Analicemos la innovación educativa desde las bases

La educación tiene siempre por propósito preparar a los miembros de una sociedad para su mejor desempeño en la misma, y a través de ello, el mejor funcionamiento de la sociedad en sí.

En tiempos de evoluciones lentas y de recursos tecnológicos pobres y costosos fue lógico que la educación centrara su discurso en la memoria de lo conseguido por la sociedad. Además, con ello alcanzaba para lograr los desempeños individuales y sociales antes mencionados. En las sociedades agrarias la tradición oral y la enseñanza familiar en la práctica bastaban para que el aparato productivo funcionara. En algún momento, una dificultosa y cara escritura comenzó a «memorizar» más eficiente y eficazmente lo más elaborado y abstracto del pensamiento humano. Ese campo teórico era relativamente pequeño y perdurable: las sociedades no podían sostener muchos individuos lejos de la producción directa de bienes materiales (esencialmente agrícolas), porque el excedente era poco. Más allá de que el proceso no es tan simple ni mecánico como lo que se puede describir en estas líneas introductorias, podemos acordar que la acumulación de conocimientos fue lenta y la innovación, además, escasa. Esto ha de haber contribuido decisivamente a las visiones que centran el ideal de todo valor supremo en el pasado, en los «ancianos venerables», esencialmente, en la memoria.

La revolución industrial generó, por posibilidad y por necesidad, una revolución en el campo educativo. A su imagen y semejanza creó un sistema de «producción en serie» para que cubriera las necesidades esenciales: personal que supiera leer y escribir, las cuatro operaciones aritméticas fundamentales, asiduidad, puntualidad, y respeto a una autoridad no necesariamente originada por la cuna. La escuela primaria generalizada fue lo fundamental.

Se presenta luego una Educación Media que en sí era la preparación teórica y disciplinaria para la Universidad («el saber»).

Otra alternativa posterior a la Primaria: La Educación Técnica. Era la preparación calificada de operarios («el hacer»).

 

Hacia el futuro

Desde hace ya más de 20 años que se está operando en el mundo un cambio estructural tan fuerte como fuera el de la Revolución Industrial. Hay varios elementos que lo caracterizan, pero podríamos citar algunos que actúan fuertemente concatenados y retroalimentados:

· El alto desarrollo científico   tecnológico, sustentado en revolución informática

· El alto desarrollo de las comunicaciones y la consecuente mundialización, o la llegada de la Aldea Global, o globalización (sin connotaciones terminológicas)

· La creciente consolidación de la robotización para la producción en serie

· El consecuente aumento de valoración de «productos no materiales», productos intelectuales de diverso tipo.

 

Todos y cada uno, en la retroalimentación que mencionábamos, aceleran de modo inimaginable la velocidad de creación cambios, de nuevas situaciones. La velocidad de duplicación del conocimiento es cada vez mayor, y ya se constatan en ciertas áreas algunos casos con períodos bien menores al año. Las consecuencias de ello son francamente incalculables.

 

En este marco, sociedades e individuos tienen futuro si tienen capacidad de asimilarse a esos cambios. Para ello la educación es fundamental, pero más aún: la formación de personas innovadoras es cardinal.

 

Como contrapartida, nuestros sistemas tienen un esquema de diseño similar al que existiera antes de la primera transmisión regular de radio.

 

Parece claro que, así como para la Revolución Industrial fue necesaria la aplicación de ideas revolucionarias para la creación de la enseñanza primaria generalizada, hoy es necesario generalizar la educación media… pero con las metas bien cambiadas, y diseños bien diferentes.

 

Existe gran acumulación de saber teórico acerca de los grandes objetivos de la educación contemporánea. Lo hay innovador, y lo hay retrógrado. También hay mucho saber práctico, individual y social, acerca de lo que no logra satisfacer nuestra educación. Se sabe en el mercado laboral. También lo padecen los jóvenes cuando estudian cosas a las que no les encuentran sentido, y cuando confirman el sinsentido de lo que aprendieron confrontado a lo que necesitan saber para desempeñarse en su vida. Vemos los desajustes. Pero cuando se trata de cambiar volvemos a pensar desde el instrumento y no desde la necesidad. Volvemos a pensar desde el sistema y no desde la sociedad. Volvemos a pensar desde los docentes y no desde los alumnos. Volvemos a pensar desde el ideal del siglo XIX y no desde el constructo incierto del siglo XXI. Así pues, a veces uno tiene la sensación de que estamos tratando de tomar una vieja locomotora a vapor y remodelarla … ¡¡para navegar en el espacio!!

 

Unos «adicionales»: necesidades

· El sistema medio que tenemos tiende a continuar aumentando la matrícula, y es necesario aumentar el ritmo de ese crecimiento

· No puede retener o hacer terminar en tiempo a la mitad de los jóvenes

· Está basado en una estructura y diseño pensado como preuniversitario para un 5 o 10 % de la generación de hace 100 años. Ahora debe incorporar al 100% de jóvenes actuales preparándolos para diversas actividades y modos de vida.

· Es todo igual para formar a todos los diferentes

· Debe incorporar a poblaciones de contextos críticos, o que viven en la pobreza, y/o que no tienen resuelta la buena convivencia ni la socialización, ni recursos intelectuales en el hogar, y en muchos casos no tienen de dónde emular hábitos de trabajo.

· Requiere montos de dinero y cantidad de recursos humanos que no existirán por un buen tiempo: no se duplican los recursos materiales de un día para otro (y habría que duplicar al menos la cobertura), y más tiempo lleva que se triplique o cuadruplique el número de docentes formados (hoy trabajan demasiadas horas para dar buenas clases en este modelo), porque entre otras cosas no es siempre atractiva la profesión.

 

En síntesis: debe cambiar la esencia, los objetivos, la estructura, el diseño, los edificios, ser diverso y economizar recursos materiales y humanos. *

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