Sobre el mercado interno y las economías pujantes

El intento de ganar ideológicamente a los uruguayos para que eviten presionar sobre el gobierno para que éste no cumpla con sus objetivos de modificar la situación del millón de uruguayos que se encuentran bajo la línea de la pobreza, continúa siendo el objetivo de muchos. Y también de economistas y publicaciones que se caracterizan por el objetivo de congelar la realidad y mantener el lucro en manos de los mismos dentro de esta sociedad tan desigual en que todavía vivimos.

Por ello debemos comentar unas líneas publicadas ayer en el suplemento Economía & Mercados que aparece junto al diario El País, en que el periodista le pregunta al economista Michele Santo lo siguiente: «En los últimos tiempos los países que muestran tasas de crecimiento más altas en el mundo son en la mayoría de los casos economías relativamente pequeñas y con mercados internos reducidos. ¿Qué lecciones debería tomar Uruguay en ese sentido?»

Una pregunta dirigida al corazón mismo de una polémica que, obviamente, se encuentra en el centro de la problemática que enfrenta nuestro gobierno que está enfrentado a una realidad difícil y que los representantes de la derecha tratan de congelar.

Y, por supuesto, la respuesta de Santo –irrelevante en su contenido pero ejemplar dentro del marco de los objetivos de la derecha– remacha el concepto sosteniendo que economías pequeñas como las del sudeste asiático, Irlanda y Chile –«ejemplo en el continente al que deberíamos de imitar»– que no temieron abrirse al mundo, tienen mayor dinamismo porque al integrarse a un país los flujos del comercio internacional, el «tamaño de su mercado interno se vuelve irrelevante».

Esperada la pregunta pero insólita su formulación y, por supuesto, la respuesta que era la misma que daban algunos economistas de la escuela de Véhg Villegas, cuando se produjo esa apertura al mundo, mentirosa porque no tuvo en cuenta la inserción en el mercado internacional de la producción nacional, resultado de lo cual la industria autóctona comenzó a resquebrajarse por el ingreso a granel de los flujos externos que para Santo parecen la panacea.

¿Qué hay en el fondo de la pregunta y en la respuesta? Claramente el objetivo de mantener la actual realidad del país, este verdadero cataclismo de insólita gravedad, en que un tercio de la población está por debajo de la línea de la pobreza. Y por supuesto el sostener que el país debe cumplir a toda costa con los organismos multinacionales de crédito, aunque la realidad   lamentablemente   diga lo contrario.

Lo más sorprendente es lo que sostiene Santo, mostrando más ignorancia que transgresión de verdad, cuando habla del sudeste asiático, de Chile e Irlanda. Sería bueno que el economista buscara alguna vez la objetividad, releyera sobre las realidades que menciona y, más allá de las deformidades de esas economías, reconozca que en los tres ejemplos que maneja existen mercados internos crecientes y pujantes, sobre los que se asienta una de las patas de las industrias que han crecido y compiten en el exterior.

Sostener lo contrario –como se hace en ese trabajo periodístico publicado en Economía & Mercado– es poco serio.

Tratan, en definitiva, de trasladar la contradicción que se manifestó entre los partidos tradicionales y el Encuentro Progresista en el marco de la campaña electoral, ahora a la interna del gobierno progresista.

El lamentable objetivo es congelar la actual situación. *

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