¿No habrá ajuste fiscal?

Escuché con suficiente atención lo expuesto en la democrática «toma de Pando» por parte del gobierno. Y quiero cumplir una vez más con el pedido del compañero Tabaré, de que se le señale lo objetable, como demostración de real amistad y entrega a la causa… Tengo poco espacio para señalar algunas cosas que me llaman la atención y no quiero desperdiciarlo en alabanzas.

Empiezo por el discurso de Astori.

Con ese tono claro, pedagógico y aplanador, sin embargo me dejó, por lo menos, un par de dudas:

1Se refirió a que un 75% del presupuesto se dedica a sueldos, pasividades e intereses de la deuda pública. Y la duda que me quedó es cómo se reparte ese «paquete». Me hizo acordar a aquel amigo que me decía que la esposa lo catalogaba de miserable, económicamente hablando, y él decía, con el mayor desparpajo, que entre su esposa y su amante, le costaban U$S 5.000 por mes… Claro que se guardaba bien de aclarar el costo de cada una…

2-Dijo, subrayando especialmente el concepto para magnificarlo, que se destinan doscientos millones de dólares para el Plan de Emergencia. Lástima que omitió decir que al mismo tiempo, habrá que crear capacidad de pago para pagar dos mil millones anuales al FMI…

3- Se habla de un equilibrio fiscal, muy deseable y saludable. Hay que ver el precio que se pagará para ello. Porque si bien el equilibrio del presupuesto ya no depende de un ajuste fiscal como se entiende en la economía ortodoxa, la heterodoxia fondomonetarista ha inventado la nueva ecuación: INGRESOS   SUPERAVIT PRIMARIO PREVIO A PAGO DE INTERESES DE DEUDA EXTERNA (para asegurarnos el cobro) = LO QUE TE QUEDA PA’VIVIR.

Y entonces, el ajuste fiscal viene por la otra punta de la madeja. Es cierto que no se le pide más a los ciudadanos, pero se le «presta» menos a los que tienen menos… Con una adecuada política fiscal, se pueden mejorar los ingresos buscando gravar a los que tienen más. Por el lado de disminuir egresos, en vez de aumentar ingresos, se están atacando los gastos y las inversiones. Perjudicando más, (in)justamente a los que tienen menos. Menos para jubilaciones y ajustes de remuneraciones de empleados públicos, menos escuelas, menos liceos, menos viviendas.

¿Qué diferencia tiene este AJUSTE FISCAL HETERODOXO, del que criticábamos anteriormente? Sólo las apariencias. En el fondo la parte del león se le sigue asegurando al IDEM. No se aprovecha para ponerle más impuestos a los que tienen, y se cambia el camino para recortar más a los que no tienen. Con el agravante de que se pierde una buena oportunidad para achatar la pirámide salarial. Porque se sigue dando un «magro» aumento de $1.250 al que gana $50.000. ¿Qué podemos decir de los $125 que le van a tocar a los sumergidos que ganan $5000? Un aumento porcentual virtual y al barrer, a la italiana: un 2.5 «perchento»…

Y entonces, la solución para salir del pozo se torna vitalmente salvaje. Hay que conseguir inversiones, a cualquier precio (socioecológico, inclusive).

Y por 300 puestos en una «papelera», que de paso, siendo el doble que la otra, ocupará el mismo personal fijo (?) vamos a correr riesgos ecológicos que nos trasladan los ricos del primer mundo, que ya se dieron plazos para terminar con esos riesgos ciertos de contaminación. Y lo peor de todo, que los «inversores» nos dicen, muy panchos, que «hay otros métodos para utilizar en las plantas de celulosa, menos peligrosos y contaminantes. Lo que pasa es que son más caros…».

Este tema de elegir el camino de la cornisa, para poder cumplir con el Diablo y con el Pueblo, sólo le asegura los dividendos al Diablo. Y los riesgos los sigue asumiendo la comunidad. Los controles estarán a cargo de las empresas, y los gastos de equipos de control, en manos del Estado.

Que quede claro que, si se llegaran a disparar los riesgos existentes, no habrá ni cierres de plantas, ni todo el dinero del mundo, que nos restablezca el hábitat.

Y, necesaria aunque tarde e insuficientemente, rodarán cabezas de queridos compañeros.

Porque todo lo que se está haciendo tiene olor a «acuerdo con el FMI». Todo está signado con el sello de la inconsulta decisión tomada por el gobierno respecto a su política económica.

En el sentido ortodoxo del término no hay ajuste fiscal… en los ingresos.

Pero la variable de ajuste se ha vuelto una vez más, egresos e inversiones destinadas a los más infelices.

Ya hay varios ministros que se están quejando por los recortes. En voz baja, claro. Entre bambalinas. Porque capaz que el Fondo se enoja. El Fondo y alguno de sus «socios» de alternativa que le siguen el tren ciegamente, aquí.

Porque una vez más, el Fondo no nos podría invadir, si alguien, desde adentro, no le estuviera «prestando» las llaves.

Ya veremos las reacciones cuando llegue el momento de las verdaderas rendiciones de cuentas, porque esto de Pando ha sido nada más que un intento de vestir a la mona de seda.

No fue una rendición de cuentas, que vendrá inexorablemente en su momento. Esto fue tan solo la «mise en scène», de un efectista muestreo de intenciones, suficientemente endulzadas con edulcorante de «recién casados», para hacerle perder, ocasionalmente, el gusto amargo de la realidad. *

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