Desprecio por el lenguaje
La existencia de esta columna sobre temas de lenguaje obedece a una realidad: el idioma español es sistemáticamente maltratado por sus usuarios, es decir por aquellos que lo tienen como lengua materna. El proceso de deterioro de ese instrumento de comunicación fundamental es de larga data y es el resultado de una serie de causas variadas (o, como gustan decir los analistas, responde a una multicausalidad). Dice Alex Grijelmo –autor del Libro de Estilo de El País de Madrid y de una «Defensa apasionada del idioma español»– que en nuestros días la lengua de Cervantes está siendo socavada por un virus altamente peligroso: «la desidia de muchos de sus hablantes y, principalmente, de quienes lo utilizan para dirigirse a millones de personas a través de los medios de comunicación».
De este hecho son responsables no solamente los modelos impuestos por la televisión –ya sea locutores, presentadores, animadores, periodistas, productos enlatados de dudoso buen gusto, seriales y telenovelas– sino también –lo que es más preocupante– otras figuras públicas tales como los dirigentes políticos, quienes, merced a su prestigio, son tomados como modelos al igual que los conductores de programas de entretenimientos.
No hace mucho, LA REPUBLICA publicó un informe sobre el mal uso que un ex jerarca del Ministerio de Educación y Cultura hacía del Correo para comunicarse con sus correligionarios. No es mi intención –vale la aclaración– pronunciarme sobre tan deleznable práctica, pero sí me interesa compartir con los lectores parte de la misiva enviada por José Carlos Cardoso –a la sazón subsecretario del MEC– a un cuadro medio de su partido en el Interior. El mensaje –reproducido en forma facsimilar– comenzaba así:
«Estimado compañero: Luego de saludarlos y esperando se encuentren bien, nos comunicamos para ponerlo al día de algunas actividades (…). Sabido por todos nosotros el difícil momento por el que atraviesa la República, de estreches económica y dificultades para muchos compatriotas que tienen problemas con el trabajo, o con el sostenimiento de sus familias, nos parece igualmente importante mantener nuestra comunicación vigente…».
Cuesta creer que un viceministro (y de Educación y Cultura, nada menos) haya estampado su firma al pie de semejante mamarracho lingüístico. Quiero suponer que el texto no fue obra suya sino de un oscuro amanuense, y que el distinguido dirigente nacionalista ni lo leyó; de otro modo, no se explicaría que el mensaje haya sido enviado tal cual, a menos que el desprecio por el idioma haya ganado incluso a los dirigentes políticos.
En primer lugar, salta a la vista una grosera falta de concordancia. Luego de un vocativo singular (estimado compañero), se dirige a varias personas (saludarlos y esperando se encuentren bien) para volver al singular (ponerlo al día de nuestras actividades). El enunciado que sigue contiene varias atrocidades:
1) Falta el verbo ser («Sabido es por todos» y no «sabido por todos»). 2) No se atraviesa por un momento sino que se atraviesa un momento («el difícil momento que atraviesa la República» y no «el difícil momento por el que atraviesa la República»). 3) La «estreches» debe ser entendida como «estrechez», supongo. 4) No puedo censurar el uso del sustantivo sostenimiento, pero ¿no suena mejor sostén o sustento? 5) ¿Qué vínculo sintáctico hay entre la última oración y todo lo que antecede? Falta algún nexo que dé la idea de que a pesar del momento difícil que atraviesa el país, el dirigente desea mantener la comunicación con sus caudillos; por ejemplo, un modesto «no obstante» o un más prestigioso «empero» que pueden dar continuidad lógica a dos enunciados apenas separados por una humilde coma.
Bien cierto es que los idiomas no se imponen desde arriba pues son creaciones del colectivo social. Los pueblos se dan, naturalmente, el idioma mediante el cual han de comunicarse, y luego las academias se ocupan de organizar esas normas surgidas espontáneamente.
Pero no menos cierto resulta que la comunidad suele tomar como modelos del buen decir a aquellos individuos que por alguna razón gozan de prestigio social.
Por eso es aconsejable que los gobernantes den el ejemplo. A ver cuándo empezamos. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad