Defensa de la soberanía
Buena cosa como nacionalista, constatar que hay un diputado blanco que consciente de su calidad de tal, defensor de la soberanía patria, sale en defensa de la misma. Tengo que reiterar la felicitación, ya lo hice ante otra «parada de carro» al doctor Ramela y Jorge Batlle, al joven legislador canario Lacalle junior.
Es notorio que no milito en las tiendas de su padre, antiguo compañero de juventudes partidarias, con quien mantenemos sustanciales diferencias. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, al decir del refrán. El botija vuelve a guapear y muy bien por cierto. Es el diputado que se para frente al gobierno y le enrostra la carencia de conciencia nacional al señor Presidente. Este, invita permitiendo que gobernante y embajador argentino constaten e investiguen, Patiño Meyer y un tal Duhalde, juzgando si se releva bien o mal la búsqueda de enterramientos ilegales de desaparecidos en cuarteles uruguayos. Vamos por partes.
En esta situación dada, no está en juego la justicia de la búsqueda de muertos por torturas. Por supuesto que todo el que haya perdido un ser querido y tiene conciencia de su tortura y muerte, no se le puede quitar el derecho legítimo de encontrar sus restos y el reclamo obvio de responsabilidades. Ni perder el respeto por el dolor sobrecogedor que el poeta Gelman y tantos otros cuyos hijos fueron víctimas de represiones. Al igual también de similar congoja y dolor de padres, esposas, hijos, hermanos y demás familiares de los cuatro soldados asesinados en la puerta de la casa del comandante en jefe general Gravina, el inaudito crimen con una inyección de pentotal al peón Pascasio Báez que también tenía familia, o de tantos soldados y policías que del otro lado cayeron ejecutados en defensa de la integridad del Estado y la defensa de la soberanía nacional. Las cosas en su sitio. Pero la obligación de averiguar, investigar, hurgar, revelar, y hacer justicia es sola y pura del Estado oriental.
Entre otras muchas cosas, por ser soberanos. Se debe hacer y se ha hecho con mayor o menor ahínco o suerte, esfuerzos de parte de diversos gobiernos. Pero de ninguna manera se puede aceptar que autoridades extranjeras hollen tierra oriental y menos invitar por el gobierno, para constatar si nos hemos portado bien o mal en nuestra propia tierra buscando nada menos que restos humanos. En situación similar a la de la nuera de Gelman pero al revés, o sea en la Argentina.
¿Se permitirá por ellos, verificar o constatar a diplomáticos o jerarcas uruguayos en Plaza de Mayo u otros cuarteles como el Presidente Vázquez permite en el nuestro?
Los paraguayos, chilenos, brasileños, ¿harían lo mismo?
Y seré más grosero: ¿alguien se imagina a EEUU permitir incluyendo la ONU, investigar en la cárcel de Guantánamo por prisioneros o constatar torturas?
Y ya que estamos en la isla, ¿invitaría Fidel Castro a «resolver» o constatar en territorio cubano a autoridades extranjeras en busca de osamentas humanas de sus responsabilidades? Nadie, salvo en guerra convencional y siendo vencido lo permite. Por el elemental principio, sin perjuicio de las culpas, de respeto a sus soberanías. ¡Y cuidado, que los invitados no son precisamente culpables! Si los invitan, van. Es de rigor. El que no hace respetar la soberanía, es el señor Presidente en este caso. El territorio patrio es sagrado. Y solo el gobierno y sus naturales tienen ese tipo de derechos sobre él. Máxime cuando de patrias chicas se refiere. En cuyo caso se debe ser mucho más celoso del mismo. Y no me vengan con el «cuento» de las globalizaciones famosas negando con argumentaciones tendenciosas los derechos de los países débiles a defender sus soberanías en beneficio de los «monstruos». Si nos rendimos ante esas «lógicas» sin defender el «ser» nacional que reside en el respeto soberano de cada territorio, tendemos a desaparecer.
No tendríamos razón de ser. parafraseando a Mujica, «no se pueden regalar». Uruguay tiene su gobierno y poderes independientes incluyendo el judicial que está investigando. Y no serán representantes extranjeros, por más invitados que sean, los que vengan a verificar, avalar o enmendar planas. Que se dedique a lo de ellos que por cierto tienen siniestros antecedentes en el tiempo. Sin ánimo de justificar nada. Los crímenes no se justifican, sólo se juzgan y se sancionan por la justicia nacional. Revisando la historia incluso de las últimas décadas nos encontramos que ante algún ciento de crímenes repartidos equitativamente entre los dos bandos, hechos monstruosos como es obvio, se anteponen cientos de miles y hasta millones de víctimas torturadas y muertas aún hoy, en forma genocídica no sólo por nuestros vecinos americanos sino por los imperios y potencias económicas que dejan como infantes de «pecho» los peores antecedentes nuestros.
Irak, Palestina, Afganistán y la propia Chile, Argentina, Perú etc., que en sus momentos abundaron en desgraciados ejemplos. Estas razones por contundentes, no justifican ni una sola desaparición en nuestro territorio. Pero sabiamente, nosotros y solo nosotros entre nosotros los resolveremos. No es trayendo gobernantes y embajadores foráneos, avaladores por más vecinos que puedan ser, que nos vengan a indicar conductas. ¡Que resuelvan las de ellos que por cierto han sido muchísimo peores! ¡El territorio nacional no es hurgable por extranjeros ni expuesto a sus curiosidades u opiniones! ¡Que lo tenga en cuenta el señor Presidente! *
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