El complejo del Club Naval
El 3 de agosto pasado se cumplieron veintiún años del acuerdo del Club Naval.
La fecha histórica, pese a su indiscutible significación, pasó prácticamente ignorada entre los medios de comunicación y en el espectro político y social del país. Apenas una nota periodística –muy sagaz por cierto– publicada en el diario LA REPUBLICA, que hurga en la izquierda nacional acerca del significado de aquel acuerdo, con escuetas y contradictorias respuestas.
El propio Partido Colorado, que otrora lo reivindicara como un logro político trascendental para una «transición en paz», sugestivamente lo omite en su agenda de efemérides. El Partido Nacional por su parte, fiel a su estrategia, continúa proclamando que «los nacionalistas no participaron en el Pacto del Club Naval.»
Es como si la sociedad toda tuviera una suerte de complejo acerca de reivindicar un hecho que «aseguró, despejó toda duda posible respecto a que iba a haber elecciones y que la dictadura militar terminaba», como muy bien definía hace unos años un ex vicepresidente de la República.
Mucho se ha dicho y escrito acerca del acuerdo en estos más de dos décadas que van desde aquel 3 de agosto de 1984 hasta hoy. A favor, y en contra. De buena fe, y de mala fe. De lo que el acuerdo dice, y de lo que no está escrito, pero igualmente dicen que dice.
Lo cierto es que el acuerdo del Club Naval es una instancia ineludible –por presencia o ausencia– en las estrategias de los distintos partidos políticos y de las Fuerzas Armadas en el poder. Porque todos los actores eran conscientes de que la salida de la dictadura sería a través de un acuerdo. Las Fuerzas Armadas, porque así lo habían planificado: una salida sobre la base de los partidos tradicionales. Los partidos tradicionales, porque así había sido históricamente. El doctor Sanguinetti definía el tema en diciembre de 1982, a la salida de las elecciones internas partidarias con estos términos: «La salida será entre los dos partidos tradicionales y los militares. No hay salida posible sin una de esas tres patas del trípode político del país.»
El propio Ferreira Aldunate rescataba la importancia de la votación en esas mismas elecciones internas, como respaldo de los representantes del Partido Nacional hacia las negociaciones con los militares en el Parque Hotel, donde se acordarían las bases de una nueva Constitución sobre la que se asentaría el traspaso del poder.
Y para el Frente Amplio porque el acuerdo representaba la culminación de su estrategia de «concertación» de esfuerzos opositores a la dictadura, «movilización» de los mismos como forma de presión, y desde la posición de fuerza alcanzada proceder a la «negociación» de la entrega del poder por parte de la dictadura.
«Negociamos porque somos fuertes; de lo contrario se nos impondrían las soluciones. Pero negociamos también, porque el enemigo es fuerte, porque no somos capaces de imponerles todas nuestras soluciones.»
«El Frente Amplio negocia, y puesto que se trata de una negociación política, no se apoya en teorías jurídicas sino en la fuerza que resulta de la movilización popular. Y es así que logra que la dictadura acepte algunas, aunque no todas sus propuestas. Eso es todo, ni más ni menos.» El acuerdo alcanzado responde entonces a una correlación de las fuerzas en pugna en ese momento histórico y al mejor uso que cada uno de los actores hizo de sus potencialidades.
Por encima de cualquier otra consideración, es el fruto del realismo de quienes desde el sector político, llevaron adelante la negociación.
Determina la derrota política de la dictadura, de su plan para perpetuarse en el poder mediante una nueva Constitución, y de su estrategia de salida exclusivamente con los partidos tradicionales.
Marca asimismo, un quiebre histórico, el comienzo de una nueva época política en el país: por primera vez una crisis institucional es resuelta sin la presencia de uno de los dos partidos tradicionales y con la participación en primera línea de la izquierda política.
Pero por sobre todo, es el triunfo de una estrategia trazada por el Frente Amplio –concertación, movilización y negociación– que asienta en el pueblo organizado políticamente la construcción de su futuro como nación. *
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