Verdad y Justicia justa para el Uruguay
Necesito manos para llevar las fotos, compañeros, dijo una voz entre la multitud que se aprestaba a caminar en la convocatoria del 30 de setiembre. -¿Puedo?, dije tímidamente. Algunos de los mártires de la dictadura ya no tienen familiares, o no van a las movilizaciones por su edad o están muy viejitos para llevar un peso extra.
Carlos Severo –simbolizado en una imagen fotográfica– fue conmigo y yo con él en la marcha. Tenía 16 años cuando lo apresaron en Buenos Aires… Su rostro adolescente instintivamente me hizo pensar en mi hijo. El libro «A todos ellos» relata cómo fue torturado junto a su hermana y hermano mayores, mientras sus verdugos reían, con radio a todo volumen y a cara descubierta. Nunca más aparecieron.
Es muy bueno saber que no seguiremos esperando sin fecha noticias sobre las excavaciones y los enterramientos clandestinos. El Presidente puso coto y así lo esperábamos. No estamos dispuestos a dejar que nos sigan chicaneando el alma.
Importantísimo que la proclama leída dejara bien claro que los delitos de desapariciones forzadas son absolutamente presentes: «Los responsables de estos crímenes aberrantes no han dejado de dañarnos. Señalan cementerios clandestinos sin tumbas o tumbas sin cuerpos. Aún hoy nos someten a una tortura atroz.»
También fue bueno hacerle saber a Hebe, la abogada del caso Michelini-Gutiérrez Ruiz, un sentimiento popular y obvio: «Todos te necesitamos», le dije. Me sorprendió cuando visiblemente emocionada me abrazó y besó expresándome su gratitud.
Se podría decir que la doctora Martínez Burlé es una mujer dura –debe serlo para poner el peso de la ley ante el contemporáneo dictador Bordaberry y uno de sus más conspicuos colaboradores–. Justamente esa entrega es la demostración de su exquisita sensibilidad. Hay que ser profundamente humano para encarar tan quijotesca empresa sólo espiritualmente redituable y que seguramente marcará su vida para siempre, sea cual sea el resultado. Además de conocimientos e inteligencia debe reunir valor, humanidad y astucia en grados superlativos. Una tenaz mujer con corazón de niña que aún sueña y lucha por la Justicia con mayúscula en la que cree, y a la que debemos agradecer el imaginar un Poder Judicial no sólo poderoso sino esencialmente justo. Definitivamente debe ser alguien especial quien carga sobre sí el peso del anhelo de casi todo un país.
En cuanto al grado de peligrosidad o no de Bordaberry –uno de los argumentos del juez Roberto Timbal para decretar la prescripción del caso– debe medirse en proporción al antecedente de violencia oficial sin pena que se crea si tamaño delito no es juzgado y condenado. «En nuestro país los golpistas no son juzgados», es la señal lapidaria que se da al mundo. No es sólo peligroso, es gravísimo.
La sentencia de Timbal plantó una semilla de dictadura en el nuevo Uruguay.
La Justicia y la Verdad son ideales y por lo tanto abstractos, sin embargo hoy existen en nuestro sistema de gobierno, organismos y personas que tienen en sus manos la posibilidad de hacer de ellos una realidad pragmática. A eso apelamos.
El beso que me dio en la marcha, Hebe se lo da al Uruguay cada noche de las que pasa en vela estudiando el caso. Se lo da a cada madre sin hijo y a cada hijo sin padres. Una caricia en la mejilla de los que no tienen a sus familiares hace años, ni tampoco tumbas adonde llevar flores. Dale con fe, Doctora. La fuerza de la Verdad, el Pueblo y Dios están contigo. *
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