La lengua no es de trapo

Una elipsis novedosa

Como casi todos los idiomas, el castellano permite las elipsis, esa figura de construcción que consiste en omitir en la oración una o más palabras, necesarias para la recta construcción gramatical, pero no para que resulte claro el sentido. Juan tomó un vaso de vino; Pedro, una gaseosa; he aquí un ejemplo clásico de verbo elíptico (tomó).

Zapatero, a tus zapatos; Lo bueno, si breve, dos veces bueno. En estos dos ejemplos, fácil es sobreentender zapatero, ve a tus zapatos y lo bueno, si es breve, es dos veces bueno.

Pero desde un tiempo a esta parte, he venido observando un fenómeno curioso. Veamos algunos ejemplos tomados de la televisión. El cronista deportivo ha hecho un resumen de la actividad futbolística prevista para el fin de semana y concluye su intervención en el noticiero televisivo con este curioso enunciado: «Y por fin, decirles que el técnico no incluirá a Abreu en el plantel».

El conductor del programa periodístico sonríe a la cámara y nos espeta: «Bueno, para comenzar con el tema que hoy nos ocupará, recordarles que el invitado ha sido figura relevante en el gobierno anterior».

No entiendo por qué ha adquirido tanto prestigio –y por tanto es concienzudamente emulada– esta nueva forma de elipsis, en la que habría que sobreentender los verbos quiero o debo antes de los infinitivos. Y en última instancia, me pregunto por qué no decir, lisa y llanamente, «y por fin, les diré que el técnico no incluirá a Abreu», en el primer ejemplo, y «para comenzar con el tema que hoy nos ocupará, les recuerdo que el invitado ha sido figura relevante en el gobierno anterior».

En fin, el asunto ha llegado a tal punto, que me encuentro con una carta, publicada en la prensa, del diputado de la Vertiente Artiguista Eduardo Brenta a su colega nacionalista de Maldonado Nelson Rodríguez, a propósito de los cuestionamientos de éste a la renovación de la concesión a Buquebus. Uno de sus párrafos reza textualmente:

«En caso de que usted disponga de las pruebas que sustenten sus denuncias, manifestarle nuestra disposición a acompañarlo a hacer efectivas las mismas ante la Justicia Penal».

Todo ese estilo tan formal, casi protocolar diría yo, propio del lenguaje de quienes ocupan altos cargos de gobierno, se viene al suelo (o se va al carajo, como usted prefiera) con la omisión de alguna de estas opciones que correspondería haber escrito inmediatamente después de la coma posterior a denuncias y antes del infinitivo manifestarle: deseo, considero oportuno, me permito, debo, creo del caso, etcétera.

–Bueno, Mendieta, después de esta explicación, pedirle al patrón que nos sirva la otra.

–¡Qué lo parió!

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