De nostalgias, tachos de engrudo y tortas fritas…

Y ¿qué quiere que le diga vecino…? este asunto de las nostalgias como que a muchos nos remueve los almanaques en serio y por allí cuando quiere acordar empieza a sacudirse las polillas y entre naftalinas y humedades aparecen algunas de esas cosas que estaban allá, como refugiadas en vaya a saber que rincón de las angustias o las alegrías sucedidas.

Y como da la casualidad que pegadito a esta noche  cada vez más ruidosa dicho sea de paso, cuando las nostalgias son más lindas si se saborean en silencio y entre dos- es el día de los Comité de Base del Frente Amplio, a mi al menos- no se si a usted le pasa lo mismo–se me viene como una especie de película en blanco y negro que pasa ante mis ojos velozmente, pero en retroceso.

Y me encuentro en aquel Comité «Patria Nueva» que teníamos en un garaje en el subsuelo de una casa en la calle Comercio y Ramón Anador allá por los años finales de la década del 60 y los primeros de la del 70.

Me reencuentro con aquellos talleres improvisados pintando pasacalles y enrollando afiches, preparando tachos de engrudo, de cal y aquellos crayones increíbles que fabricábamos con tubos de luz en desuso. Las noches de pegatinas esquivando los patrulleros y las banditas fascistas blancas y coloradas que nos perseguían.

Las visitas de Pancho Viera, Numa, Anselmo Grau, Marcos Velázquez, Angelito Iroz y otros cantores con su guitarra a tomar mate con nosotros y compartir sus canciones. Las banderas de Otorgués cosidas a mano por nuestras madres o a máquina en alguna de aquellas antiguas Singer a pedal, por que entonces no había fabricante que se animara siquiera a intentar inaugurar un nuevo rubro comercial con ellas. Todo era así, hecho a pulmón. Los afiches impresos en serigrafía sobre hojas de diarios usados, los volantes impresos en aquellos increíbles mimeográfos, los llaveros, las escarapelas, todo, absolutamente todo con el sello impreso de la militancia, del sacrificio, de la entrega.

Eran aquellos años, los años en que aún no habíamos perdido la inocencia. Éramos casi todos, parte de una generación que poco tiempo después sería reventada, decapitada, desaparecida. Una generación que inventó el amor entre los tachos de engrudo y lo ejerció con absoluta libertad, haciendo su primera revolución, en la que fueron fusilados los prejuicios y los prohibidos de una educación que amenazaba castrarnos emocionalmente.

Por eso, cuando llega esta fecha y se entremezcla lo de la nostalgia con lo de los Comités de Base, entran a revolotearme las polillas y entre humedades arcaicas vuelvo a ser otra vez por un rato, en la intimidad de mi memoria, aquel muchacho mezcla de hippie, guerrillero y atorrante esquinero, uno de los que inventó también el amor entre pasacalles para repintar y tachos de cal y que lloró abrazado a miles como él, aquella noche de noviembre del 71, tirado sobre la arena de la playa del Buceo, por la primera y gran desilusión de la derrota electoral que  aunque sabíamos posible- nos resistíamos a aceptar.

Y lo que si no puedo olvidar, es que al otro día, después de aquella tremenda angustia, estábamos todos otra vez en el Comité, imaginando los próximos pasacalles y preparando nuevos afiches para una pegatina. Luego sobrevino el desastre y la diáspora, la cárcel o la muerte nos llevaron lejos a todos. El Comité ya no existe en aquel lugar. Nosotros, algunos, tenemos tiempo aún para la nostalgia. *

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