¿Tú también, Bruto?
Vivimos en una época en la que las ideologías parecen ser cada vez menos relevantes, en parte debido a que mucha gente tiene la percepción de que todos los gobiernos, al final, hacen lo mismo. Sin embargo, vemos cómo en diarios, semanarios y revistas de todo el mundo –también de nuestro país–, se escriben permanentemente artículos en los que se analizan, definen y redefinen las concepciones ideológicas. No creo que las ideologías hayan dejado de importar, creo sí que hay una gran confusión debido a que la práctica política difiere notablemente del discurso, lo que ha contribuido, además, a aumentar el desinterés del ciudadano para con la cosa pública.
Dado que el tema excede el espacio de que dispongo, por el momento, voy a limitarme a comentar algunas opiniones recientes que niegan la existencia del liberalismo, para luego intentar ubicarlo dentro del variopinto abanico de posibilidades. El doctor Ramón Díaz en una serie de artículos dedicados al tema en su columna del diario El Observador, ha señalado que no existen más que dos opciones, la izquierda y la derecha. La izquierda surgiría con la Revolución Francesa y la derecha como su natural reacción. Rousseau sería el prototipo de intelectual de la izquierda y Burke el de la derecha. A partir de entonces todos los seres humanos que han habitado la Tierra fueron de izquierda o de derecha. Tal reduccionismo conduce a que intelectuales tan dispares como Marx y Keynes formen parte del mismo bando, lo que ciertamente no hubiera satisfecho a ninguno.
Hay sin embargo un hecho que me resulta más grave, y es que el doctor Díaz niega una ideología, que pensaba era la nuestra. El liberalismo para el maestro de varias generaciones de liberales no existe. Tamaña sorpresa. Incluso Friedrich von Hayek, el liberal por más importante del siglo XX, sería calificado como conservador, ignorando el incuestionable hecho de que escribió un formidable ensayo titulado «Por qué no soy conservador». Yo, que sigo siendo hayekiano, afirmo rotundamente que existe una corriente de opinión distinta a la derecha y a la izquierda, que es la de los defensores de la libertad.
Mientras que la derecha suele defender la libertad económica (y en general la política) niega la libertad social, por eso es que son conservadores. La izquierda, mientras tanto, suele defender la libertad social (y en general la política) pero defenestra la libertad económica. Por lo tanto, ¿cómo puede pensarse que un defensor de la libertad en todos los ámbitos del quehacer humano pueda definirse por uno de esos dos bandos? No se le puede pedir a alguien que elija entre la horca y la silla eléctrica. La respuesta debe ser un no rotundo, un no que no es producto de la indiferencia ni del facilismo, sino que es consecuencia de profundas y sentidas convicciones.
¿Cuál es el papel del liberalismo en esta época? El de preservar la libertad en todo espacio en el que se la quiera limitar. Proteger la libertad en el plano económico cuando surgen ideas para decirnos qué es lo que debemos comer, lo que debemos estudiar o dónde debemos atender nuestra salud. También promover avances en la legislación social, donde nuestro país parece haberse quedado en el tiempo como consecuencia del predominio conservador en el Parlamento. Hayek decía que si queremos ganar la batalla ideológica de nuestro tiempo primero debemos tener claro cuál es la nuestra. También pensaba que los verdaderos defensores de la libertad, los que creen que la libertad es una sola, siempre fueron una minoría, pero una minoría relevante, influyente y necesaria. Que la derecha haya ganado al doctor Díaz es algo que lamentamos, pero nuestra tarea debe proseguir. Mal que le pese a la izquierda y a la derecha. *
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