Oposición: ¿principios o caprichos?

Poco después de conocido el resultado electoral del 31 de octubre, la fuerza triunfadora y el principal partido de oposición iniciaron conversaciones sobre la eventual participación de esta última en el gobierno progresista.

Desde esta página nos apresuramos a aplaudir lo que aparecía como una conducta plausible de ambas colectividades en pos de un entendimiento que permitiría que el país se encaminara por una senda de diálogo y de entendimiento. La situación del país que encontraría el nuevo gobierno –y que efectivamente encontró al asumir– exigía no un consenso pero sí el establecimiento de una base mínima de acuerdo sobre ciertos temas fundamentales.

Entendíamos –en consonancia con la opinión pública mayoritaria– que la gravedad de la situación ameritaba dejar de lado viejas discrepancias de modo de rescatar al país y a su gente.

Desde entonces, desde el verano pasado, las conversaciones han sufrido idas y venidas, marchas y contramarchas; cuando parecía que el horizonte se despejaba, surgían obstáculos hasta que nuevamente [estos se superaban. Así las cosas, se presentó la discordia respecto de la cantidad de cargos en el Directorio del Banco de la República. Cuando el gobierno advirtió la necesidad de contar con cuatro integrantes –lo que implicaba dejar uno a la oposición y no dos–, el Partido Nacional, aduciendo razones de principios y un mal entendido orgullo, cortó el diálogo. Un tiempo después –como si se tratara de algo cíclico– se abrió nuevamente la posibilidad de que la oposición ocupara cargos en entes y servicios, posibilidad que el propio Partido Nacional desechó cuando se sintió ofendido por lo que consideró un emplazamiento del gobierno.

Más recientemente, se retomó el diálogo respecto de la integración de los organismos de contralor, Corte Electoral y Tribunal de Cuentas, cuya integración actual responde a la realidad electoral de 1994. Insólitamente, la propuesta nacionalista –argumentando que ese partido no tiene representación en entes y servicios– reclama mayoría para la oposición en los organismos de contralor. Tal pretensión no sólo se da de bruces contra claras disposiciones constitucionales sino que parecería destinada a romper cualquier posibilidad de acuerdo en la medida en que adquiere características de capricho.

Con ser todos estos antecedentes suficiente demostración de una conducción errática movida por impulsos emocionales más que por madurez política, el Partido Nacional sigue embistiendo. Tal como se informó ayer, ha surgido un nuevo desencuentro entre blancos y gobierno. Estaba previsto que ayer, lunes, el doctor Gonzalo Fernández se reuniera con una delegación nacionalista para informar a esa fuerza política del curso de la investigación sobre violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. El presidente del Honorable Directorio pidió que la invitación a la reunión ya pactada fuera formulada por escrito, ante lo cual, el Presidente de la República decidió cancelar la entrevista.

Entendemos, con todo respeto, que la actitud de la dirigencia del Partido Nacional está errando el camino. Aquí no es cuestión de pulseadas, de caprichos ni de condiciones pueriles. De lo que se trata es de que el país se encamine por los rumbos que la ciudadanía eligió; y cuando decimos esto, no pensamos sólo en ese cincuenta y uno por ciento que dio el triunfo a la izquierda sino, también, en el tercio del electorado que votó al Partido Nacional apostando a otra forma de hacer política y con la mira puesta en los intereses del país. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje