Libertades sindicales y profundización democrática

Durante la semana pasada, se agudizó el debate sobre el tema de las libertades sindicales. El mismo es aleccionador en múltiples aspectos, aquí pretendemos señalar algunos.

El movimiento obrero ha caracterizado la etapa que se abrió en nuestro país a partir del 1° de marzo como una situación socio-política cualitativamente diferente, a los efectos del largo proceso histórico de acumulación de fuerzas por parte de los sectores populares. Se propuso como centro la resolución radical de toda una serie de tareas democráticas pendientes en nuestro país. Enfocó la tarea de generar correlación de fuerzas y disputa hegemónica, para abrirle paso a una estrategia que simultáneamente resuelva: desarrollo productivo, desarrollo social y desarrollo democrático. En este cuadro ¿Qué significa el tema de las libertades sindicales?

Un país de eternos 3 millones de habitantes, cuyas unidades productivas de bienes y servicios grandes, son «Pymes» a nivel regional y microscópicas a nivel del capitalismo mundializado, no puede construir una inserción internacional en base a bienes y servicios estándar y de bajo costo. En particular no puede seguir apostando a los «costos laborales». Sólo es sustentable desde el punto de vista económico y social si apuesta a una inserción «competitiva» en base al conocimiento y a la calidad. A esos efectos deben promoverse procesos productivos en que puedan cristalizarse bienes y servicios de altísima calidad. Dichos procesos no pueden desarrollarse sino en el marco de relaciones laborales de calidad, lo cual supone la superación radical de la desregulación y la disponibilidad arbitraria de los trabajadores por parte del capital. Los consejos de salario, son un paso fundacional en esta dirección, pero no son suficientes.

La libertad sindical, al contrario de lo afirmado por Castells, presidente de la Cámara de Comercio, cuando dijo «ningún buen trabajador necesita una ley de libertad sindical», no está situada en el plano de los derechos individuales de los trabajadores, sino en el plano de sus derechos colectivos. En virtud de su evolución histórica en nuestro país es mucho más denso el derecho individual que el derecho colectivo. Pues bien, el obrero colectivo, la unión libre y voluntaria de los trabajadores para defender su interés de clase, induce superación de la desregulación, la disponibilidad arbitraria, la precariedad y la informalidad, en fin, la superación de la superexplotación, y por tanto un fuerte movimiento sindical de clase es esencial al cambio de la matriz productiva del país. Si los cambios no los hace el pueblo, y en particular, los trabajadores ¿Quién los hace? Entonces un amplio rango de derechos sindicales debería ser consustancial para todos aquellos que quieran el cambio social, ya que están en la base misma de la posibilidad de construir relaciones laborales para el desarrollo.

Pero veamos con más detenimiento algunos de los aspectos del debate acerca de un buen proyecto de ley, a medio camino entre el fuero sindical y un concepto más amplio de libertades sindicales. «Que la inversión de la carga de la prueba» «Que si la libertad sindical comprende a todos los trabajadores o solo a los dirigentes» «Que esto no sirva para inhibir las inversiones» etc. En la «apariencia» de la vacilación, conviene desmontar algunos supuestos argumentos: 1) Para quienes honestamente estén preocupados por la conflictividad, decimos: Señores, consagren un amplio rango de derechos sindicales y estarán contribuyendo a disminuir la conflictividad, ya que en la actividad privada, la mayoría de los conflictos de empresa son para enfrentar la conducta antisindical de los patrones. 2) Para quienes estén honestamente preocupados por la inversión como problema país, decimos: Señores, nuestro país ha mostrado una bajísima tasa de inversión histórica, sin ninguna ley de libertades sindicales vigente. Ningún capitalista, con proyecto de largo plazo dejará de invertir por los derechos sindicales; si hay alguno que se inhiba por este tema, seguramente se tratará de capital espurio, volátil y especulativo, por tanto contrapuesto al proyecto de cambios. Esto mismo fue confirmado por el Ministro de Industrias en su comparecencia en la CIU.

Estribando en la nueva correlación de fuerzas, que provoca que entre otras cosas que todo el espectro político diga que es necesario el fuero sindical, o el «enamoramiento» repentino que han tenido nuestros patrones del tripartismo, luego de que lo negaron durante décadas, habrá que apelar a la dialéctica negociación / movilización. En cualquiera de las hipótesis, sea ante la culminación del trámite parlamentario, o ante una negociación, o una combinación de ambos aspectos, habrá que moverse enraizados en la acción consciente de los trabajadores. Creo que hay que colocar nuestra estrategia integral, en el plano de cientos y cientos de miles.

Como siempre los trabajadores a la calle, construyendo su destino. *

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