Grietas en el silencio
En los últimos días una serie de informaciones de origen oficial están permitiendo avanzar en el conociendo del país tal cual es.
Declaraciones de ministros, de directores de Entes Autónomos o de militares han empezado a disipar el espeso tabique que separaba el país real del país de la mentira, al Uruguay de las apariencias.
Un aspecto capital de este redescubrimiento tiene su origen en la decisión del Poder Ejecutivo de plantear, en términos inéditos, la búsqueda de la verdad y para eso habilitar las indagaciones dentro de unidades militares.
Después de treinta años de algunos crímenes, y de más de veinte años de democracia, se producen las primeras grietas en el ‘pacto de silencio’ que mantuvo oculto el destino de las víctimas de la desaparición forzada.
Ese resquebrajamiento era y es indispensable para que la luz de la verdad empiece a resplandecer. Pero, al mismo tiempo, nos invita a una amarga reflexión: ¡cuántas mentiras acumuladas! ¡Cuánta hipocresía diseminada en los discursos públicos de los defensores civiles y militares de la impunidad!
No nos apresuramos a cantar victoria. Sabemos que las fuerzas que durante tantos años sustentaron la impunidad ensayarán salvaguardar la mayor cantidad de espacios posibles de ocultamiento y silencio.
Sabemos también que será necesario el mantenimiento de la atención pública, de las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, del periodismo de investigación, de los partidos comprometidos en la lucha contra la impunidad y de los familiares de los desaparecidos.
Los ejemplos de Argentina, Chile y Brasil muestran que esta lucha es de larga duración y requiere tenacidad, coraje y mucha precisión en las iniciativas que se adoptan. Nuestro movimiento popular ha dado pruebas de que es capaz de actuar con esos criterios y esas virtudes.
Otro capítulo impactante de la puesta de estado público del «país real» lo constituyen las contundentes declaraciones del ministro de Industria, Jorge Lepra.
El ministro, cuya cartera actúa como punto de referencia institucional para los Directorios de UTE, Antel y Ancap, realizó para el semanario Búsqueda un resumen de las informaciones sobre las irregularidades, cometidas en varios planos, por los Directorios anteriores de esas tres grandes empresas del Estado.
La gravedad de las denuncias formuladas por el ministro Lepra, curiosamente, no han merecido la resonancia debida, pero apuntan, de manera serena pero circunstanciada, a una serie de vicios antológicos de las pasadas Administraciones que han comportado para el Estado despilfarros multimillonarios.
Las denuncias efectuadas por los directores de esos organismos públicos significan como una oleada de aire fresco destinada a sanear el clima en que se desarrollan estas actividades, históricamente tan importantes para la economía de nuestro país.
Pensar una estrategia de desarrollo requiere pilares como UTE, Antel y Ancap, pero esos pilares no pueden estar, como ha sucedido hasta ahora bajo los gobiernos blancos y colorados, por el saboteo del despilfarro, del clientelismo y las múltiples formas de corruptela que han proliferado en los últimos años.
Al tiempo que muestran un estilo de acción política, que consistía en usar el aparato del Estado como propiedad privada de los mandatarios, el fortalecimiento ético de las grandes empresas es un paso imprescindible para una mejora de la gestión, para un aumento de la productividad y una rebaja de las tarifas.
Finalmente son de destacar las expresiones del Presidente del Directorio del BPS, Ernesto Murro. La supresión de aportes al BPS, que ha beneficiado indiscriminadamente a empresarios que operan en distintos campos de la actividad (rurales, de la educación privada, etc.), ha constituido una forma de subsidio encubierto, una forma solapada de privilegiar a algunos en detrimento del conjunto de la población económicamente activa.
La necesidad de revisar esos privilegios, anunciada por el jerarca, también marca un hito en la lucha contra las diversas formas de corrupción y constituye un paso más en el acercamiento al país verdadero con el que hay que contar como punto de partida. *
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