La aprobación a un ministro

Que la sociedad uruguaya ha expresado su voluntad de cambio es un dato de la realidad. Desde antes, incluso, del período dictatorial, pero más específicamente después del retorno a la normalidad institucional, basta observar el comportamiento del electorado para confirmar la aseveración del comienzo. El crecimiento sostenido de las fuerzas de izquierda agrupadas en el Frente Amplio –luego Encuentro Progresista y más tarde Nueva Mayoría– en veinte años fue espectacular: pasó de representar el 20 por ciento de los votos en las elecciones de 1984 a más de la mitad en octubre de 2004.

Esa voluntad de cambio ya venía manifestándose desde mucho tiempo atrás, y asoma ya en 1958, cuando las elecciones dieron el triunfo al Partido Nacional después de casi un siglo de gobiernos colorados. Cierto es que el ciudadano uruguayo se mostró renuente a votar fuera de los lemas tradicionales, con lo cual su voluntad de cambio se expresaba –merced al doble voto simultáneo– en el voto a otro sector dentro de un mismo partido, o, los más audaces, a mudar de lema.

El desgaste de las colectividades históricas, la incapacidad de sus dirigentes, las promesas no cumplidas, el manejo irresponsable de la cosa pública, todo ello coadyuvó al descontento de la población y habilitó el crecimiento de la izquierda. Obviamente, ese crecimiento se hizo a expensas del caudal electoral de los partidos tradicionales, y en cierta medida, es el resultado de una estrategia de acumulación de fuerzas promovida desde la propia izquierda. Recordemos que poco después de salir de prisión, el líder histórico del MLN, Raúl Sendic, lanzó su propuesta de crear un «frente grande».

Desde luego que para concitar esa adhesión cada vez mayor de los ciudadanos, la izquierda debió proceder a una puesta al día de sus propuestas programáticas. En la medida en que iban incorporándose nuevos sectores sociales (capas medias y medias altas perjudicadas por el modelo y sus crisis) el progresismo fue tornándose cada vez más policlasista y su discurso se adecuó a la nueva realidad suavizando posturas radicales de cuarenta años atrás. El EP-FA-NM llegó al gobierno con el apoyo de los sectores tradicionalmente identificados con las propuestas de la izquierda pero, también, con el de sectores (como los empresarios rurales y urbanos, por ejemplo) que tradicionalmente habían encontrado su expresión política en los partidos tradicionales.

En este contexto, nada sorprendente puede verse en el altísimo índice de aprobación que recoge el titular del MEF, Danilo Astori, según datos obtenidos por la empresa Radar publicados en nuestra edición del domingo. Ese 74% significa que las tres cuartas partes de la población apoyan la política económica y la gestión que lleva adelante el equipo comandado por el líder de Asamblea Uruguay; es una cifra muy significativa y sin precedentes. Pero más significativo aun resulta comprobar que ese apoyo a la gestión de Astori se incrementa entre los votantes del EP-FA-NM, para llegar a un contundente 80 por ciento: los cuatro quintos de quienes apoyaron a la izquierda en las últimas elecciones aprueban la conducción económica del gobierno.

Y si observamos el índice de aprobación entre aquellos ciudadanos que se identifican con los sectores más radicales (radicales en el mejor sentido del término), vemos que el más bajo se sitúa en 62 por ciento de los votantes de la Lista 1001, sube al 77 por ciento de los que lo hicieron por el MPP y llega al 90 por ciento entre los socialistas.

Las cifras son elocuentes: evidentemente, esa voluntad de cambio a que hacíamos referencia al comienzo no implica transformaciones revolucionarias ni cambios drásticos. Es la voluntad mayoritaria de una población castigada por malos gobiernos que se limitaron a administrar (mal) la crisis.

Es probable que muchos uruguayos estén desconformes con los aumentos salariales previstos en el Presupuesto, por ejemplo, o con otras medidas del gobierno, pero la mayoría de la población advierte que la conducción económica actual es la más acertada.

Es un dato a tener en cuenta. *

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