Seguridad
No puede haber inversiones, desarrollo, incentivación económica, etc., sin seguridad. Es impensable traer capitales interesados para crear industrias o empresas si no hay un marco no sólo de estabilidad económica sino también de la más elemental y primaria en lo social. El gobierno, ya lo hemos dicho alguna vez, sin ponerme en opositor o contra contumaz sino con fría objetividad, tiene la casa muy revuelta.
Y no se me conteste con argumento exitista, que en seis meses no se puede hacer lo que no se hizo en 100 años. Por supuesto, que seis meses es un plazo breve, pero decir de mala fe que en 100 años no se hizo nada, se olvidan de ex profeso que se hizo un país que fue orgullo de América. Eso es real. Veremos qué se hace de acá en más.
Es cierto que en todos los órdenes, en ese tiempo se usufructuaron otras realidades, en derechos humanos, en seguridad social, en desarrollo cultural, en estabilidad económica se aprovecharon las grandes guerras, que las demás naciones continentales pudiéndolo no lo hicieron. Incluso en justicia social, donde las diferencias y distancias con cualquier patria hermana americana fue abismal. No queda bien que hablen de lo que en Uruguay no se hizo, notorios partidarios de regímenes de partido único donde las soluciones han sido tribunales sumarios con paredones incluidos.
Por supuesto, que no obstante lo dicho injusticias había a montones en nuestro paisito. Pero comparado al resto, su proporción es tan menor que no amerita ese odio y encono con que se alimentan y se defienden cuando las cosas no están saliendo. Creo sí, que el partido o coalición de gobierno electoralmente prometió demasiado. Ganaron.
Ayudados por el gobierno paupérrimo de Jorge Batlle y circunstancias económicas internacionales críticas que aportaron lo suyo. Pero lo cierto es que las promesas están y comprometen. Sectores que nunca fueron gobierno y hoy se encuentran con que la pelota es del cuadro de ellos, piensan en soluciones rápidas cuando ni siquiera en un país próspero se dan en la inmediatez. Por ende, no se puede improvisar. Una de las medidas manejadas en su momento era la tesis de soltar 700 presos para desintoxicar las cárceles, por más primarios que fuesen, de una sentada. O sea, a la inseguridad absoluta que comienza a la caída del sol en el centro y se agrava acelaradamente en los barrios, se agrega esta noticia, que aunque ahora se le quiera modificar, no es para que el espíritu social se tranquilice.
Montevideo se ha transformado en una ciudad enrejada. Y no ya a nivel de grandes menciones sino incluso de modestas viviendas de nivel medio. Después de las 20.00 horas la capital se muere.
El propio centro, 18 de Julio principal arteria, desaparece el bullicio ciudadano usual que tuvo hasta pocos años. Ni qué mencionar, no ya las calles sino las propias avenidas en los barrios. Bulevar Artigas, a título de ejemplo, siendo nuestro principal y lujoso bulevar, después de las 22.00 horas se corre grave riesgo físico su tránsito peatonal. Arrebatos, asaltos, golpizas, la prostitución más variada, drogas y otras menudencias son notorias. Las compañías de seguros, no el banco que en su reconocida vocación de servicio apechuga con todos los desastres y los paga, sino las privadas y con razón justo es decirlo, rechazan en grandes bolsones urbanos riesgos de robo en zonas llamadas rojas.
Y no se piense en cantegriles o zonas carenciadas, sino en barrios socialmente medios u obreros comunes. Ejemplo: la Unión, Puerto Rico, Manga, Cerrito, parte de La Teja, Tres Ombúes, La Paloma, parte del Cerro, igual Nuevo París, etc. Donde los riesgos de robo o se rechazan redondamente o se exigen tales seguridades que se hace injustificable por su costo el contrato. Las viejas alarmas pasaron a la historia. Hoy se exigen con respuesta y conectadas a agencias particulares de seguridad. Increíble.
Hay más tranquilidad o seriedad en las empresas privadas que en las comisarías que usualmente llegan tarde. Hay zonas determinadas donde a la Policía le cuesta entrar.
No digo por supuesto que no se liberen presos. Pero sí, que queden a la discrecionalidad de la Justicia caso a caso. Es de sentido común. Súmese a esta historia de inseguridades, las permanentes revueltas carcelarias con las reiteradas huidas de peligrosos infantos o delincuentes comunes de alto riesgo. No se puede improvisar en base a bonachonas intenciones de legisladores o jerarcas inexperientes o comedidos sobre temas de seguridad y tratamientos o penalizados que culminan con el escape y delitos posteriores de los mismos. Hoy una familia normal, clase media, con hijos liceales o universitarios en horas nocturnas, o simples parejas de novios o esposos que van a un cine o teatro, ignoran su vuelta sana y salva o si no encuentran su residencia vaciada. No hay derecho a la exageración demagoga o tontería de creer o hacer creer que todo lo que en los 100 años últimos pasó, era malo y hay que cambiarlo.
Hubo errores y cosas malas sin dudas. Pero no sea que todo resulte como la política económica neoliberal, causa de infinidad de males. Estoy de acuerdo. Pero después que se la denostó durante 70 años, se la sigue repitiendo hasta en puntos y comas, con idénticas medidas y consecuencias guiadas por el tan maldecido FMI.
En buen romance, la seguridad es fundamental para la vida misma de la familia oriental sino también a la imagen a dar y por la que se «brama» para atraer capitalistas internacionales que no se pueden animar a invertir ni una dracma o maravedí acá, por temor a que se los pelen antes que el barco entre en la bahía. *
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