Nuevas tecnologías y relaciones laborales
Hoy es común oír que tenemos que reconvertirnos para poder competir. Sin embargo esto es parte de la verdad, porque tenemos que saber que en el ser competitivos hay otros ingredientes que pueden ser internos o externos, a saber: si la reconversión se logra con capitales o con créditos nacionales o internacionales, los costos de las materias primas, los distintos insumos, las cargas fiscales, la seguridad social, los salarios, el peso de la deuda externa. Todos estos componentes forman parte del costo final del producto.
Además, si analizamos el capítulo de mercados, del proteccionismo e intervención de las multinacionales, el tema se complica mucho más aún. Esa palabra «reconvertirnos» no clarificará para nada los costos sociales que implica.
La desocupación que genera la incorporación de nuevas tecnologías todavía no ha sido cuantificada por las propias organizaciones sociales y sindicales.
En el siglo pasado la lucha de los trabajadores contra la mecanización de la producción dio sus resultados, después de muy duras batallas desplegadas con un heroísmo que sólo pueden aportar aquellos que están convencidos que es posible siempre alcanzar un mañana mejor.
La mecanización de la producción fue para el artesanado y trabajadores de la época una situación muy difícil que sembró hambre, desocupación y marginalidad entre aquellos que lo único que tenían era, como hoy nosotros, la fuerza de trabajo.
Sin embargo la apuesta a la esperanza, la utopía, el sueño de un destino mejor, de una vida más plena, animó aún a aquellos que aportaron su vida reclamando la humanización del trabajo y la reducción de la jornada laboral.
El triunfo de los trabajadores, con la ley de ocho horas, mitigó en parte el daño social, se repartió mejor la riqueza, y los ricos no dejaron de ser ricos.
Los trabajadores con la fuerza de nuestras organizaciones, habíamos conquistado mejoras importantes que beneficiaban a toda la comunidad: mejores salarios, licencias, primas por nacimiento, asignaciones familiares, seguro de salud, salario vacacional y mejoras en las pasividades.
Todos estos beneficios logrados con el esfuerzo de los trabajadores y sus organizaciones, hoy están desapareciendo para miles y miles de hermanos nuestros, que al quedarse sin trabajo, pierden los beneficios antes mencionados. Si hoy los trabajadores no comenzamos a plantearnos con seriedad el tema de las nuevas tecnologías y su impacto entre nosotros, nuestras organizaciones sindicales se verán reducidas a la mínima expresión, pues las máquinas están suplantando a los trabajadores, con el beneplácito de los gobiernos y las patronales, que sin problema reducen, despiden o cierran empresas, dejando en la calle a miles y miles de trabajadores desocupados, subocupados o informales sin ningún tipo de seguridad social.
No podemos oponernos al avance de la ciencia y la tecnología, pero menos podemos aceptar pasivamente que la máquina suplante a la persona humana y la convierta en desecho social condenado a la desocupación, la miseria y la marginalidad social.
La lucha la debemos emprender hoy todos juntos hombres y mujeres de buena voluntad, fuerzas sociales, organizaciones sindicales, partidos políticos, progresistas, y las distintas iglesias con sentido ecuménico.
Nuestra lucha no debe ser contra nadie en particular sino a favor de toda la humanidad. A la planetarización de la economía y el comercio debemos responder con la creación de un nuevo orden económico-social internacional, donde la persona humana sea el centro del pensamiento, apuntando a su realización y compartiendo los conocimientos de que hoy dispone la humanidad; ya que con el actual desarrollo científico-técnico estamos en condiciones de producir bienes, servicios y alimentos suficientes.
Se introducen y difunden más y más las nuevas tecnologías, particularmente la informática y las innovaciones organizacionales. Los cambios en cuanto a la organización de la producción, del trabajo, a las nuevas formas de gestión de la fuerza de trabajo, a la flexibilización laboral, los imperativos de la productividad y la calidad, que casi han transformado a la estructura del empleo, la naturaleza del proceso del trabajo, las clasificaciones de los puestos, los requerimientos en materia de formación y clasificaciones profesionales, los tratados de libre comercio y los procesos de integración.
Debemos generar una educación para la vida e ir dosificando la entrega a fin de dar tiempo a quien la recibe, la pueda razonar y aplicar e ir cumpliendo con el programa educativo, dando el tiempo suficiente para lograr un mejor discernimiento y conocimiento para su mejor aplicación.
La libre competencia aparece como solución al fracaso de las políticas de desarrollo. Basta mirar hacia el continente africano, para entender que las virtudes del razonamiento no son sino teóricas… Ya hay quienes llaman a Africa el continente olvidado. El neoliberalismo se calla sobre Africa, el desconcierto es total.
Los países africanos no sólo han pagado su mal desarrollo, hasta agotar sus materias primas, sino que hoy les piden que supriman educación, los servicios de salud, el transporte público. ¿Hasta dónde quiere ir la lógica neoliberal?
Frente a toda esta situación que desde un marco general, también comprende situaciones que se dan en nuestro país, debemos apostar a la solidaridad, una virtud de índole ética y cultural; apostando a una profunda renovación personal y colectiva en nombre del inmenso sufrimiento humano que hoy se acumula en lo más profundo de las gentes y de los trabajadores para lograr la liberación definitiva de este sufrimiento y de todas las formas de explotación, de injusticia y desigualdad…
Solidaridad es el nombre del trabajo anónimo, silencioso, de muchos hombres y mujeres, de muchos cuadros y dirigentes de las organizaciones sindicales y sociales honestos, auténticos, que trabajan obstinadamente por el mejoramiento de la vida y de la suerte de todos los trabajadores, por el avance de las organizaciones, y por una práctica coherente y transparente.
Solidaridad es el nombre de todos los que han comprendido que el Movimiento de los Trabajadores debe ser financiado por los propios trabajadores, aun los más pobres, para ganar la batalla de la dignidad.
Solidaridad es el compromiso definitivo, obstinado, no negociable, creativo, para trabajar toda la vida por el triunfo de la causa de los trabajadores y por un proyecto alternativo. *
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