Liderazgos: los puntos sobre las íes

169 años de historia es mucho tiempo. Tanto como para que un partido político se cuente entre los más viejos del mundo. Los blancos en tan prolongado trayecto institucional con aciertos, hacer la Patria por ejemplo, y errores naturales propios de humanos, no contamos entre estos últimos el de no cumplir los pactos o dar «marcha atrás» con la palabra comprometida. Personalmente he sido partidario e incluso por escrito, de acuerdos entre gente «parecida» en principios nacionalistas. Pero blanco al fin, al igual que mantengo la palabra exijo de la contraparte igual conducta. Por ende respaldo la posición del gaucho Larrañaga en el tema de la negativa de aceptar los cargos que el gobierno ofreció a la minoría no respetando, claro está, la propuesta original. El problema no estriba en un cargo como se quiere minimizarlo. Sino en un principio de respeto, dignidad y valor de lo expuesto y prometido. Pepe Batlle, también se comprometió en el Pacto de la Cruz por un «ratito». Hasta que ganado el tiempo de rearmarse lo traicionó sin ningún principio moral y menor remordimiento de conciencia.

O sea, en 169 años, necesariamente hemos aprendido «algo». No se interprete, es obvio, que mi intención sea ofender al Frente comparándolo con el batllismo colorado. Pero, también es cierto que allí hay gente de ese origen que recuerda con «amor» los ejemplos de don Pepe. Larrañaga como Presidente del Honorable y cabeza del sector ampliamente mayoritario y Lacalle segunda fuerza con su Herrerismo sin dudas, justo es decirlo, se han mantenido principistas inflexibles en el caso. Y es muy importante, también es obvio, la unidad de la colectividad en temas sustanciales como son pactos donde debe de haber voluntad homogénea de las partes, pues se juega el futuro político económico del país. No es buena cosa que sectores minoritarios que incluso dicho con objetivo respeto, salvaron recientemente el «pellejo» electoral, bancas legislativas específicamente, invocando el talento y las virtudes del candidato partidario que les «tendió la mano», a los pocos meses, al igual que hizo don Pepe, se la «escupan». ¡No me gusta la actitud! ¡No es de buenos blancos! Y para peor, en las últimas elecciones departamentales, mostrando la «hilacha» y orejeando ser «soberbios» herederos en futuras candidaturas exitosas, les fue como la «mona». ¡Ni ediles en la capital les quedan! No han visualizado tal vez, que Juan Pueblo dentro del partido Nacional reconoce sólo dos grupos bien definidos. Alianza Nacional como mayoría con Larrañaga Presidente del Honorable por añadidura y al grupo viejo y armado del Herrerismo cuya cabeza Lacalle fue Presidente de la República, también por añadidura. Por supuesto, los «iniciados o del gremio», sabemos que hay otros «corazoncitos». Pero para despegar con vuelo propio, deberán adquirir relevancia que puedan crear expectativas y esperanzas. No basta, y es hasta contraproducente, del brazo de Sanguinetti haber votado torres millonarias en dólares innecesarias, contra el mandato de la Convención, órgano máximo soberano del Partido.

Ni amagar interpelaciones a ministros de Defensa y recular después porque se equivocaron. ¡Vaya a saber uno por qué! Los grupos pequeños, si aspiran razonablemente agrandarse, deben dar a conocer sus orientaciones ideológicas. Si son de derecha, centro o izquierda nacionalistas. Herrera, «viejo caudillo» que se levantó contra los imperios con su doctrina de tercera posición, «ni militar en el comunismo ni ser una estrella más en ninguna bandera imperial», como Wilson creando «Nuestro compromiso con Ud.» con la reforma agraria, nacionalización de la banca y el comercio exterior, etc., iniciaron una esperanza real en la ciudadanía descreída de la época. Por eso fueron líderes. Y en un plano obviamente menor que ellos, tanto Lacalle cuyo gobierno fue bueno objetivamente, con logros notorios, terminal de Tres Cruces, 5.000 viviendas, estabilidad económica, etc. y Larrañaga cuya administración departamental excelente, honradez y gestión senatorial destacada con planes de gobierno claros y concisos, recuperó la credibilidad en un partido que venía de una derrota contundente. O sea, ninguno de los ejemplos, ni aquellos ni estos, basaron los cimientos de futuras candidaturas, hoy muy «fetal» a cuatro años y medio de los próximos comicios, mostrando «frenesí» por los «carguetes». Sin olvidar por cierto, la división partidaria que trae aparejado tanta «ansiedad». A veces buena cosa es consultar o aconsejarse con alguna prestigiosa curandera que en campaña abundan. Recomiendan habitualmente tecitos de tilo para los «nervios». *

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