Los dos terrorismos
Que es un crimen de lesa humanidad no hay dudas. El atentado contra civiles inermes dentro de un subterráneo es para mentes muy retorcidas con odios viscerales muy profundos. Y acá, hay que detenerse a repensar muchas situaciones. Las guerras convencionales con estrategias talentosas tipo napoleónico, pasaron a la historia. La disparidad de fuerzas y la tecnología de las grandes potencias sobre el resto del mundo hace imposible hacerles frente. Irak fue un ejemplo tipo. Cuando EEUU decidió invadirlos, los aplastó. Claro, el recurso sumamente eficaz es la resistencia interna posterior de los países débiles y donde se encuadra el terrorismo. En definitiva, todo es terrorismo. Tanto el que vuela una torre o un subterráneo lleno de inocentes, como los ejércitos con armamentos altamente sofisticados, misiles de largo alcance y bombardeos masivos sobre ciudades abiertas, masacre de cientos de miles de ciudadanos, mujeres, hombres y niños. El permanente desgaste del atentado diario con cuatro, diez o doce muertos mella la moral y se vuelve insoportable incluso para ejércitos poderosos como el yanki. O sea el poder desbordante de los imperios se enfrenta a la sutileza y refinamiento de los hijos de Saladino.
Es obvio que la política internacional debería tomar otro curso. Las tesis soberbias de «defensores del bien sobre el mal» o la defensa de la democracia monopolizada al paladar de EEUU, deben acabar y humanizarse. Hace un siglo, la propia Inglaterra, en defensa de sus factorías de droga, hizo la famosa y genocídica guerra del opio arrasando con la China. Los masacró para que siguieran consumiendo el barbitúrico. Macanudo. Con el mismo sentido el impávido Sr. Bush nunca debió contra la voluntad de la ONU y del mundo civilizado hacer la segunda alevosa guerra del Golfo. Todos se lo pidieron, salvo Blair y Aznar que se anotaron para sacar la correspondiente tajada. Incluso en sus propios pueblos había una muy fuerte corriente pacifista anterior a la invasión. Invasión que tenía la mayor de las crueldades y ferocidad que es de suponer y la inmoralidad inoculta de que Saddam Hussein por más dictador que fuese había sido puesto, mantenido y armado por ellos mismos. Increíble. En puridad, para el pueblo iraquí que veía al invasor hollar y violentar su suelo patrio, soberanía, independencia y libertad para quedarse con su petróleo que no era otra cosa en definitiva, elevaron a Saddam al estrado de héroe nacional.
Y hoy después que le mataron los hijos, arrasaron sus ciudades y familias, etc., hay en el propio seno político yanki, quien sostiene, y no le faltan razones, que la única forma de pacificar Irak terminando con la matanza, sería soltando a Saddam Hussein. No lo digo yo, por cierto. Lo dicen en EEUU. Por una o por otra, lo cierto es que no se puede ir contra la voluntad nacional de los pueblos. A Saddam sólo lo podían sacar los iraquíes. Lo mismo en Afganistán. El régimen Talibán, según la prensa internacional era de barbarie. Prensa que obviamente responde a los imperios. Llama la atención, que después de masacrarlos por tan malos y pérfidos siga peleando su pueblo con brutal ferocidad y sacrificio. Por lo pronto el gas y el petróleo afgano, se lo lleva Bush y supongo que le desviará algunos bidoncitos al Sr. Blair por sus buenos oficios. Todos estos hechos crearon Al Qaeda y a Bin Laden con su terrorismo mundial. El problema ahora por la culpa de políticas intervencionistas imperiales, no hay seguridades válidas en el mundo. No quiero imaginar la alarma y temor en Dinamarca e Italia donde ya avisaron de futuros desastres.
La técnica, sin perjuicio de los atentados individuales cotidianos, cada determinado tiempo, es estallar uno tremendista que cause el pánico general. Se ignora dónde ni cuándo. Tampoco hay apuro. Todos, incluso las religiones, son pasibles del atentado alevoso. Llevados por la pasión religiosa, el propio Vaticano está inerme y a disposición con cientos de miles de fieles en su famosa Plaza, de un atentado criminal imprevisible. Todo lo dicho es real. Hay un primigenio responsable que es el Sr. Bush. Nada habría pasado de no mediar mesiánicas actitudes y desbordes. No se pueden imponer gobernantes y regímenes políticos por buenos que nos parezcan, a ningún país del mundo y mucho menos a pueblos milenarios como Irak que han construido la cultura universal. Tienen costumbres, idiosincrasias, sistemas, artes, idiomas, etc. que no pueden violentar ni desconocer avasallándolas. Nos muestran a los integrantes del G8 reunidos en Escocia. Recién se acuerdan de ayudar a los pobres del mundo. Y está bien.
Pero debieron hacerlo bastante antes de esta reunión cordial y fraterna habiendo evitado tanta guerra depredatoria y asesina como fue y es la llevada contra Afganistán, Irak o Palestina por cierto muy vigentes. Hoy demagogean sonrientes dándose las manos con promesas que ya otrora fueron incumplidas buscando la opinión pública y apoyo mundial. El respeto a todas las naciones, sus soberanías y libertades, sus humanismos y culturas y por supuesto respetando sus producciones y riquezas, caso el petróleo, deben ser sagrados.
De respetar estos principios, se eliminaría la razón de ser del terrorismo. Es algo que Bush y Blair jamás entenderán. *
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