La ampliación del Consejo de Seguridad
Se cumplen los sesenta años de las Naciones Unidas. El éxito del organismo internacional para ahora indiscutido. No se han solucionado todos los problemas que el mundo enfrenta, pero es evidente que sin su acción estaríamos frente a situaciones de mayor injusticia y dificultad.
Una de las razones por las cuales la ONU tuvo éxito, con relación a organizaciones de parecidos propósitos que se intentaron con anterioridad, es la creación del Consejo de Seguridad. Se consagro allí, a través de las potencias triunfantes en la segunda guerra mundial, el derecho al veto. La fórmula, injusta sin duda, dio excelentes resultados. Es evidente que la igualdad en las distintas naciones no hubieran permitido asumir en muchas oportunidades responsabilidades efectivas por parte de quienes tienen, por su dimensión y antecedentes, que tomar acciones decisivas.
El derecho al veto fue una concesión que Estados Unidos y Gran Bretaña hicieron a Stalin y la Unión Soviética en la conferencia de Yalta, en las postrimerías del gran conflicto de mediados del siglo XX.
Fue el último encuentro al que concurrió el Presidente Roosevelt. Falleció pocas semanas después. En Posdtman ya Henry Truman estaba al frente del Gobierno de Estados Unidos.
Churchill estuvo también en esta última cita, pero solo por la mitad, por cuanto durante su transcurso se efectuaron las elecciones en las que resulto derrotado por los laboristas.
Lo concreto es que esa solución, que pareció transitoria, termino perdurando en estos sesenta años.
Cincuenta y una naciones fundaron las Naciones Unidas. El bloque soviético era una clara minoría entre las mismas. Stalin se negaba a participar de una organización de ese tipo por temor a verse envuelto en decisiones que creía podían ser perjudiciales. Estados Unidos y Gran Bretaña estimaban necesario un ámbito de cierta institucionalidad para dialogar con la potencia emergente. La solución fue el Consejo de Seguridad con veto de los llamados «cuatro grandes».
En estos momentos esa estructura esta a punto de modificarse. El veto sería sustituido por países con presencia permanente en el consejo. En esta oportunidad otros elementos será necesario tener en cuenta.
Surgen distintos candidatos a integrar el consejo. El primero de ellos parece ser Japón. Entre otras cosas porque es el segundo país aportante de recursos para mantener el funcionamiento de las Naciones Unidas. Provee el veinte por ciento de los fondos. Apenas por debajo de Estados Unidos, que suministra el veintidós. Muy por encima de los otros miembros del organismo con derecho a veto, Reino Unido (6%), Francia (6%), China (2%) y Rusia (1%). La política a favor de la paz que ha llevado adelante esa Nación acrecienta sin duda su opción. Ha participado en ocho operaciones de mantenimiento de la paz y cinco operaciones de ayuda humanitaria internacional.
Alemania es tan bien candidata a ocupar un lugar en el Consejo.
Sin embargo, resulta evidente que debería aumentar la presencia de los paises denominados «en vías de desarrollo» en el Consejo. Por lo pronto no es de recibo, vista la situación internacional, que el mundo árabe permanezca al margen del mismo. En ese sentido surge Egipto como el candidato con mayores posibilidades.
Por su peso demográfico, es razonable pensar que la India también va a estar presente en el nuevo consejo.
También América Latina tiene la ambición de acceder a un escaño. Brasil desde hace ya cierto tiempo ha lanzado una ofensiva diplomática en busca de ese objetivo. Sin embargo no existe la unanimidad al respecto. Por lo pronto México tiene mayor producto bruto, y eso es gravitante. Países como Colombia y eventualmente Argentina, podrían no coincidir en esta postulación. Si la discrepancia persiste, esto bien puede dejar abierta la posibilidad de que otra Nación, con menos tamaño, pero en mejor capacidad para lograr el consenso necesario, pueda finalmente acceder a ese cargo. Por ejemplo Chile.
Lo cierto es que las Naciones Unidas, luego de sesenta años de fecunda, aunque ello no quiere decir sin dificultades y frustraciones, existencia, proyecta transformaciones de fondo en su estructura.
Uruguay fue uno de los países fundadores. Jugo en determinadas circunstancias roles relevantes. Por ejemplo en la fundación del estado de Israel, de la cual muchos compatriotas nos sentimos orgullosos. Por todo ello la posición que habrá de sustentarse en los cambios proyectados debe constituir motivo del más amplio debate nacional, para llegar posiciones de consenso aceptados por la sociedad entera. *
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