Memorizar, porque ellos especulan con el olvido

Cuando hemos ingresado al sexto mes del gobierno que lidera el doctor Tabaré Vázquez, nos encontramos con una oposición donde sus diversos sectores no coinciden sobre cómo ejercer el papel que les asignó la ciudadanía. Habituados a convivir por décadas en las alturas del poder -con todo lo que el mismo les significó para potenciar sus estructuras proselitistas- hoy se encuentran confundidos y desorientados para elaborar un discurso disonante, que les permita acceder a un cierto protagonismo en los medios de comunicación.

Los resultados electorales del pasado 31 de octubre comportaron un infortunio inmovilizante colmado de perplejidades, pues nunca esperaron que las fuerzas progresistas superaron la suma de los demás partidos, al que se añadían perversamente los votos anulados y en blanco. Y como era previsible, especularon con repetir el balotaje de 1999, donde la dirigencia nacionalista ordenó a su electorado sufragar por el doctor Jorge Batlle, oportunidad en que se conformó la ansiada «familia ideológica», propiciada a gritos por la derecha.

Como es público y notorio, la actual Administración, respetando el derecho de las minorías, ofreció a la oposición los lugares de contralor que legítimamente les correspondían, actitud que ella no observó en los comicios de aquel año, pese a que la izquierda representó el 40 por ciento de la voluntad popular. Y como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta el último pronunciamiento de las urnas, se reservó las mayorías absolutas en todos los organismos del Estado.

Pese a estos antecedentes -que revelan cuál ha sido el comportamiento de unos y otros- la oposición tiene el tupé de exigir un cogobierno dentro del Directorio del Banco de la República, exigencia que es correctamente desestimada, pues la gente laudó para que la izquierda no sea rehén o cautiva de ninguna fuerza política, y sí lleve adelante los cambios que se vienen procesando. Y como se sabe, esa fue la piedra del escándalo para condenar al fracaso los acuerdos concertados hasta el momento.

En este contexto, resulta una falacia la acusación de que el gobierno no quiere que se lo controle o fiscalice, estrategia autoritaria que ellos desarrollaron con puntillosa mezquindad, hasta el último primero de marzo. Y están disgustados, porque han quedado prisioneros de sus propias palabras, cuando renuncian a tener representación en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados, con lenguaje vehemente y definitivo. Porque ahora ensayan otro dislate, cuando reivindican mantener mayorías en la Corte Electoral y Tribunal de Cuentas, invocando el instituto de la compensación, cuando les consta que esos organismos se integran respetando el veredicto del pueblo a través del principio de proporcionalidad integral, históricamente tan invocado precisamente porque quienes deberían velar por su cumplimiento.

Pero en definitiva lo que se busca con estos artificios es encontrar la coartada para llenar las decenas de cargos vacantes -los que podrían desaparecer- si el Poder Ejecutivo promueve su eliminación por razones económicas.

Adviértase que en el torbellino de contradicciones que exhibe la oposición, unos se jactan de que la izquierda sigue los lineamientos de la anterior Administración, mientras que otros lo acusan de transitar por un cauce marxista. Denuncian la inoperancia en materia de propuestas, pero simultáneamente acusan al gobierno de imponer leyes amparado en su mayoría parlamentaria.

Lo que importa -porque así lo dicen los datos de la realidad- es que los cambios prometidos comenzaron a concretarse y, como es obvio, ello preocupa a la dirigencia de la oposición, ya que ello se traduce en el alto porcentaje de apoyo que tiene el Presidente de la República. Obsérvese que el Plan de Emergencia está en pleno funcionamiento para atender a los 200 mil indigentes que ellos dejaron, mientras que contaremos con un Presupuesto Quinquenal que recuperará salarios y pasividades. Pero además dará prioridad a la salud, educación y seguridad, sin recurrir a los ajustes fiscales, que con tanta ferocidad nos impuso el denominado «gobierno de coalición».

No conciben que el Consejo de Ministros vaya al Interior a dialogar con la gente, como tampoco que se haya concretado con Venezuela un portafolio negocial por más de 131 millones de dólares. Están molestos porque el presidente del BID, Enrique Iglesias, admita públicamente la seriedad con la que se conduce el equipo económico, y guardan silencio sobre los espacios que se van ganando en el tema de los derechos humanos, asunto por el que jamás dieron un paso, para localizar los restos de los detenidos desaparecidos.

Plantean demagógicamente una jubilación mínima de $3.000, con la finalidad de desmerecer las mejoras anunciadas por el gobierno para las más sumergidas, pero se cuidan de comentar que en los últimos cinco años, aquellas perdieron un 23 por ciento de su poder adquisitivo. Y no dicen una sola palabra, cuando se sabe que la Aduana en materia de contrabando, ha confiscado en cinco meses bienes por una cifra superior a la obtenida por la administración anterior en todo su mandato.

Como le consta al lector racional y reflexivo, el inventario de los correctivos y logros que se vienen reflejando en el territorio nacional bajo la conducción de la izquierda, deben ser permanentemente memorizados, pues el olvido es la única herramienta con la que especula la oposición, para que su margen electoral no se desplome. *

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