Honrar la vida
Tres palabras que traducen una vida: Eladia Blázquez. Quienes pudimos compartir su vivencia durante las últimas décadas, hemos sentido honda pena al haberla perdido el pasado 31 de agosto.
Cada vez que escuchábamos una nueva melodía, ya intuíamos que era alguna de sus creaciones, porque se distinguían debido a su contenido, sensible, auténtico y profundamente sincero.
A través de los años, logró expresiones de la vida cotidiana utilizando compases tangueros, que hacía mucho tiempo desconocíamos. Cada uno de nosotros tiene en su interior el recuerdo de un tango preferido, que lo llevamos hace tiempo. Pero a partir de los 60, fueron apareciendo títulos que coincidían con los dramas que vivía la gente.
Es así que pudimos escuchar «Sueño de barrilete», «Contame una historia», «Sin piel», «Mi ciudad y mi gente», «Un caballero», «Cerrame la ventana», «Domingos de Buenos Aires», «María de Nadie», «Para entendernos», «El miedo de vivir», «Amor sin aventura», «Doña flaca», «Por qué amo Buenos Aires», «Siempre hay un duende», «Honrar la vida», y las inolvidables «Convencernos» y «El corazón al sur», entre varios otros.
Fue la mujer que logró traducir las vivencias de los argentinos, que tienen un cariño por su ciudad, expresando los más importantes sentimientos con valentía y atrevimiento, como nunca hasta entonces se había logrado desde un ser femenino.
El tango estaba cayendo en aquella época y con su aparición surgió la novedad de alguien que sabía decir como nadie, la autenticidad de cada sentimiento. Nunca la olvidaremos, por esa sinceridad, sabiendo que ella pedía que estuviera siempre vigente en la canción popular, por eso ella indicó que sus cenizas se depositaran en el panteón de sus colegas autores.
Entender el contenido de su obra más representativa, sirve para demostrar la condición que el ser humano debe cumplir cabalmente. Nada más auténtico que logremos honrar nuestra existencia. Ella lo supo hacer y pasará mucho tiempo para que aparezca otra similar. En tiempos de acelerada corrupción, destacar a quien fue ejemplo para la sociedad, resulta imperioso.
Nuestro reconocimiento, querida Eladia. *
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