Sobre el mea culpa

En la entrevista publicada la semana pasada por el semanario Búsqueda, el jefe de la Fuerza Aérea, general Bonelli, se mostraba dispuesto a pedir perdón y a sumarse al reclamo de «nunca más», con la condición de que «todos» lo hicieran.

Sin dejar de valorar el reconocimiento público de las violaciones a los derechos humanos, cabe señalar que el jerarca castrense volvía a caer en el esquema a que apelaron los partidarios de la impunidad. Al reclamar que «todos» debían decir «nunca más», el general Bonelli sugería, obviamente, que tanto los guerrilleros urbanos como los militantes antidictatoriales (unos y otros víctimas del terrorismo de Estado y sus vesanias) hicieran un mea culpa y se comprometieran públicamente a evitar un eventual enfrentamiento como el de hace más de treinta años. Días después fue el turno del jefe de la Armada, Tabaré Daners, quien propuso directamente un gran encuentro nacional a esos efectos.

Esta tesitura está en la misma línea de acción desarrollada por los dirigentes políticos tradicionales en el tratamiento del espinoso asunto del terrorismo de Estado y sus crímenes abominables, y encierra una profunda iniquidad. Los integrantes de los grupos insurgentes que actuaron en los sesenta y comienzos de los setenta, en su inmensa mayoría pagaron caras sus acciones, incluso con su vida. Otros, los más, sufrieron años de reclusión en condiciones inhumanas, procesados por tribunales castrenses sin las mínimas garantías; todos fueron sometidos a tormentos físicos y psicológicos inenarrables y algunos sucumbieron. En este aspecto, prácticamente no quedaron delitos impunes y la sociedad toda sabe qué pasó y quiénes fueron sus autores. Por otra parte, los ex guerrilleros se insertaron en la vida cívica, acatando las reglas democráticas, y hoy ocupan escaños en el Parlamento y cargos de gobierno por soberana voluntad popular.

No son, por tanto, situaciones equiparables a la de los esbirros que jamás asumieron su responsabilidad y se aferraron al ocultamiento más ominoso.

Y si hablamos de las otras víctimas del terrorismo de Estado, de los sindicalistas y militantes políticos cuyo único delito fue resistir los desbordes de un gobierno dictatorial, ¿también ellos deberían proceder a un mea culpa y pedir perdón por oponerse a quienes usurparon el poder?

Los militares parecen desconocer una parte del Himno Nacional que reza: «Si enemigos, la lanza de Marte; si tiranos, de Bruto el puñal». *

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