La espiral perversa del terrorismo

Todos los terrorismos tienen, es obvio señalar, un denominador común y es que el 90% de las víctimas son civiles inocentes.

Las Torres Gemelas, los trenes de Atocha o los subterráneos londinenses con las demás explosiones recientes no habrían sucedido si no hubieran invadido Irak, Afganistán y Palestina. Y a esta altura no soy yo el que lo sostiene sino el 64% de los ciudadanos ingleses encuestados que responsabilizan a Blair de su asociación con Bush en las intervenciones genocidas a los países árabes. Las guerras son todas terroristas desde que el mundo existe. Las torturas, asesinatos, extorsiones físicas y mentales, son más viejas que el agujero del mate. Y tanto EEUU como las potencias europeas se han caracterizado por su ferocidad y refinamientos terroristas. Recuérdense los baños de nalpam (fuego líquido) sobre miserables chozas de paja en los arrozales vietnamitas llenas de niños y familias inocentes. Memoricemos Hiroshima y Nagasaki con sus bombas atómicas en ciudades abiertas sin interés militar alguno, inmolando 600.000 mil seres humanos por la culpa de haber nacido japoneses. La propia Inglaterra que hoy se estremece, y con razón, llena de pánico por las bombas asesinas del subterráneo, se enorgullecen de crímenes similares o mucho peores como fue la «guerra del opio».

Hoy los vemos circunspectos y trémulos por un crimen monstruoso. Es muy cierto. Pero no es mayor que los crímenes cometidos por la misma «rubia Albion» en la India del Gandhi, en América en su momento o cuando financiaban y apoyaban la piratería naval asolando los buques mercantes de las demás naciones. Y los piratas asesinos eran condecorados con títulos nobiliarios en Londres que usufructuaban de sus depredaciones. Construyeron su «grandeza» histórica sobre millones de tumbas de inocentes víctimas a lo largo y ancho del mundo.

Hoy mismo no trepidaron en asociarse a EEUU y a Israel para seguir aprovechando guerras depredatorias genocidas.

LA REPUBLICA reproduce las declaraciones del alcalde de Londres, Ken Levington, que denuncia o lo que es lo mismo reconoce, que los ataques sufridos son producto de sus intervenciones en países de Medio Oriente. No es la «ideología del mal» alejada por Blair, imitando a Bush, la causante del desastre terrorista. Afirma que en «80 años hemos intervenido en los países árabes debido al petróleo». ¡Que por supuesto, es árabe! A confesión de parte, relevo de prueba. A Bin Laden lo entrenó y financió EEUU para luchar contra los rusos a favor de Afganistán. A Saddam Hussein lo pusieron ellos y lo armaron. Incluyendo las «cepas» bacteriológicas en la guerra contra Irán y los kurdos. Cuando Saddam se hizo el «loco» invadiendo Kuwait, cuyo petróleo en los hechos era de ellos, ¡faltaba más!, lo barrieron en la primera guerra «tormenta del desierto». Diez años después, pudiendo haberlo sacado en el ínterin, no lo hicieron por ser «muro de contención» contra los ayatollah iraníes. Cuando se mandó la segunda «pruebita» de venderle a los franceses, alemanes y chinos el petróleo más barato que a la USA iniciando el «despegue» del euro sobre el dólar, Bush «descubrió» que Saddam era un perverso y lo barrió de nuevo. Ayudado claro está por ingleses, judíos, españoles y algunos «vivos» más que llevaban sus «pitanzas» que eran «bidoncitos» de petróleo en definitiva. ¡Defensa del bien sobre el mal! ¡Pura ética humanista! Claro, la prensa internacional solo menciona como terrorismo el de los poderosos. La destrucción de Bagdad o Basora no figuran con el dramatismo de las Torres Gemelas, los trenes de Atocha o el actual subterráneo.

Tan seres humanos son los árabes que lloran a sus muertos asesinados alevosamente como los yankis o ingleses que también lloran por los suyos olvidando que fueron sus ejércitos, gobierno y poderes económicos los culpables de millones de víctimas cuyo crimen despertó este odio que espanta. Toda guerra lleva ínsito el terrorismo. Hay que examinar las razones éticas de cada una. Una cosa es invadir y asolar para quedarse con tierras, riquezas y arrastrar valores de libertad, soberanía y derecho de los pueblos a elegir el gobierno que deseen. Y otra muy distinta, cuando en inferioridad de condiciones notorias se recurre a la misma en defensa de esos valores libertarios y soberanos. Nadie en su sano juicio puede aprobar el terrorismo. Pero tampoco el crearlo como lo hace Bush, Blair o Sharon.

Las naciones chicas o débiles, tienen el legítimo derecho a sus soberanías, libertades y riquezas propias. Nosotros, gracias a Dios la obtuvimos. Hay muchas que no han tenido igual suerte. Euskadi, Irlanda, Chechenia, etc. o países que soportan gobiernos títeres puestos a «paladar» de los imperios o arrasados directamente por ellos. El terrorismo no nace por generación espontánea. Lo repudio enfáticamente. Sea del lado que sea. Pero como nacionalista que espero morir siéndolo, apruebo y defiendo las luchas libertarias aún con sus consecuencias, de las patrias del tercer mundo explotadas por los imperios, responsables de los auténticos terrorismos. *

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