Los que encantaban serpientes
El 3 de setiembre es una fecha negra para los trabajadores, los jubilados y los pensionistas uruguayos. En esa fecha del año 1995, el doctor Julio María Sanguinetti Coirolo promulgó la Ley 16.713, contando para ello con la colaboración del doctor Alberto Volonté, a la sazón líder del desaparecido movimiento Manos a la Obra y por ese entonces también presidente del Partido Nacional. Dicha ley, que también contó con el apoyo del sector liderado por el hoy ministro de Economía, contador Danilo Astori, y por el Nuevo Espacio del hoy senador oficialista Rafael Michelini, modificó en forma sustancial el sistema de seguridad social, creando un sistema mixto de aportación que significó la obligación de un ahorro impuesto a los trabajadores, manejado por empresas financieras capitalizadas en su mayoría con inversiones extranjeras y creando una situación de incertidumbre en los trabajadores que quedaron librados a los avatares del mercado financiero para cuando llegue el momento de jubilarse. La ley era una obsesión para los partidos Nacional y Colorado y por lo tanto, previo al reparto de cargos llevado a cabo antes de la asunción del gobierno el 1° de marzo de 1995, Sanguinetti comprometió desde su cuartel del Victoria Plaza, el apoyo del situacionista Partido Nacional para que le votaran dos leyes para él fundamentales: la reforma de la seguridad social y el ajuste fiscal.
El compromiso había nacido del sometimiento impuesto por los organismos financieros internacionales, los que condicionaban sus préstamos a Uruguay, siempre y cuando la sociedad pagara con pobreza lo que los gobiernos le pidieran tanto al FMI, al BM o al BID. Tuvimos ocasión de juntarnos con esos documentos, por lo que reafirmamos una vez más, que el sometimiento económico de la nación, desde hace diez años tomó dimensiones inesperadas para la sociedad y de ahí no puede asombrar que entre 1998 y 2003 la pobreza se hubiere duplicado y en 2004 creciera un 30 % más.
Por el sistema estatal de seguridad social pasaban anualmente 4.000 millones de dólares, cifras no despreciables para que los organismos financieros lo miraran pasar y se quedaran con la tentación de «hincarle el diente».
Sanguinetti Coirolo cerró filas con Volonté y las organizaciones sociales fueron echadas de las puertas del Victoria Plaza. Se contrataron cinco personajes, abogados afines al gobierno de entonces, quienes cobraron dos mil quinientos dólares cada uno para redactar en el papel lo que desde el exterior les dictaban los organismos financieros ya mencionados. La ley no la hizo ningún iluminado en Uruguay, vino empaquetada. El Banco de Previsión Social gastó en ese momento cuatro millones y medio de dólares en publicidad para decirle a la gente que iban a tener dos jubilaciones, que se terminaba la evasión, que debían entrar al nuevo sistema quienes estaban obligados y quienes no porque se jubilarían con más de lo que percibían en actividad, que terminaban las jubilaciones miserables, que sabrían peso a peso qué se hacía con sus aportes.
Y así engañaron a miles de personas a quienes «metieron en la bolsa» en muchos casos sin que los interesados lo supieran: les marcaban una cruz en el casillero del artículo 8 de la ley donde optaban por la misma quienes no estaban obligados y así quedaron crucificados. Juan Fernando Berchesi Mourelle y Myra Selva Tebot Gastañaga, desde el BPS fueron artífices de este cruel engaño a quienes en muchos casos ni siquiera llegarán a jubilarse.
La mentira mostró un desnudo dramático y fue dos años después que un oscuro diputado colorado, Carlos Lago, que había votado la ley desde su banca, pidió salir del sistema porque la realidad era mucho más grande que la mentira. El aporte a las AFAP le estaba empequeñeciendo la futura jubilación. La ley hoy sigue vigente. Las AFAP también. Pero lo más preocupante es que aquel «mandado» que hizo Sanguinetti Coirolo, hoy sigue significando la angustia para miles de trabajadores que, con puestos de trabajos inestables, desocupados durante años o con sueldos miserables, están fuera del sistema de seguridad social porque la ley es parte del mercado financiero y a él se debe. Si quieres cobrar, debes aportar y mucho y llegado el momento, veremos cuánto falta para irte, a partir de allí veremos lo que te damos. Esa es la ley. Por lo menos recordemos a quienes hace diez años sumieron a una gran parte de los habitantes del país en la eterna miseria solamente contando con dos instrumentos que no todos tienen: los recursos de los propios engañados y saber mentir. *
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