Este grito a la patria salvó
Se parece a una novela tragicómica lo de Gavazzo y compañía pero lamentablemente es realidad. ¿Que los militares que colaboraron con la dictadura en Uruguay se resistirán a ir a declarar a los Juzgados? Los que hacen estas declaraciones públicas no tendrían que tener permiso a tener armas de ningún tipo. ¿Armados para qué? ¿Contra quién? Se diría que quienes así se expresan aún viven en otras épocas. Lo cierto es que nuestro país será la mira del mundo, más bien el hazmerreír si este sainete se repite, pues más que conflictiva es anacrónica.
¿Democracia o no democracia? Alguien por favor que les avise a ciertos militares que gracias a Dios y a pesar de Satanás, la era de los dinosaurios verdes ya pasó. Que no ensucien más una institución como la militar -la del General Líber Seregni y la del prócer Don José Artigas- que por cierto no se dedica a esconder asesinos ni se enorgullece de albergar depravados y que actualmente se revuelve con las contorsiones propias de quien se prepara para vomitar a sus traidores. Un cuerpo de instruidos para defender la libre patria por la que tanta sangre de valientes fue vertida, nunca podría ser amparo de viles violadores de personas y de Constituciones, nunca.
Nada es más implacable que el tiempo y llega. Siempre y aún por laberínticos caminos se abre paso. Ella -la que paciente espera- también es eterna y antigua como el mundo aunque tan joven, saludable y bella como la más tierna virgen; se llama Justicia.
Suerte o desesperación para los que no estamos en la piel de los legisladores y gobernantes que ven hacerse trizas los sueños e ideales, frente a la cadavérica realidad de una sociedad que se parece a un páramo, donde resulta en lo inmediato utópico sacar algo bueno luego de que la han asolado durante casi dos siglos.
Un país mal alimentado a propósito y adiestrado a no pensar más que con la urgencia de la panza que chifla, al que será imposible restituir capacidades físicas e intelectuales de generaciones degeneradas por la mala vida que se les brindó a costa de los privilegios de muy pocos. Una cultura del miedo, del hambre y del viaje con pasaporte o con la droga de turno. Un país de emigrantes, de ancianos, donde la escasa población es endémica y sin embargo es normal matar el fruto de los vientres porque si nacen no se les puede mantener. Con eso deben lidiar los revolucionarios dirigentes estatales de hoy. ¡Esa es la patria o la tumba! Donde la izquierda, aún instaurando políticas sociales progresistas, deberá recorrer caminos de derecha como estrategia de supervivencia hasta madurar políticamente y lograr el poder en el gobierno. Mientras tanto, aguanta tiros por guardia y retaguardia sin chaleco antibalas como inevitable derecho de piso. Es que los que no llegaron no perdonan a los que están, ni se reconocen autores de los flecos de país que nos dejaron. Y no les importa la gente. Les importa -lamentablemente a muchos blancos y colorados- hacer campaña política durante estos cinco años a ver si en las elecciones que vienen pellizcan algo. Todo sirve a los efectos: desde escrachar al Presidente en la inauguración de un monumento, hasta hacerles zancadillas a los ministros y autoridades donde sea para no dejar gobernar. *
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