América Latina y Europa, relaciones en crisis
Europa es muy importante para América Latina. América Latina también para Europa, aunque en los últimos tiempos esta lo reconoce muy pocas veces. El Viejo continente, en los últimos diez años, ha representado el cincuenta y tres por ciento de la inversión directa en la región. España, en verdadero gran inversor, por sí sola representa el treinta y uno por ciento, aún cuando es solo el diez por ciento del producto bruto de la Comunidad.
Los montos de inversión bajaron a menos de la mitad en los últimos seis años, pero la verdad es que eso ocurrió en todos los sitios a consecuencia de la crisis financiera que vivimos hasta el 2004. La verdadera crisis está en el comercio. El proteccionismo al sector agrícola irrita, pero por encima de ella representa una seria dificultad para que el mundo y el continente superen sus graves problemas en lo social. Si se eliminaran los mismos, se produciría una transferencia de recursos para los países en desarrollo de 75 mil millones de dólares. Trescientos veinte millones de personas dejarían de ser pobres.
Desde que Europa invierte en el sector servicios en América Latina (en particular España) tres veces más de latinoamericanos tienen servicio eléctrico y telefonía.
El continente presta al inversor europeo grandes beneficios. Les brinda tamaño, lo que les facilita y mucho competir en el mundo globalizado de hoy. También potencial de crecimiento. El producto está elevándose más que en el viejo continente. Este año se prevé que será de 4.1 y 1.5 por ciento respectivamente.
Sobre estos asuntos se debatió esta semana en Bogotá, en el Foro de Biarritz, que organiza anualmente la alcaldía de esa Ciudad de Francia. «¿Es posible que América Latina y Europa mejoren sus relaciones mientras se tramita la ampliación de la Comunidad y el TLC con Estados Unidos?» se preguntó el ex presidente de Chile Patricio Alwyn durante el desarrollo del evento. Nueve ex mandatarios del continente se hicieron presentes en el simposio, convocado por la mencionada alcaldía y el exPresidente de Colombia Ernesto Samper.
Las relaciones entre ambos continentes siempre han tenido dificultades. El Senador francés François Fillon (ex ministro de Educación de Asuntos Sociales) señaló que los problemas de la propia Europa, las relaciones con Estados Unidos (en un vínculo de «amor y odio» a su criterio) y las oportunidades y desafíos que plantea el desarrollo de Asia y en particular China, son los temas que más les preocupan.
En realidad este tipo de valoraciones complejas surgen desde el principio mismo de la historia común, apenas producido el descubrimiento. Mucho se ha escrito de la influencia de Europa en América durante ese período. Muy poco del proceso inverso. Por ejemplo de que el maíz y la papa permitieron terminar con las hambrunas que periódicamente asolaban al Viejo Continente. Sobre este asunto siempre es buena la lectura del aquel colombiano insigne que fue Germán Arciniegas, quien escribió muy largo y muy bien sobre el tópico. Recordando que en el corazón de Europa, o al menos el país más alejado de América, Rusia, su bebida nacional es el vodka, un destilado de la papa, cultivo que vino de nuestra tierra. Si habrá sido grande también nuestra influencia.
Volviendo a este tiempo, no por conocido deja de ser incierto que determinadas recetas, de politólogos de ambos continentes, son equivocadas. Las críticas a que América Latina no tiene una organización como la Comunidad. Que es necesario primero una integración de nuestro continente. Que las relaciones son asimétricas y eso las hace más conflictivas. Todo está bien. Pero resulta paradojal que no se haya hecho mención durante todo este simposio, como ocurre siempre en los encuentros de este tipo, al hecho más asimétrico de todos entre Europa y América Latina. Que la primera tiene un producto por cápita de casi treinta mil dólares y nosotros de apenas dos mil.
A partir de ese dato de la realidad, cabe preguntarse qué país ha salido de la pobreza y el subdesarrollo negociando con otros con los mismos niveles de producto. Ninguno. Y si es que hay algún ejemplo, que lo presenten.
Cuando Europa comenzó su proceso de integración tenía estándares educativos y culturales muy altos para su tiempo. Lo hizo, además, no en su totalidad, sino a partir de los países que tenían el mayor producto (Alemania y Francia) y procesos de institucionalidad exitosos en la posguerra. Además contaron con una inestimable y cuantiosa ayuda exterior. Nada menos que el plan Marshall financiado por Estados Unidos. Tiempo después se incorporaron países como Gran Bretaña, que hasta hoy mantiene un proceso relativo en la materia en la medida no usa el Euro. Mucho después –en fecha relativamente reciente– España, Portugal y Grecia.
Por eso la experiencia del MERCOSUR pudo ser importante. En los hechos ha fracasado porque los países más grandes (Brasil y Argentina) no dan aún muestras de un desarrollo institucional adecuado y llevan adelante con frecuencia políticas macroeconómicas erráticas y populistas. Lo que les impide abrir sus economías y bajar el proteccionismo.
Tampoco en materia económica ha surgido un motor exterior que dé seguridad y permita políticas de desarrollo pensadas para el mediano y largo plazo. Y en este sentido, es Estados Unidos el que presenta mejores posibilidades a través de los acuerdos comerciales.
Tal vez muchos de estos problemas empiecen a tener solución en realidad el año que viene, si Serra triunfa en las elecciones brasileñas. Es evidente que si gana y hace, como ha anunciado, el acuerdo del TLC con el país del norte, el proceso de expansión comercial, y en consecuencia crecimiento económico, puede tornarse irreversible. *
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