El gobierno entre dos fuegos

La súbita reaparición pública del ex presidente de la República doctor Jorge Batlle generó –como no podía ser de otra manera– una buena dosis de asombro. Tal como se ha profusamente informado, la percepción del doctor Batlle sobre el rumbo del gobierno actual puede sorprender al más pintado.

Según este agudo analista, el modelo seguido por el gobierno de Tabaré Vázquez, «es un modelo que va hacia un socialismo de Estado, en donde hay una unidad de conducta y acción entre el Estado partido, el Estado poder administrador, el Estado conductor de los medios públicos y el Estado asociado a una cúpula sindical. (…) Cuando la población advierta hacia dónde la conduce este modelo socialista marxista, que realmente no es exitoso en ningún lugar del mundo, ella misma se va a sentir convocada a algo para lo cual no quiso estar», aseveró el ex mandatario. Asimismo, planteó que el dilema del país está en decidir «si queremos ser abiertos o un país cerrado; si queremos ser un país con más sociedad o con más Estado; si queremos ser un país en donde preparemos los bienes para que se exporte o preparemos la gente para que emigre».

Esta última alusión a la sangría emigratoria no puede ser pasada por alto pues resulta un insulto a la inteligencia. Tan luego él, el doctor Batlle, que ocupó lugares destacados de gobierno desde los años sesenta y que culminó su carrera política ocupando la primera magistratura, no es el más indicado para alertar sobre un drama social que comenzó hace cuarenta años y se agudizó particularmente durante su mandato; es como si Bordaberry se alarmara ante la posibilidad de un golpe de Estado.

Pero más allá de la frivolidad, ya proverbial del ex presidente, resulta sorprendente su peculiar percepción sobre la ideología del gobierno del doctor Vázquez. O el doctor Batlle jamás leyó texto alguno de Marx –algo que cuesta creer vista su vasta cultura– o estamos ante una (otra más) de sus salidas ingeniosas o «boutades» con que pretendió sorprender (y logró engatusar) a muchos ciudadanos.

Hoy, cuando ya los uruguayos hemos tenido la amarga experiencia de un «gobierno divertido» en manos de alguien que «canta la justa», las expresiones de Jorge Batlle ya no despiertan hilaridad. Sin embargo, sus declaraciones encajan bien en la estrategia desestabilizadora y alarmista que la derecha despliega con entusiasmo.

Ahora bien, mientras desde la oposición política se bombardea implacablemente al gobierno, desde el otro extremo tampoco cesan los cuestionamientos, aunque de signo opuesto. Algunos sectores de la sociedad son presa de una impaciencia «yaísta» que los lleva a exigir soluciones inmediatas a problemas que se arrastran desde largo tiempo y que tienen su origen en decenios de gobiernos conservadores, inescrupulosos e irresponsables.

Se olvida con demasiada frecuencia que el doctor Vázquez y la fuerza política que lo respalda –el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría– no accedieron al gobierno mediante una revolución que todo lo trastoca y lo pone patas para arriba, haciendo tabla rasa con la normativa vigente y gobernando por medio de úcases. No se conquistó el poder como resultado de un triunfo militar sino como consecuencia de una lucha exclusivamente política, transitando escrupulosamente los caminos indicados por el orden jurídico. El acatamiento a las normas vigentes, el apego a la Constitución y las leyes, el respeto a las minorías, la tolerancia frente al disenso, son todas pautas que deben regir la conducta de todo gobierno democrático y, especialmente, de un gobierno de signo progresista y popular. *

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