El sueño imposible de la jubilación doble

Hace ya diez años, el Senado se encontraba en plena discusión sobre la reforma del sistema de seguridad social. Más que reforma, discutía sobre la desaparición del sistema solidario como tal y trataba de imponer a la vez, un plan de acumulación de ahorros individuales administrados por instituciones financieras que funcionarían bajo un régimen de derecho privado, es decir, la entrega coercitiva de los aportes de los trabajadores que después serían ajenos al manejo de la administración de los recursos que presumiblemente eran suyos.

Diez años después de impuestas, las AFAP son el símbolo del fracaso de las decisiones políticas de las dos últimas coaliciones que nos gobernaron y lo único que queda en pie, es que esos gobiernos cumplieron al pie de la letra un mandato de los organismos financieros internacionales privatizando una parte de la seguridad social.

No obstante, las AFAP tienen la defensa permanente e incondicional de algunos dirigentes políticos a los que les cuesta analizar resultados y de algunos medios de comunicación apegados al poder financiero y de innegable tradición de derecha, como el semanario Búsqueda. Esta última, publicó hace algunas semanas, «un resumen» de una entrevista que le concediera el actual presidente de República AFAP S.A., doctor Héctor Olmos. En el «resumen», Olmos define desde el comienzo su pensamiento con relación al sistema del que forma parte la empresa que preside: «el régimen previsional de ahorro individual no contribuye a mejorar la distribución de la riqueza». Más adelante agrega: «En países como Uruguay, donde el empleo está muy lejos de ser pleno, el sistema de reparto es mejor porque es más equitativo y un instrumento muy importante de los gobiernos para redistribuir la riqueza. Ese es el fin y el sentido de la seguridad social».

El periodista se podía haber ahorrado el resto de la entrevista. Ya sabía a quién tenía enfrente y cómo pensaba. Pero Búsqueda es así. En el número siguiente, el del 7 de julio en su página 6, un columnista del semanario que se apresura a aclarar que no está «al servicio de los partidos tradicionales», toma el contenido del «resumen» anterior y pretende un alegato reiterado, vacío e ilusorio de un sistema, cuyos propulsores hoy están todos escondidos.

Primero pretende que Murro, presidente del BPS y Olmos, piensen como él, olvidándose que hoy existe un nuevo gobierno que asumió un compromiso con la gente y que las decisiones no se toman más desde las columnas de un medio de comunicación. Pero el colmo es cuando se ubica en consejero de Olmos, funcionario de carrera dentro del sistema de seguridad social durante más de treinta años y le señala qué es lo que debe hacer como presidente de la empresa República AFAP S.A., lo que no deja de ser un atrevimiento que linda con lo hilarante.

No vamos a descubrir cuál es el interés que tienen quienes desconocen una realidad indiscutible para defender entes parásitos que de nada le han servido al país y que en la oscura administración de la que nadie puede pedir cuentas, se manejan los recursos ajenos por parte de gente que, acunada por el poder político, se asignó sueldos de otro planeta.

Pero además, ¿no se iba a terminar la evasión? Hace pocos días los cuerpos inspectivos de la DGI y el BPS detectaron un 60% de evasores, cuando hace 10 años sin AFAP la evasión era del 38%.

El sistema solidario es sustituido por una renta vitalicia que incrementa las desigualdades sociales, pues la prestación es estrictamente dependiente de la acumulación del ahorro. Llevamos quince años de debacle laboral, que es la mitad de la vida activa de un trabajador, media vida de crisis. ¿Quién suple los ahorros no aportados durante períodos de seguro de paro, desocupación, empleos temporales y evasión tomada como cultura empresarial?

No han dado ninguna solución al problema del envejecimiento ni al mercado del trabajo informal.

No han aportado nada al crecimiento económico ni generan ahorro nacional y además se han transformado en acumuladoras de riqueza, sujetas a los vaivenes de una economía globalizada que pone en riesgo de desestabilización al país, pues nadie puede garantir su buena administración.

En definitiva, estos poderosos parásitos que acumulan el aporte de los trabajadores es muy factible, si no se toman medidas urgentes, que suman al Uruguay del futuro cercano en una sociedad apocalíptica, dado que muchos miles de trabajadores de hoy dependerán de las dadivosas miserias de las AFAP de mañana y no serán defendidos por Búsqueda seguramente, sino por un sistema solidario intergeneracional, el único que garantiza dignidad. *

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