Sobretodos sospechosos

Un cable de Ansa que recoge una información de The Washington Post anuncia las medidas adoptadas por la Asociación Internacional de Policías para evitar la reiteración de ataques suicidas como los de Londres.

Lo más destacable es la recomendación de disparar a matar (y no sólo con fines intimidatorios o neutralizantes) sin más trámite. Dicha Asociación aprobó reglas que permitirán a los agentes de seguridad disparar directamente a la cabeza de los sospechosos de ser terroristas suicidas antes de que éstos puedan accionar sus artefactos.

Los uruguayos no deberíamos asombrarnos por la concreción de una vieja aspiración de algunos políticos conservadores, ya que la propuesta de «gatillo fácil» reaparece cada tanto como solución al aumento de la delincuencia.

Pero a esta altura, el lector se estará preguntando cómo harán los agentes del orden para detectar al sospechoso, ya que no es común que los terroristas suicidas lleven una acreditación en la solapa que los identifique como kamikazes. Pues bien, es muy sencillo. El presunto kamikaze debe presentar ciertas «anomalías»; entre ellas, el sospechoso debe vestir un sobretodo o una prenda abrigada en épocas en que la temperatura reinante no lo justifique, o llevar una maleta o mochila de la cual sobresalgan hilos o cables eléctricos (se ve que los que mataron a Menezes ya habían leído el instructivo). También se consideran sospechosos de ser kamikazes las personas que se muestren muy nerviosas, que transpiren en abundancia, o que presenten quemaduras de ácido en sus ropas, manos o piernas.

Ignoramos si el Uruguay está entre los 89 países nucleados en la asociación que tan sabios consejos brinda a sus asociados. Si así fuera, andaríamos a los saltos en vista de lo cambiante del estado del tiempo que de mañana nos obliga a salir vestidos de invierno y de tarde nos agobia el calor. ¿Cómo evitar recibir un disparo en la cabeza si, además de haber salido de gamulán, por esa misma razón andamos sudando la gota gorda y medio desasosegados por lo incómodo de la situación? Y ni te cuento si tuvimos que manipular la batería porque el cachilo no quería arrancar y nuestras manos exhiben huellas de ácido.

Lo que más cuesta imaginar es cómo habría hecho don Pepe Batlle para zafar de la sospecha… *

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