Los desafíos del gobierno de izquierda

Al intentar establecer un balance de los primeros seis meses de gobierno, no queremos caer en los lugares comunes del análisis político. Vamos sí a tratar de interpretar lo que a nuestro juicio constituye la sensación térmica, lo que siente el ciudadano común, sobre algunas de las aristas más visibles de esta gradualidad de transformaciones, iniciada a contar del 1º de marzo de 2005.

En alguna prensa se ha hablado de «posibilismo» y de «pragmatismo» para definir el accionar del Presidente y su Consejo de Ministros, en el ejercicio del Poder Ejecutivo, sumado a la tarea legislativa de la bancada oficialista.

Tabaré Vázquez ha sido categórico en establecer los alcances de este quinquenio de gobierno de izquierda. Para ello toma como base de aplicación dos «biblias» como él mismo ha definido a sus documentos de cabecera: por un lado el programa del Frente Amplio y por otro, la Constitución de la República.

Son las dos fuentes de información desde las cuales se edifica un nuevo mapa económico, social y político. En esa construcción existen visiones diversas sobre cómo debe implementarse el programa de cambios, dada la esencia de la fuerza política, que la hace homogénea en la consecución de objetivos programáticos y a la vez presenta distintos niveles de aceleración en la marcha hacia esos objetivos, en su interna. La principal fortaleza de la izquierda organizada en el Frente Amplio radica precisamente en la capacidad analítica de una situación política concreta y en la búsqueda de los consensos para salvar las discrepancias puntuales. La derecha ha cuestionado severa y sistemáticamente esta virtud, atribuyéndole aristas de caos o debilidad. La derecha también ha demostrado en los últimos veinte años en particular, que sabe mandar, pero no gobernar. El Frente Amplio reivindica para la sociedad uruguaya valores y paradigmas enraizados en la matriz ciudadana, que están en su programa de gobierno.

Fuimos y somos una sociedad de cultura estatista, democrática, participativa, humanista, que ha trasmitido esa información a través de distintas generaciones, a la manera de una polea, desde un pasado de sociedad próspera, construida durante las dos presidencias de José Batlle y Ordóñez.

En relación a esta cultura estatista, durante los años 90, Javier de Haedo, economista y ministro del gobierno de Lacalle, manifestó en más de una oportunidad, que en el Uruguay resultaría prácticamente imposible operar la privatización de las empresas de dominio público o estatal, bajo las cuales el país moderno nació. Señalar que Batlle y Ordóñez fue el gobernante del Siglo XX con mayor respaldo popular no es un dato menor, afirmando también que este modelo tuvo el impulso y el freno, que posibilitara a través de la ley transformaciones más ambiciosas, por ejemplo en la propiedad de la tierra improductiva .

Tabaré Vàzquez llega al gobierno con el más grande respaldo ciudadano que haya tenido un gobernante, luego de Batlle y Ordóñez. Es otro dato que nace de varios apuntes, a saber: un proceso de acumulación de fuerzas de toda la izquierda, un liderazgo excepcional del hoy primer mandatario y un cúmulo de circunstancias objetivas que están relacionadas, directamente entre otros, con el millón de pobres y los doscientos mil indigentes que generó la perversa política económica de la derecha, que nos hace ostentar con dolor el triste segundo lugar como país más endeudado del planeta.

Convenimos de antemano, acerca de que la reforma del aparato estatal no pasa por la privatización de empresas públicas estratégicas. La expresión popular, en un tema tan vital como el del agua, ya zanjó cualquier duda al respecto.

En medio del caos creado por malas prácticas de gobierno en el pasado, parece sí impostergable y en el más corto plazo, instrumentar una reforma radical del aparato del Estado, preñado de vicios endémicos.

Las premisas de probidad, transparencia y mayor eficiencia posible constituyen a nuestro entender reglas básicas de actuación que deben ir acompañadas con la ejecución de auditorías esclarecedoras de la real situación que se preveía encontraríamos en el seno de la administración pública, a contar del 1º de marzo. Por tanto, la actual legislatura, en forma concomitante con lo anterior, debería aprobar un nuevo instrumento para que en carácter de ley se fije la actuación de los ciudadanos que llegan a servir a la sociedad. La obesidad actual del Estado responde a la política de favores que sembró incapacidad, corrupción y abuso en su interior. Nuestro partido, el Nuevo Espacio, ya en el seno del Frente Amplio, continuará más que nunca antes, impulsando esta reforma radical del Estado, cuyos funcionarios deberán ser personas formadas en la cultura democrático republicana, transparencia y probidad. Otro de los cambios, ya estructurales, que deberá operarse en este quinquenio de gobierno de izquierda a fin de asentar las bases de una sociedad para el Siglo XXI, guarda directa relación con la educación. Allí está asegurándose el futuro de una sociedad democrática, laica, a todas luces progresista, inserta en los desafíos que la ciencia y la tecnología del Siglo XXI demandan y de cara al país productivo al que aspiramos.

Hemos perdido, a lo largo de décadas de estancamiento y en forma estrepitosa, desarrollo humano, o sea la sumatoria de calidad de vida expresada en la educación, la vivienda, salud y otros factores, de acuerdo al último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y que nos sitúa en el grupo de los 50 países que han retrocedido en el cumplimiento de alguno de los Objetivos del Milenio.

Con su mística y 34 años de existencia, el Frente Amplio que gobierna se ha puesto sobre sus hombros la emergencia social como preludio insoslayable de nuevos desafíos en la imaginación y construcción de un nuevo paradigma social. La izquierda debe continuar apostando fuerte a la gradualidad y a consensuar los cambios, incrementando la participación

popular en sus órganos de decisión política y la creatividad y capacidad de gobernación ciudadana para derrotar a sus únicos enemigos: el hambre, la miseria, la falta de oportunidades. *

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