La seguridad pública y los ataques al ministro Díaz

Un sector de la oposición al gobierno progresista ha expresado públicamente su preocupación por asuntos que tienen que ver con el Ministerio del Interior.

Por un lado, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados se trasladó ayer a la Sede ministerial con la intención de obtener información, acerca de la espectacular fuga de dos delincuentes peligrosos.

Al mismo tiempo se prepara una interpelación sobre el mismo tema al que se agregaría la cuestión de la seguridad pública, anunciada por algunos sectores nacionalistas que, en este caso, recibirían el apoyo del Partido Colorado para promover el llamado a sala del Ministro.

Para empezar hay que reconocer que se trata de asuntos de muy distinta naturaleza. Por un lado, la fuga de dos delincuentes connotados atañe a un orden de temas que tiene que ver con la situación de la policía, la confiabilidad o no en sus cuadros y sus mandos y la necesidad de adecuar el sistema penitenciario del país a la existencia de un nuevo tipo de delito organizado que requiere una atención y un seguimiento diferenciado y específico.

Es evidente que ni la organización general del sistema, ni el personal, ni los mandos de la policía uruguaya están en condiciones, hoy, de un desempeño adecuado frente a este tipo de acción delictiva.

La preocupación del Parlamento es legítima y pertinente porque, entre otras cosas, la vigilancia legislativa es una garantía para el orden democrático y, a la vez, muchos de los problemas planteados requerirían medidas de orden legislativo y por lo tanto un conocimiento, de parte de los parlamentarios, lo más profundo y científico posible.

Resulta más difícil de fundamentar la intención de llevar adelante una interpelación sobre la fuga a la que se agregue un análisis de la situación de inseguridad que vive el país.

Ahora bien, sería completamente ingenuo considerar que los ataques a Díaz y a la Ley que procura la humanización del sistema carcelario no contienen, de parte de la oposición, una buena parte de demagogia y de irresponsabilidad política.

Resulta evidente que los sectores más conservadores del sistema político pretenden un tratamiento de estos temas en el contexto de un clima de exacerbación del sentimiento de inseguridad al que contribuyen los hechos delictivos y también, en grado sumo, la amplificación que, desde el poder mediático, se le brinda a esos episodios.

Por momentos resulta llamativo el tono espectacular, la información detallada, el relato moroso, con especial detenimiento en los aspectos más atroces de los episodios de la crónica policial.

El tratamiento mediático, especialmente en la TV, de los delitos que tienen lugar en los barrios pobres resulta sumamente significativo. A menudo, pretendiendo trasladar una «crónica en vivo, desde el lugar de los hechos», se difunden visiones superficiales, simplistas, «condenas sumarias», verdaderas sentencias ante la opinión pública, antes que ninguna autoridad calificada haya iniciado el estudio del episodio del que se trata.

Es en este contexto que blancos y colorados piden la bolada para atacar la gestión del Ministro Díaz. Resulta llamativo que los dirigentes blancos y colorados –que impulsan la interpelación y ponen el grito en el cielo frente al clima de inseguridad–, parecen no tener absolutamente nada que ver con las causas sociales profundas que están en la base de buena parte de los delitos que se cometen.

Que no tuvieron nada que ver con el cierre de las fuentes de trabajo que arrojaron a decenas de miles de obreros a vivir en la miseria en la periferia de las ciudades.

Que ellos no tuvieran nada que ver con el inhumano hacinamiento existente en las cárceles uruguayas.

Que ellos, blancos y colorados que gobernaron el país desde siempre, no tuvieran que ver con el proceso de descomposición moral y profesional de amplios sectores del aparato del Estado, entre ellos la policía.

Si se produce la interpelación anunciada, quienes debieran estar en el banquillo de los acusados deberían ser los que condujeron a la sociedad uruguaya a los niveles de desgarramiento y exclusión que hoy padece. *

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