoliberal, los mismos que reconocen que la aplicación de estos lineamientos políticos resultan altamente nocivos para las sociedades latinoamericanas.

Aunque con otros antecedentes y otros puntos de partida diferentes de otros países de la región, Uruguay, empujado también por las recetas neoliberales a ultranza, ha visto en los últimos años cómo se destruía su entramado social y crecía, ante la indiferencia frívola de las autoridades, la exclusión social, la pobreza y su secuela de injusticias de todo tipo.

En estos días, las autoridades del Ministerio de Desarrollo Social, encargado de la realización del Plan de Emergencia, han adelantado algunos elementos descriptivos del estado de situación del sector social asistido por el programa del gobierno progresista.

Sobre la base de unos 19.700 hogares con una población de unas 82.557 personas este anticipo de informe del Mides permite calibrar, al menos en parte, la naturaleza de la situación social a la que el Estado uruguayo se enfrenta después de decenas de años de aplicación sistemática del neoliberalismo.

Aunque lo adelantado por el matutino El Observador no es el informe completo sino un anticipo parcial, los guarismos y porcentajes exhibidos muestran la gravedad de la herida social que padece el Uruguay.

Muestran también que en muchos aspectos esta desigualdad y agravamiento de la pobreza no es un fenómeno reciente sino el resultado de un período largo de políticas económicas que disminuyeron gravemente el acceso al trabajo regular, a la vivienda, la salud y la educación.

«Casi todos los beneficiarios del Plan de Emergencia ocupados (94%) se insertan en el mercado informal de trabajo. Un 38% vive de ‘changas’, y un tercio trabaja por cuenta propia sin local ni inversión (…).

Más de la mitad de de los beneficiarios del programa ministerial son menores de 18 años (56,8%), lo que ‘evidencia la infantilización y juvenilización que caracteriza a la pobreza’ en Uruguay, señaló Bertha Sanseverino en nombre del Ministerio. Un 74% de los beneficiarios del Panes tiene menos de 30 años, y un 92% menos de 50″.

El esfuerzo que el Estado y la sociedad uruguaya deben realizar es titánico y las mejores condiciones para el aumento del PBI y las exportaciones no tienen, como vimos, un efecto directo positivo para la gran masa de uruguayos empobrecidos y desprovistos de trabajo genuino. *

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