Caminos a recorrer
Es importante tener informaciones precisas para que se puedan establecer plazos y tener algún tipo de ideas sobre las metas económicas que se ha fijado el Ministerio de Economía y, por lo tanto, el gobierno. Decimos esto en razón de que además de las exigencias financieras que tiene el país para cumplir con el brutal endeudamiento que padece, existen otras obligaciones que, obviamente, no pueden trasladarse al futuro. Hablamos, por supuesto, de la obligación que tenemos todos en revertir la marginalidad en la que están inmersos más de un millón de uruguayos, que se mantienen con sus necesidades básicas insatisfechas y otros, los que están peor, que viven en distintos grados de indigencia, situación que termina en los que se encuentran en los escalones más bajos, quienes habitan en precarias viviendas de cartón y chapa, sin actividad laboral y sin ingresos de ningún tipo, o los que ni siquiera tienen donde guarecerse, estando en situación de calle.
Sabemos de las dificultades que existen, de la herencia recibida por el gobierno progresista que se puede cuantificar con un solo dato: la deuda externa uruguaya es per cápita la mayor del mundo. Ello nos plantea, sin duda, obligaciones que no sabemos si en definitiva serán posibles de cumplir, pese a que el Ministerio de Economía ha planteado una política restrictiva en gastos e inversiones con el fin de que el 3,5% del Producto Bruto Interno se convierta en el famoso «ahorro previo» que se debe atesorar año a año y de manera creciente para cumplir con las obligaciones externas.
Ahorro previo que significa una suma gigantesca para los uruguayos, porcentaje de ahorro que anteriormente nunca se pudo alcanzar, por lo cual estimamos que el sacrificio será casi insoportable para el país si no existe una reactivación que determine una rápida mejoría de la performance económica.
El ministro Danilo Astori desde siempre sostiene que para esa reactivación son necesarias las inversiones. Esperemos que se revierta la actual situación, porque el país, pese a su disciplina financiera y a la mejoría de la recaudación, sigue estando entre los que reciben menos inversión del continente y, además, es de los que más expulsa capital, proceso que se verifica de manera continua.
Por ello el endeudamiento que creció de forma gigantesca en el año 2002, fue una política que podría calificarse de «criminal», pues lo logrado de los organismos de crédito multinacionales fueron papeles que no sirvieron para nada y que de inmediato quedaron depositados en la banca norteamericana. Lo único que creció, nominalmente, fue el endeudamiento del país.
Por supuesto, la macrorrueda de negocios con Venezuela que, al parecer, ha determinado interesantes acuerdos, puede comenzar a mostrar un camino para nuestro comercio exterior, pero que no significa la panacea ni mucho menos. El país, por infinitas razones que sería largo de explicar, no puede depender sólo de su comercio exterior, pues los negocios, en razón de innumerables situaciones, a la vuelta del tiempo se pueden revertir. Las industrias dedicadas exclusivamente a estos negocios externos son las más vulnerables, lo que está comprobado por la historia misma del país. Miremos si no lo que ocurría con la actividad frigorífica en Fray Bentos, que le daba trabajo a 18 mil personas. Hoy esa planta se ha convertido en un museo que recuerda aquel emporio de riqueza, mientras los habitantes de la ciudad ponen todas sus esperanzas en las empresas papeleras que, de manera directa, sólo darán trabajo a unos cientos de personas.
Y como contrapartida analicemos la historia de una empresa de punta, orgullo para el país, como es Conaprole, que gracias a poseer una vinculación muy estrecha con el mercado uruguayo, pudo sortear –como infinitas veces lo hizo– las contingencias negativas del comercio externo.
Por las razones éticas que deben guiarnos y por otras que sirven para viabilizar nuestra economía, es necesario que terminemos con la marginalidad, le demos a la gente capacidad de compra y, a la vez, tratemos de mejorar salarios y jubilaciones. El peligro es la inflación, pero existen políticas para sortear este flagelo. Si convertimos al Uruguay en un país más justo, en el cual la distribución d e la riqueza sea más equitativa, encontraremos el camino del éxito.
Eso es innegable. *
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