Execrable sujeto
Los errores de concordancia entre sujeto y verbo siguen apareciendo con harta frecuencia. Por ejemplo, la siguiente información sobre estrellas fugaces cuyo título rezaba: «Lluvia de astrolitos iluminarán las próximas noches del Uruguay». (LA REPUBLICA, 05.05.05). Si bien son los astrolitos los que, al entrar en contacto con la atmósfera, se vuelven incandescentes y semejan estrellas fugaces, es la «lluvia» de dichos cuerpos el núcleo del sujeto, por lo que el verbo debe conjugarse en tercera del singular: «Lluvia de astrolitos iluminará las próximas noches del Uruguay».
Una vez más debo insistir en este tipo de yerro que consiste en hacer concordar el verbo con el complemento del sujeto, algo muy común cuando tenemos un sujeto singular con complemento plural: si hablamos de una serie de conductas irregulares, diremos dio lugar a una investigación, y no dieron lugar… Del mismo modo, al hablar del grupo de manifestantes, no podemos decir fueron severamente reprimidos, sino fue severamente reprimido. En ambos casos, el núcleo del sujeto es un colectivo que, si bien implica pluralidad, formalmente es singular. ¿Alguien diría «el rebaño de ovejas buscaron refugio detrás de unas piedras»? Asimismo, el tango «Café La Humedad» cae en un error parecido cuando dice: «Te agradezco la poesía que la escuela de tus noches enseñaron a mis días»; lo que enseñó poesía a los días del letrista no fue «tus noches» sino «la escuela (singular) de tus noches», por lo que corresponde decir «agradezco la poesía que la escuela de tus noches enseñó a mis días», aunque la métrica se vaya al carajo.
Pero el asunto de las dificultades que presenta el sujeto en español no se agota en este tipo de confusiones y no se limita al Río de la Plata. Veamos la siguiente oración, extraída de una novela editada en España («Loca de amor», editorial Martínez Roca, página 36): «A sus dedos les cuestan no dejar escapar la misiva». Se ve que el escriba se embarulló y no fue capaz de advertir cuál es el sujeto del verbo costar en la oración en cuestión (y al corrector se le escapó el gazapo). Probablemente la presencia del complemento indirectosus dedos antepuesto al verbo es la culpable de la confusión. Sin embargo, a poco que se analice, fácil es percatarse de que el sujeto del verbo costar es no dejar escapar la misiva. En efecto, lo que cuesta a los dedos de la protagonista (costar en el sentido de causar dificultad) es no dejar escapar la misiva (o sea, mantener la carta entre sus dedos); tenemos, pues, un sujeto cuyo núcleo es un infinitivo, por lo que debemos considerarlo definitivamente singular y escribir: «A sus dedos les cuesta no dejar escapar la misiva». Incluso si lo que tiene entre manos no es una carta sino, por ejemplo, varios lápices de colores, también conjugaremos el verbo en sigular y hemos de decir «A sus dedos les cuesta no dejar caer los lápices».
–Mire, Mendieta, a mí lo que más me cuesta es mantener una charla como ésta teniendo mi copa vacía; así que ya sabe: mande servir otra ginebrita, que el frío no afloja…
–¡Qué lo parió! *
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